Tecnología
¬ŅPuede Facebook usar sus datos para prever nuestro futuro?
Publicado por: Christian Leal
¬ŅEncontraste alg√ļn error? Av√≠sanos visitas

La siguiente es una publicación hecha en el Facebook del escritor y periodista estadounidense Robin Sloan el 15 de marzo. A la fecha ha sido compartida más de 1460 veces. La traducción es de BioBioChile.

Nota de Robin:

Este texto apareci√≥ entre mis archivos compartidos de Dropbox a fines del mes pasado, junto con una solicitud de publicarlo en Facebook el d√≠a de hoy, en el formato exacto que ustedes ver√°n m√°s abajo. Asumo que no soy el √ļnico que recibi√≥ las mismas instrucciones. No puedo garantizar la autenticidad de esta historia, sin embargo creo que es lo suficientemente extra√Īa e interesante como para compartirla.

#

Lo √ļltimo que querr√≠a hacer ser√≠a escribir esto, pero voy a hacerlo de todas formas. En parte porque la gente merece saber lo que sucede con las cosas que publican aqu√≠, pero principalmente (como un 99%) por Julie Rubicon… y el alza.

Estoy escribiendo esto el 27 de febrero de 2016. Hoy fue mi √ļltimo d√≠a en Facebook. Devolv√≠ mi credencial, al igual que mi port√°til, y sal√≠ caminando por Willow Road con un pendrive que conten√≠a las im√°genes que podr√°n m√°s adelante. Una vez fuera, comenc√© a ver c√≥mo los proyectos en que estaba trabajando desaparec√≠an de la pantalla de mi tel√©fono, uno por uno.

Es extra√Īo ya no ser un empleado de Facebook, aunque la mayor parte del tiempo estaba seguro de que me despedir√≠an. Comenc√© en el equipo de producci√≥n, donde no sobresal√≠; luego me llevaron a publicidad, donde lo hice peor; y as√≠ termin√© en PIG.

Facebook le ofrece a algunos de sus avisadores más importantes los servicios del Grupo de Inteligencia de Asociados (o por sus siglas en inglés, PIG). Aquí es donde comienza mi historia.

Cualquier usuario individual de Facebook ve tan solo una peque√Īa porci√≥n personalizada del sistema. Pero Facebook tiene una mirada m√°s amplia. Desde mi escritorio en el √°rea de PIG pod√≠a hacer consultas rastreando todas las publicaciones y comentarios, tanto p√ļblicas como privadas. S√≠, mensajes privados tambi√©n. Pod√≠a preguntar cosas como: ¬Ņcu√°nta gente habl√≥ hoy en Facebook sobre las elecciones de Estados Unidos? ¬ŅCu√°ntos de ellos publicaron algo sobre Donald Trump? ¬ŅCu√°ntas de esas publicaciones inclu√≠an ese emoji de una mierda sonriente? (durante la ma√Īana del 27 de febrero, las respuestas eran 65 millones, 42 millones y 32.541).

Los avisadores adoran estos datos pero, obviamente, Facebook no les puede dar acceso directo (eso es obvio, ¬Ņverdad? Deber√≠a ser obvio). As√≠ que existe un guardi√°n. Y si inviertes una inmensa cantidad de dinero en avisos -nunca supe exactamente cu√°nto era esa suma- PIG te dar√° informes personalizados explicando qu√© se est√° diciendo sobre tus marcas y/o productos a trav√©s de todo el sistema. Desde octubre pasado esto inclu√≠a datos de Instagram y ya se estaba alistando la incorporaci√≥n de WhatsApp.

No hay nada de malo en esto. Todas las empresas de internet lo hacen. Los datos son estrictamente anónimos. Es como mirar a esos mil millones de usuarios desde 10 mil metros de altura.

S√≥lo para darles un ejemplo, aqu√≠ hay un gr√°fico que hice para Adidas el a√Īo pasado, con algunas anotaciones explicativas:

Gr√°fico de Adidas

Gr√°fico de Adidas

Notar√°n que el pico a mediados de febrero corresponde al lanzamiento de las zapatillas Yeezy 750. Es simple: causa y efecto. Mi contraparte en el equipo de marketing de Adidas le lleva el gr√°fico a sus jefes y les dice, “Miren, ¬°le hicimos un ray√≥n al universo!”.

