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Resumen generado con una herramienta de Inteligencia Artificial desarrollada por BioBioChile y revisado por el autor de este artículo.

La directora chilena Manuela Martelli presentó su película "El deshielo" en el Festival de Cannes, con críticas mixtas. La trama sigue la desaparición de una joven alemana en Los Andes, vista a través de una niña chilena. La prensa elogió la dirección de Martelli y las interpretaciones del elenco internacional, pero criticó algunas escenas exageradas. La película aborda el silencio colectivo post-Pinochet y la exhibición de un iceberg en 1992 como metáfora.

Este martes, en la francesa Costa Azul, la actriz y directora chilena Manuela Martelli presentó su película “El deshielo” en el prestigioso Festival de Cannes, cosechando críticas mixtas tras su primera proyección.

“El deshielo” aborda la desaparición en la precordillera de Los Andes de una joven deportista alemana, todo esto a través de los ojos de una niña chilena de 9 años interpretada por la joven Maya O’Rourke.

La función en Cannes reunió a críticos de cine acreditados de distintas latitudes, quienes entregaron su balance sobre el segundo largometraje de Martelli tras el elogiado “1976”, que también debutó en Cannes pero en 2022 en la “Quincena de Realizadores” (fuera de competencia).

Desde la revista estadounidense Variety, sostuvieron: “‘1976’ retrataba con siniestra precisión el despertar político de una dueña de casa burguesa y complaciente durante el represivo régimen de Pinochet. Su siguiente película, “El deshielo”, si bien es igual de elegante y la trama observa de manera similar cómo la convulsión sociopolítica afecta la psicología individual (de sus personajes), el resultado es algo menos impactante”.

“Quizás porque aquí se examina con lupa una noción mucho más escurridiza del silencio colectivo de la nación tras el trauma de Pinochet. Y quizás porque el sujeto en cuestión, es una niña”, agregaron. “El segundo largometraje de Manuela Martelli ofrece un comentario apropiadamente austero sobre la cultura del silencio en su país, inmediatamente después de la muerte de Pinochet, pero en conjunto resulta menos que la suma de sus impresionantes partes individuales”, resumieron.

En The Hollywood Reporter, destacaron los dotes de la chilena como directora. “Martelli, actriz consumada, ha logrado interpretaciones convincentes y cautivadoras de su elenco internacional. El diseño de producción de Nohemí González y el vestuario de Carolina Espina son contribuciones excepcionales que nunca eclipsan la acción”, escribieron.

Pero a pesar de los elogios, también lamentaron la realización de algunas escenas. “En un par de ocasiones, la directora exagera. La secuencia inicial muestra un remolino lento y prolongado de sangre que baja por el lavamanos del baño —nada menos que de un diente de leche perdido—, lo que resulta una premonición excesiva. Más adelante, un primer plano prolongado de un vaso de leche roto no funciona ni como una metáfora visual con el paisaje nevado ni como una revelación dramática. Simplemente distrae”, detallaron.

“Pero estos detalles son insignificantes cuando una película evoca un mundo tan doloroso e indefinido… Conexiones confusas, figuras paternas sustitutas, historias coloniales: Martelli entrelaza estas tramas narrativas con maestría y arte”, agregan.

Para IndieWire, en cambio, “El deshielo” es un “thriller inquietante” y más incisivo que su anterior película, pero también, “algo menos seguro en su perspectiva”.

En pantalla, la película hace alusión al iceberg de más de 60 toneladas que Chile presentó en la Expo Sevilla de 1992, y que pretendía graficar la reinserción democrática del país en el mundo tras la dictadura de Pinochet, su estabilidad económica y su compromiso con el medio ambiente.

“Ese trozo blanco perlado de agua congelada comenzaría a desintegrarse antes, incluso, de llegar a España, por supuesto”, relata la reseña de IndieWire. “Para cuando la exposición terminó, solo quedaba el cuerpo principal del iceberg. Invisible a simple vista, pero portador de una realidad innegable. Esta tensa película ambientada en 1992 es una refutación igualmente tensa a ese pensamiento mágico, en este caso la noción de que se requiere cierto grado de olvido colectivo para que un país posfascista pueda dar paso al futuro”, acota el texto de David Ehrlich.