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Basta de prejuicios: la violación es siempre brutal e inexcusable
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Ayer se aprob√≥ en la Comisi√≥n de Salud de la C√°mara de Diputados la despenalizaci√≥n del aborto en caso de embarazo como resultado de una violaci√≥n. Este debate en la Comisi√≥n, dio pie a m√ļltiples expresiones en relaci√≥n a la violaci√≥n, muchas de las cuales revelan enorme desconocimiento, prejuicios y estereotipos que todav√≠a tristemente persisten frente al tema. Ante esto, cuesta quedarse en silencio y pasar por alto dichas menciones.

En primer lugar, la violación siempre es un hecho grave. Aparte de ser la máxima expresión de discriminación contra la mujer, es una forma brutal e inexcusable de violencia hacia ellas. Sin matices ni excepciones, ni explicación de circunstancias.

El Estado tiene la obligación de dar protección a las mujeres contra la violencia. A una mujer violada, el Estado ya le falló en una primera instancia: hubo mecanismos de prevención que no le permitieron recibir la protección a la que tiene derecho. Esa mujer tiene derecho a que se haga justicia en su caso, que se investiguen los hechos, sin revictimizarla, y que se sancione a los responsables.

Ninguna mujer sale indemne de una violación, haya o no haya secuelas físicas. Es una vulneración brutal a su autonomía y tiene derecho a una reparación, incluyendo el apoyo estatal en cuanto a servicios y atención que requiera para sobrellevar la situación de la mejor manera posible.

Si una mujer queda embarazada como producto de una violaci√≥n, la reparaci√≥n debe necesariamente incluir la posibilidad de decidir si continuar o no su embarazo, tal como lo ha solicitado Amnist√≠a Internacional en el contexto de la campa√Īa ‚ÄúChile no protege a las mujeres. La criminalizaci√≥n del aborto viola los derechos humanos‚ÄĚ. No es el Estado a trav√©s de la ley, ni terceras personas como m√©dicos o sic√≥logos, quienes deben decidir eso por ella, definiendo qu√© ser√≠a m√°s o menos traum√°tico para ella. Una mujer violada sigue siendo una persona aut√≥noma sujeta de derechos que puede decidir por s√≠ misma qu√© es mejor para su recuperaci√≥n: continuar su embarazo o abortar. Obligarla a continuar dicho embarazo en estas circunstancias y contra su voluntad, es equivalente a tortura.

Esto no debiera estar sujeto a plazos de gestaci√≥n artificiales ni a exigencias especiales de denunciar judicialmente la violaci√≥n. ¬ŅEs esto contradictorio con asegurar que la violaci√≥n no quede en la impunidad? Por ning√ļn motivo.

El derecho de la mujer a acceder a la justicia para que se persiga el horrible crimen del que fue víctima no se debe ver de ninguna forma supeditado a su decisión de abortar o no. Si bien ambas cosas se integran en el marco del derecho a justicia y reparación de una mujer víctima de violación, no puede una depender de la otra.

Se ha dicho que la aprobaci√≥n de esta ley deja solas a las mujeres, que el Estado da la se√Īal de que no har√° nada por esta violaci√≥n. No veo de qu√© forma puede interpretarse esto. La aprobaci√≥n de la causal no altera de ninguna forma las normas penales y procesales relativas al delito de violaci√≥n. Esto es una norma que complementa dicha normativa, y que no deja solas a las mujeres, muy por el contrario: les dice que ahora, si deciden interrumpir su embarazo, ya no tendr√°n que hacerlo solas, escondidas como criminales y muchas veces en sitios clandestinos e inseguros, sino que lo podr√°n hacer en condiciones adecuadas y con acceso a acompa√Īamiento.

Se ha dicho que el aborto serviría para esconder pruebas y facilitar la impunidad. Esto es falso derechamente. Si la mujer quiere perseguir judicialmente la violación, y ha abortado de manera segura en un centro de salud, existirán registros de su embarazo y de la intervención realizada. En caso contrario, cuando el aborto está prohibido y, por lo tanto, se realiza en la clandestinidad, obviamente no existirán dichos registros. En la actualidad, las mujeres no tienen opción.

Finalmente, se ha dicho que debe exigirse una denuncia puesto que de lo contrario el aborto en caso de violaci√≥n servir√≠a como puerta al aborto libre, porque cualquier mujer podr√≠a mentir y decir que fue violada para acceder a un aborto. Esta afirmaci√≥n est√° cargada de prejuicios: sigue la visi√≥n de desconfianza hacia las mujeres, a quienes se les ve como ‚Äúlocas‚ÄĚ que escondidas en una supuesta ‚Äúideolog√≠a de g√©nero‚ÄĚ quieren tener sexo libre e irresponsable, y luego podr√°n mentir descaradamente para abortar cuando se les ocurra. Estoy haciendo una caricatura, es cierto. Pero a veces parece que es esta caricatura la que est√° detr√°s de ciertas opiniones.

Finalmente, todas estas posiciones parten de la base de estereotipos que ven a la mujer como alguien de quien se debe desconfiar: desconfiamos de su responsabilidad e inteligencia para ‚Äúcuidarse‚ÄĚ, desconfiamos de si acaso tuvo o no responsabilidad en su propia violaci√≥n, desconfiamos de su capacidad para decidir por s√≠ misma lo que es mejor para ella.

No perdamos el foco: el centro en esta discusión es la mujer, sus derechos humanos, su protección en situaciones vulnerables, su autonomía y su posibilidad de tomar decisiones por sí misma acerca de sí misma. Proteger a la mujer pasa primero por proteger sus derechos.

Ana Piquer
Directora Ejecutiva de Amnistía Internacional Chile

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