√Čramos tres quienes trabaj√°bamos en PIG: yo, T y Julie Rubicon, de quien usar√© su verdadero nombre por razones que pronto quedar√°n claras. Me un√≠ al equipo con las expectativas m√°s bajas posibles, pero acab√≥ siendo algo grandioso, sobre todo porque T y Julie eran inteligentes e interesantes. T estaba aut√©nticamente fascinada por las distintas marcas y/o productos que analiz√°bamos; nuestros clientes la amaban y para m√≠ estaba claro que ella pertenec√≠a al lado opuesto, solicitando reportes en vez de producirlos (¬°ac√©ptalo, T!).

Pero Julie Rubicon era diferente. Ella había llegado al equipo PIG desde el departamento de asistencia al usuario. Todo un fastidio. Y ahora estaba hambrienta. Mientras yo había caído hasta PIG, Julie había escalado hasta él. Esta diferencia en nuestras actitudes era obvia para todos, incluyendo a Julie, por lo que en mi segundo día de trabajo ya me había dicho que yo era un inepto. Pero le estaré eternamente agradecido por eso. Mi resentimiento se cristalizó en un rencor que acabó por convertirse en determinación y, por más que les sorprenda, realmente aprendí a hacer el trabajo. Julie y yo acabamos por ser amigos.

Pero luego, en oto√Īo de 2015, realic√© un gr√°fico muy extra√Īo.

Ver√°n, todas las consultas de PIG son procesadas por una aplicaci√≥n de uso interno llamada Enchilada. Estas consultas tienen dos partes: una serie de t√©rminos separados por comas (“yeezy 750, yeezy boost, yeezy 750 boost”) y un rango de fechas: la fecha de inicio y la fecha de t√©rmino.

Por entonces estaba preparando un reporte para Vernix, una marca de zapatos para beb√©s. Puse los datos usuales (“vernix, zapatos para beb√©, zapatos para beb√© vernix”), pero cuando puse las fechas comet√≠ un error y no especifiqu√© la fecha de t√©rmino.

De esa b√ļsqueda ya hace casi un a√Īo, abril de 2015. Curioso darme cuenta ahora.

Enchilada debi√≥ haberme lanzado un error, pero algo debe haber estado andando mal en el data center y en vez de eso obtuve un gr√°fico que terminaba -arbitrariamente, al parecer- en octubre de 2016. Era como si los datos hubieran viajado desde el futuro sin tener ning√ļn sentido.

Gr√°fico de Vernix

Gr√°fico de Vernix

Dej√© anotado el hecho como un bug en la programaci√≥n y volv√≠ a hacer la b√ļsqueda. Y s√≠, hab√≠a muchos padres chismorreando sobre zapatos para beb√©s.

El primero de junio de 2015, Vernix anunció que había sido adquirida por Nike, y nuestros contactos comerciales nos avisaron para que fusionáramos los reportes bajo una misma cuenta. En ese momento, algo me hizo un cosquilleo en el cerebro. Rápidamente hurgué en la carpeta de registros donde queda almacenado cada gráfico que he creado, hasta que di con ese gráfico errado.

Nike adquiere Vernix

Nike adquiere Vernix

El pico en las conversaciones se alineaba perfectamente.

Esto significaba que tenía un gráfico mostrando los comentarios acerca de la venta de Vernix, dos meses antes que dichos comentarios se hubieran producido.

Pas√© el resto del d√≠a en la azotea del complejo de Facebook, sinti√©ndome extra√Īo y nervioso, con la mirada perdida sobre la bah√≠a.

Aquella noche, hice una consulta que no hab√≠a solicitado ning√ļn cliente. Las finales de la NBA estaban por comenzar, con un enfrentamiento de los Warriors versus los Cavs, as√≠ que le ped√≠ a Enchilada que graficara los comentarios acerca de ambos equipos.

Esta vez omitir la fecha de término fue algo absolutamente intencional.

Enchilada no predijo al ganador per se, sólo predijo la conversación. Pero esa conversación se correlacionaba estrechamente con los eventos del mundo real. Esa es la razón primordial por la que a los avisadores les importan los comentarios. Las conversaciones aumentan cuando se deciden los campeonatos. Cuando las empresas se fusionan o colapsan. Cuando los políticos se ven envueltos en escándalos. Cuando la gente muere.

Al sexto día de juego le mostré los gráficos a Julie Rubicon. En una serie de picos, había predicho los resultados a la perfección, y el más alto y agudo de esos picos, auguraba que los Warriors ganarían el campeonato de forma espectacular.

