Artes y Cultura
Lunes 10 septiembre de 2018 | Publicado a las 10:14
¬ŅC√≥mo ser√≠a septiembre sin su once?
Publicado por: Ezio Mosciatti
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¬ŅQu√© avi√≥n no cambiar√≠a desde las Torres Gemelas el rumbo del nuevo milenio en Nueva York?, ¬Ņqu√© Santiago de Chile habr√≠a sido sin el 1541 del weichafe Michimalonko? ¬Ņqu√© Chile nos aterrizar√≠a la memoria sin el rugido de los Hawker Hunter en La Moneda? Esa acci√≥n y omisi√≥n de la realidad y el arte como proceso creativo del entr√≥pico significante tal vez nos aproxime a una respuesta -sin discordia ni candor- a una interrogante ajena de revisionismo oportunista, sino m√°s bien generosa de entender que la historia y su arte no comienza y mucho menos termina en quienes la hemos vivido‚Ķ

Por Marcel Socías Montofré

Menuda osadía. Pero algo hay de cierto. A propósito de fiesta y ramada. Sin guitarra y acordeón las míticas Fiestas Spandex de los noventa bailan al mismo ritmo de una trascendencia histórica que no necesariamente pasa por sus personajes, ni siquiera los instala en el contexto y sentido que las origina (como pensar que el cabildo del 18 fue Independencia). De las Spandex y en buen criollo, lo que para muchos fue una catarsis con tacos, exceso y glamour para la desinhibición, comienza mucho antes a sonar en ese Chile underground de los ochenta. En un galpón de Matucana 19, el Garaje Internacional, donde el arte se desnuda poco a poco del exceso discursivo de la época y abraza nuevos formatos de expresión. Algo está naciendo entonces. El arte es historia, pero no necesariamente la oficial. Cualquiera sea la trinchera que quiera imponerla.

Porque allí, en el Garaje Internacional, nacen las primera Fondas Distintas y Mauricio Celedón con el Teatro del Silencio intentan ver al Chile de ese momento con una mirada de mundo, tan de mundo como el que aporta Andrés Pérez a igual tiempo que el grupo La Troppa de un barrio y su garaje que incluso Christopher Reeve visitó -tras respectivas consultas con su amigo Ariel Dorfman- sin capa ni Superman en noviembre de 1987 para solidarizar con 77 artistas chilenos amenazados de muerte.

Por cierto, una historia extra√Īa, tanto como aventurar una mirada despojada del juicio y prejuicio que hace patria en el observador, mientras en el arte s√≥lo hay territorio donde el teatro, la m√ļsica, la puntura, el comic y la literatura levantan esa bandera abstracta en lo que resulta inmediato, pero abundante de prismas cuando se trata de aportar -como canta Congreso- ‚Äúpara los arque√≥logos del futuro‚ÄĚ.

Y aportar tambi√©n con dos golpes a la puerta y la consabida pregunta ¬Ņqui√©n vive canalla?, sabiendo que con un ‚ÄúChile libre‚ÄĚ se abr√≠a el men√ļ y contrase√Īa de un espacio que tambi√©n en los ochenta naci√≥ como clandestino en un underground m√°s entre amigos y buena mesa. ¬ŅQui√©n lo dir√≠a? Aquella acci√≥n de rebeld√≠a es hoy paseo tradicional y casi patrimonial de un Chile donde al turismo se le llama industria y el sabor de lo inmediato olvida los ingredientes con que se cocin√≥ el pasado tan de Los Canallas.

Pasado pero no olvidado. Como ese discurso m√°s parriano que el propio Nicanor de un Rodrigo Lira recitando por ocho mil setecientos pesos a Shakespeare en ¬ŅCu√°nto Vale el Show? M√°s c√°ustico que Enrique Lihn y Ra√ļl Zurita por aquella √©poca de 1981. Si hasta Roberto Bola√Īo le dedic√≥ ‚ÄúLos Neochilenos‚ÄĚ, segunda parte de su poemario ‚ÄúTres‚ÄĚ, y lo calific√≥ como “el mejor poeta chileno” de su generaci√≥n. Para Enrique Lafourcade, extra√Īa coincidencia en el jurado de aquel ¬ŅCu√°nto Vale el Show?, fue un acto de empat√≠a en su voto como jurado. Una empat√≠a surrealista como aquella novela casi olvidada del propio Lafourcade, ‚ÄúEl Gran Taimado‚ÄĚ, zapateo y berrinche extra√Īo cuando la public√≥ en 1984 para luego autoexiliarse en Argentina por un tiempo que nadie recuerda bien por qu√©. Mucho menos para qu√©‚Ķ

