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Resumen generado con una herramienta de Inteligencia Artificial desarrollada por BioBioChile y revisado por el autor de este artículo.

Nube Lab destaca la importancia de la creatividad y el arte como herramientas para combatir la soledad y la desconexión en la sociedad chilena. Según la Encuesta Bicentenario UC 2025, cada vez más personas se sienten solas, sin importar la generación a la que pertenezcan. La organización promueve la interacción intergeneracional a través del Método Nube®, que fomenta la participación activa y la creación conjunta. Ejemplos como el Festival Nube demuestran cómo el arte puede reunir a personas de diferentes edades y contextos, generando un sentimiento de pertenencia y compañía. Nube Lab busca expandir su labor a nivel territorial, como en El Quisco, donde artistas colaboran con la comunidad para crear un festival desde adentro.

Hay una soledad que no siempre se ve.

Por Paula de Solminihac

Está en las personas que pasan días sin encontrarse con alguien fuera de su círculo cercano. En los jóvenes que sienten que les cuesta conectar. En los adultos mayores que extrañan tener con quién compartir. Pero también está, de una manera más silenciosa, en nuestras ciudades, nuestros barrios e incluso dentro de nuestras propias casas: vivimos juntos, pero cada vez nos cuesta más encontrarnos.

Chile atraviesa una crisis de desconexión. La Encuesta Bicentenario UC 2025 mostró un aumento importante de las personas que declaran haberse sentido solas. Y esta dificultad para sentirnos acompañados no pertenece a una sola generación. Atraviesa edades, territorios y realidades.

A esto se suma algo quizás todavía más profundo: nos está costando convivir. Encontrarnos con alguien distinto, conversar, compartir un espacio, hacer algo juntos sin que exista necesariamente un objetivo productivo detrás.

Frente a esto, en Nube Lab llevamos 14 años sosteniendo una convicción que hoy sentimos más urgente que nunca: el arte y la creatividad pueden ser una forma de volver a encontrarnos.

No hablamos del arte solamente como una obra que se mira. Hablamos de crear. De meter las manos, probar, equivocarse, imaginar y volver a intentar junto a otros. De dejar de ser espectadores para convertirnos en protagonistas.

Lo hemos visto una y otra vez.

En el Festival Nube, personas que llegan solas terminan conversando con desconocidos. Niños, jóvenes, adultos y adultos mayores comparten una mesa, un material, una idea. Familias que pasan buena parte de su día mirando pantallas vuelven a mirarse a los ojos. Una mujer que asistió sola nos dijo algo que todavía nos acompaña: “Me sentí completamente bienvenida. Ojalá hubiera más lugares donde los adultos podamos jugar sin que eso sea extraño.”

Me conmueve especialmente esa frase: sentirse bienvenida.

Porque quizás de eso se trata, en parte, combatir la soledad. De construir lugares donde tengamos permiso para estar, participar, crear, jugar y equivocarnos. Lugares donde nadie nos pregunte primero cuánto producimos o qué sabemos hacer.

En Nube llamamos a esto intergeneracionalidad, pero para mí es algo mucho más simple: volver a encontrarnos con otros.

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Y eso no ocurre por casualidad. Es el resultado de una metodología que hemos construido durante años —el Método Nube®— y que hemos probado en escuelas, parques y territorios.

Una manera de trabajar que pone la experiencia creativa en el centro y entiende que una comunidad no se construye solo reuniendo personas en un mismo lugar, sino invitándolas a hacer algo juntas.

Porque cuando dos personas construyen algo con las manos, algo cambia. Cuando imaginan juntas, dejan de ser extrañas. Cuando crean algo que antes no existía, aparece una pequeña posibilidad de futuro compartido.

Por eso, en Nube estamos haciéndonos una pregunta más grande: ¿qué pasaría si lleváramos esta capacidad de crear encuentro a territorios completos?

En 2026 comenzamos a explorarlo en El Quisco. Durante meses, artistas trabajaron junto a pescadores, docentes, adultos mayores y vecinos para escuchar, imaginar y construir juntos un festival que no llegara desde afuera, sino que naciera desde el propio territorio.

No creemos que la creatividad vaya a resolver por sí sola una crisis tan profunda como la soledad. Necesitamos políticas públicas, mejores ciudades, espacios comunitarios y muchas otras respuestas. Pero sí creemos que hay algo que el arte puede hacer especialmente bien: abrir la puerta para que nos encontremos.

Y quizás hoy necesitamos eso más que nunca.

En un mundo que nos empuja permanentemente hacia la velocidad, la productividad y las pantallas, crear juntos es casi un acto de resistencia.

Es detenerse. Es mirar al otro. Es hacer algo que no existía. Es recordar que todavía podemos construir con nuestras propias manos y junto a otros.

Es una manera de cuidarnos, de reconocernos y de volver a sentir que pertenecemos.

Paula de Solminihac
Directora ejecutiva de Nube Lab