A la ma√Īana siguiente, Julie se acerc√≥ a mi escritorio. “Vamos a caminar”, me dijo. La segu√≠ hasta la calle de enfrente, cerca de la bah√≠a, junto a unos edificios de apartamentos cercanos y all√≠, elevando la voz por sobre el viento me dijo que √≠bamos a comenzar a transar acciones.

Hallamos una lista de las empresas m√°s grandes del mundo y procedimos con cautela. Todos los sistemas en Facebook son monitoreados y est√°bamos seguros de que una r√°faga de siglas de la bolsa alertar√≠an a alg√ļn software de vigilancia. Nuestras actividades normales en PIG constaban de, quiz√°, una docena de consultas por d√≠a, as√≠ que decidimos que agregar unas dos no levantar√≠a mayores sospechas.

No le dijimos nada a T, y T, si est√°s leyendo esto, lo siento.

A medida que √≠bamos ingresando la lista, comenzamos a elucubrar teor√≠as sobre esta extra√Īa nueva “funcionalidad”. En los √ļltimos meses los ingenieros de Facebook hab√≠an a√Īadido poderosas redes neuronales en muchos de sus sistemas. ¬ŅPod√≠a Enchilada haberse conectado, de forma intencionada o no, a alguno de esos s√ļper cerebros con la capacidad no s√≥lo de analizar sino tambi√©n de proyectar, y no como probabilidades sino a la perfecci√≥n?

Podía ser. O quizá una rata había mordido un cable. Y era una rata mágica.

Solicitábamos dos gráficos a la vez. El de Apple y el de Exxon Mobil. El de Berkshire Hathaway y el de Google. La mayoría de ellos se veían totalmente inconexos. Planos. El futuro era aburrido.

Entonces, en agosto, vi esto:

Gr√°fico de agosto

Gr√°fico de agosto

En caso de que no se hayan percatado del eje Y, es un pico MUY alto. Era la torre Burj Khalifa de las alzas. Apuntaba a septiembre de 2015.

¬ŅYa adivinaron?

El gr√°fico mostraba todas las publicaciones y comentarios en Facebook, p√ļblicas y privadas, desde el pasado reciente hasta -tal vez- el futuro pr√≥ximo, discutiendo sobre… Volkswagen. Le dije a Julie que de seguro hab√≠a de ser algo terrible. Es decir, ¬Ņuna fabricante de veh√≠culos? Ya hab√≠amos hecho reportes sobre lanzamientos de nuevos modelos de autos. Muchos de ellos, pero nada luc√≠a as√≠.

Julie y yo reunimos 2 mil dólares. Me leí un buen lote de blogs, aprendí como comprar acciones y le apostamos todo contra VW. En ese solo día de septiembre, cuando se conoció el escándalo de su software para ocultar emisiones contaminantes, obtuvimos mil dólares de ganancias. Junto a los edificios de la bahía, saltamos de alegría y chocamos palmas en el aire.

Estábamos ansiosos por continuar, pero los picos al nivel del desplome de Volkswagen eran elusivos. En noviembre, me pareció ver algo tan filoso como sugerente en el gráfico de Walgreens, pero me equivoqué. Así, tan fácil como habíamos ganado nuestros mil dólares, también los perdimos.

Continuamos hasta diciembre de la misma forma: peque√Īas ganancias, peque√Īas p√©rdidas. Hab√≠amos encontrado una l√°mpara m√°gica -de eso no hab√≠a duda- pero ten√≠a esa desagradable sensaci√≥n de que el genio en su interior no hablaba nuestro idioma. ¬ŅComo se dir√≠a en su c√≥digo, “quiero ser millonario“?

Como siempre, Julie Rubicon ya me llevaba la delantera. Dimos otro paseo. Me dijo: “Olvidemos esta mierda de transar acciones. Convirt√°monos en corredores de datos. Comenzaremos una compa√Ī√≠a secreta, oculta dentro de Facebook”. Ser√≠a accesible s√≥lo mediante un sitio web cifrado. Proveer√° s√≥lo datos en bruto, sin interpretar, y s√≥lo aceptar√≠amos pagos en moneda digital. Bitcoins.

Julie leía demasiadas novelas de William Gibson, ya saben, el de Neuromante.