‚ÄúRecuerda‚ÄĚ. Consentida palabra por estos d√≠as. Aunque pocos recuerdan que el mismo Lafourcade -acusado tan ligeramente de todo, menos de escritor- fue el amigo permanente de Jorge Teillier -sin tanto snobismo de bohemia para la cu√Īa y la fotograf√≠a- ocup√°ndose de pagarle sus tratamientos antialcoh√≥licos y de ir a visitarlo ‚Äúa la casa del vino cuyas puertas siempre abiertas no sirven para salir‚ÄĚ.

Extra√Īo y arquet√≠pico personaje de nuestra literatura nacional Lafourcade, porque no lanza la primera mano, aunque recibe bastantes piedras. Y no precisamente por un an√°lisis de contenido en tanto su literatura del ‚ÄúNeocriollismo‚ÄĚ. Y es que hoy todos son ‚ÄúPalomita Blanca‚ÄĚ. Ese Lafourcade como Los Prisioneros cantando en ‚ÄúPatio Plum‚ÄĚ. Lafourcade dictando taller literario en casa de los Townley Callejas y Compa√Ī√≠a. (Tambi√©n le dicen la CIA). Como ¬ŅQui√©n mat√≥ a Gaete?, de Mauricio Redol√©s. Perfecto acorde de la sempiterna Transici√≥n. O un Lafourcade amigo y muy amigo de Jos√© Luis Rosasco, Jos√© Donoso, Jorge Edwards, Antonio Sk√°rmeta, Alfonso Calder√≥n, Nicanor Parra, Poli D√©lano, Braulio Arenas y Alejandro Jodorowsky. Si, el mismo Jodorowsky de la Psicomagia, tan de moda hoy por hoy. Aunque, bueno, mejor no hablar de la Generaci√≥n Beat, que siempre hay Zona de Contacto‚Ķ

De pel√≠cula, entonces, el arte que se comparte cuando la memoria es m√°s amiga y carnal, como dir√≠an los mexicanos de Amores Perros. A prop√≥sito, ‚ÄúNocturno de Chile‚ÄĚ, del buen Bola√Īo, es buena analog√≠a y contexto de ese Chile y su fantasma eterno. El ausente. La memoria precisa y tambi√©n indecisa.

Como en aquella frase de Ra√ļl Ru√≠z: ‚Äúla realidad literalmente se ha convertido en la idea de Baudrillard sobre los simulacros‚ÄĚ. Esa ‚ÄúTelenovela Errante‚ÄĚ que tanto recuerda el arte nacional mirando para el otro lado cuando se trata de ser m√°s sincero que pol√≠ticamente correcto al carcelero del trompo y yo tengo la primera piedra y la verdad.

Mejor en su ‚Äútengo derecho a criticar porque para eso sirve ser chileno‚ÄĚ. Y claro, mucho mejor, entre tanto lenguaje, sentido del humor y la melancol√≠a, se empieza una frase y se termina con puntos suspensivos‚Ķ

Entre tanta fiesta interminable, ¬Ņalguien dijo, por el ahora 2018 y su apag√≥n cultural y ausencia y dictadura del Whatsapp y Twitter y Facebook y Snapchat, ¬Ņyo en mi patria y patriotismo todav√≠a vivo‚Ķ?

En fin, ¬°Viva Chile!… si es que alguna vez se decide a existir. Lo otro no es m√°s que vivir. P√≥ngale por parlante y cover a Gloria Simonetti cantando ‚ÄúOjal√°‚ÄĚ del comunista entr√≥pico Silvio Rodr√≠guez.

Todos somos patria, aunque sólo a veces somos Chile. Nadie sabe para cuándo, cómo y quién. Pero obstinada la memoria sobrevive y sigue.

Como diría el buen Ettore Scola en cine para todos, sin tanto chauvinismo y banderita tricolor, así es, así sea, buena banderita y despedida y de tantos la partida…
Para todos, para quienes Nos habíamos amando tanto…

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