“Pronto se correr√° la voz”, exclam√≥, “Los inversionistas amar√°n esto. Nos rogar√°n por esto”.

Julie estaba hambrienta.

Me le√≠ otro lote de blogs, aprend√≠ c√≥mo montar un sitio web oculto y cifrado y lo acababa de poner en l√≠nea cuando Julie Rubicon, en el √ļltimo lunes de enero, por razones que desconozco, le pregunt√≥ a Enchilada‚Ķ sobre nosotros.

Hizo consultas sobre nuestros nombres.

Aquí está el gráfico del mío:

Gr√°fico de mi nombre

Gr√°fico de mi nombre

Exactamente como debía ser. Soy una persona normal, no una celebridad ni un político. No soy una marca.

Aquí está el de Julie:

Gr√°fico de Julie

Gr√°fico de Julie

Las conversaciones se disparan cuando se definen los campeonatos, cuando las empresas se fusionan o colapsan. Cuando los políticos se ven envueltos en escándalos. Cuando la gente muere.

¬ŅPor qu√© demonios iba a haber un despunte en las conversaciones por Julie Rubicon?

Aquella tarde, mientras contempl√°bamos la bah√≠a en medio de los edificios, ella se estremeci√≥ al caer en la certeza. “Ya lo saben”.

“No lo saben”, le asegur√©. “No tienen c√≥mo saberlo”.

“Entonces lo sabr√°n. Auditar√°n los registros. Estaremos en l√≠os. Iremos a la c√°rcel”.

“Dudo que haya alguna ley en contra de esto”, le dije. ¬ŅC√≥mo pod√≠a haber una ley en contra de algo que t√©cnicamente no era posible? Le dije que no se preocupara.

Pero yo no era el que había quedado absorto mirando aquella alza.

Enero dio paso a febrero. En nuestros puestos de PIG, Julie se ve√≠a normal -tan despierta y segura como siempre- pero cada vez que le mencionaba susurrando si deb√≠amos discutir el asunto de la compa√Ī√≠a secreta, sus ojos se volv√≠an g√©lidos y s√≥lo respond√≠a: “despu√©s”. “Estoy ocupada con Puma”.

Siempre era Puma, por alguna razón.

Ya no consulté más siglas de acciones, ni tampoco hice otra transacción. No había visitas en nuestro sitio cifrado porque nadie sabía que existía ni cómo encontrarlo. En mis ratos libres corría gráficas sobre los candidatos presidenciales… pero no les voy a decir lo que vi.

Y mientras observaba a Julie consultar por su nombre una y otra vez. Cada vez, el gr√°fico mostraba el mismo pico a mediados de marzo, alto e implacable.

Un día después de San Valentín, el área alrededor de PIG todavía estaba adornada con elegantes (y caros) lazos rojos. T y yo nos encontramos para nuestra reunión matinal, pero Julie no estaba ahí. La esperamos por 15 minutos. Nada de Rubicon. T le envió un mensaje. Yo la llamé por teléfono. Sin respuesta.

Aquella tarde, no asistió a su videoconferencia con Puma.

Pronto nuestra supervisora, Jane, estaba encerrada en el cuarto de conferencias con un especialista de recursos humanos, revisando qué establecía el manual cuando un empleado desaparecía.

Pero yo sabía exactamente lo que había pasado.

Contemplando aquel rascacielos de datos, a s√≥lo dos semanas del d√≠a indicado y acerc√°ndose cada vez m√°s r√°pido, incapaz de imaginar qu√© pod√≠a causar que una cantidad nada despreciable de usuarios de Facebook dijeran su nombre al un√≠sono, pero con la certeza absoluta de que lo har√≠an -porque cuando las predicciones de Enchilada eran legibles, siempre acertaban- abrumada con el conocimiento adquirido durante los √ļltimos trece meses en PIG, de que los picos altos significaban desastre y desgracia‚Ķ considerando todo esto, Julie Rubic√≥n hizo la √ļnica cosa razonable.

Huyó.

Al principio me indigné, sobre todo porque no me había ofrecido a ir con ella. Pero rápidamente esa ira dio paso a la angustia a medida que trataba de imaginar la causa por la que, dentro de sólo dos semanas, el día que el alza del gráfico vaticinaba, el nombre de Julie se haría famoso. Nadaba en una marisma de calamidades: un secuestro, accidente aéreo, atentado terrorista. Mi imaginación transitó los más retorcidos corredores. Apenas podía dormir.

Y entonces, repentinamente, resolví cómo podía arreglarlo.

Como dije, las conversaciones se disparan cuando se definen los campeonatos, cuando las empresas se fusionan o colapsan. Cuando los políticos se ven envueltos en escándalos. Cuando la gente muere.

Pero quizá también… cuando la gente dice la verdad.

Así que aquí estamos.

El Grupo de Inteligencia para Asociados de Facebook utiliza una aplicaci√≥n llamada Enchilada para escudri√Īar y registrar todas las publicaciones y comentarios en su sistema, p√ļblicos y privados. Entrega estos resultados para sus clientes en avisaje, no para prop√≥sitos mal√©volos, sino para que alg√ļn ser humano de marketing le pueda decir a sus jefes: “miren, lo hicimos bien”.

En la primavera de 2015, Julie Rubicon y yo usamos una funcionalidad extra√Īa e indocumentada de Enchilada para obtener informaci√≥n sobre el mercado de acciones de los Estados Unidos, lo que nos gener√≥ una ganancia neta de‚Ķ bueno, 162 d√≥lares.

Le estoy enviando este mensaje a varios periodistas y escritores a sabiendas de que la mayoría de ellos lo tomará como una broma o como ficción. Pero yo sé cómo funciona Facebook; y quiero decir, yo realmente lo sé. Incluso si sólo algunos de mis destinatarios publican esto, y sólo algunos de sus amigos y seguidores lo comparten, se propagará.

Y si bien esto no me absolver√°, al menos me quitar√° un peso de encima.

Y este mensaje, sus diferentes copias, versiones resumidas y editadas, compartidas a lo largo del sistema… puede que sean esa alza de Julie. No un escándalo. No un desastre. Sólo la verdad.

Así que Julie, si estás leyendo esto, ya sea a través de Facebook o de una publicación hecha en cualquier otro lugar, creo que significa que estás a salvo. Significa que todas las personas que compartieron esto en realidad estaban trabajando juntas para cumplir la profecía de Enchilada. Es decir, si quieres -y entenderé si no es así- puedes visitar nuestro sitio cifrado en la web y usar el formulario electrónico que pusimos para decirme dónde estás. Ya tengo mi maleta preparada.

Eso es todo.

…

Okey, en realidad, creo que debería escribir su nombre un par de veces más. Cada uno cuenta como un registro separado.

Esto espara ti, Enchilada:

Julie Rubicon.

¬°Julie Rubicon!

¬°JULIE RUBICON!

Nota Personal del Editor:

Como tal vez hayan deducido a estas alturas, la historia anterior es un cuento de ciencia ficción del escritor Robin Sloan.

¬ŅO no lo es?

La verdad es que no lo sabemos. Desde su creación hace más de una década, Facebook se ha convertido en una de las bases de datos más grandes del mundo, que junto a sus propiedades Instagram y WhatsApp, recibe diariamente los datos, imágenes, videos y ubicaciones de más de 1.600 millones de usuarios de todo el mundo. El 22% de la humanidad.

La interrogante que nos deja planteada Sloan, muy en el estilo conspirativo de Philip K. Dick (Blade Runner, Minority Report, Total Recall), es, ¬Ņqu√© se puede lograr si constru√≠mos un sistema capaz de procesar y dar sentido a toda esta informaci√≥n? Podr√≠amos, m√°s all√° de saber lo que est√° ocurriendo ahora, ¬Ņsaber qu√© ocurrir√° en el futuro?

Para los fan√°ticos de la ciencia ficci√≥n este concepto les sonar√° conocido. En su trilog√≠a fundamental, La Fundaci√≥n, Isaac Asimov da vida a la psicohistoria, una ciencia estad√≠stica capaz de prever los hechos que ocurrir√°n cientos e incluso miles de a√Īos en el futuro, a trav√©s del procesamiento de una cantidad ingente de datos.

No. Nunca podrás saber un hecho puntual, como cuándo morirá una persona ni tampoco si te caerá un rayo en la cabeza, pero entre más masivos sean ciertos eventos, puedes prever con exactitud revueltas, caídas y alzas de civilizaciones, avances y retrocesos en el progreso de la humanidad e incluso, su propia extinción.

Quiz√° no debamos preguntarnos cu√°nto saben estas redes hoy de nosotros, sino cu√°nto sabr√°n de nosotros… en el futuro.

Tendencias Ahora