Sociedad
Anécdotas del 11 de septiembre: la diarrea masiva que le dio la victoria a las juventudes comunistas
Publicado por: Christian Leal
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Para muchos chilenos, el 11 de septiembre sigue siendo una fecha de división. Mientras algunos lo ven como una acción que liberó al país, otros lo ven como el comienzo de un largo y doloroso proceso de cambios económicos, políticos y -sobre todo- de muerte.

Incluso los a√Īos y sobre todo los meses anteriores al Golpe de Estado estuvieron marcados por un clima de confrontaci√≥n, donde partidarios y detractores del gobierno de Salvador Allende realizaban diariamente demostraciones de fuerza para mantenerlo o sacarlo del poder, muchas veces recurriendo a la violencia.

Este ambiente enrarecido dej√≥ muchas historias de sufrimiento, pero tambi√©n algunas jocosas que han sido naturalmente eclipsadas por la solemnidad con que se conmemoran estos hechos. A 42 a√Īos del inicio de la Dictadura, quiz√° sea tiempo de dejar salir un par de ellas.

Conversamos con un conocido docente de Angol, en la Región de La Araucanía, quien nos contó dos anécdotas del periodo a condición de mantener su identidad en reserva. Ambas demuestran como las escaramuzas de la época también podían contener algo de humor.

“Los vamos a sacar cagando”

The Red Phoenix

The Red Phoenix

Entre marzo y abril de 1973, las cosas estaban caldeadas en Angol, y no sólo por calor estival. Las distintas facciones de grupos estudiantiles -por entonces altamente politizados- se enfrentaban continuamente, y justamente una de ellas terminó con la toma del Liceo Industrial de Angol por parte de alumnos opositores al gobierno de Allende.

Su contraparte, los alumnos de las juventudes comunistas, intentaron desalojarlos, pero el primer grupo se hab√≠a parapetado muy bien al interior del a√Īoso establecimiento fundado en 1938, repeliendo con sillas, mesas y cualquier objeto que tuvieran a mano a quien osara ingresar sin su permiso.

Bajo asedio continuo de los jóvenes de izquierda, el grupo en toma pidió ayuda a la comunidad para mantenerse al interior del liceo. Dado que Angol ha sido tradicionalmente una zona proclive a los partidos de derecha, mucha gente les llevaba alimentos para que no tuvieran que salir del recinto.

Parec√≠a que la toma se mantendr√≠a indefinidamente, pero los estudiantes comunistas le confidenciaron al profesor: “A estos los vamos a sacar cagando”.

Jamás pensó que cumplirían su palabra literalmente.

Mezclados entre los alimentos que le hacían llegar a los alumnos en toma, el grupo de izquierda infiltró una canasta con sandwiches a los cuales habían agregado un ingrediente especial: jugo de pichoga. Nativa de Europa donde se la conoce como lecherula, la pichoga es una planta tóxica que al ser ingerida irrita los intestinos, provocando no sólo fuertes dolores de estómago, sino que una diarrea incontrolable.

Frank Vincentz | Flickr (CC)

Frank Vincentz | Flickr (CC)

Dicho y hecho, esa misma noche los estudiantes en toma abandonaron por voluntad propia -y a duras penas- el establecimiento, para buscar ayuda en el hospital.

“Por fortuna el asunto no termin√≥ en tragedia”, nos cuenta el docente. “La pichoga irrita la mucosa intestinal e incluso puede provocar la muerte si se ingiere en demas√≠a. Pero en este caso logr√≥ el objetivo que se hab√≠an trazado los comunistas: como hab√≠an dicho, los sacaron cagando”.

Meterse en las patas de los caballos

Pasado el 11 de septiembre de 1973, ya no habían bandos que se enfrentaran. Los militares se habían hecho con el poder y, salvo muestras de resistencia ocasional, ellos dictaban las normas y se encargaban de recordarlo frecuentemente a la población.

Era as√≠ como cada conmemoraci√≥n del Golpe de Estado -por entonces denominado D√≠a de la Liberaci√≥n Nacional- en todas las principales ciudades de Chile, los regimientos sal√≠an por las calles a desfilar y, en Temuco en particular, se invitaba a los Clubes de Huasos quienes bajo el nombre de Huasos de Bueras, les acompa√Īaban gallardamente a caballo incluso portando armas.

Pero un a√Īo en particular, los campesinos mapuche que hab√≠an sido fuertemente reprimidos por la Junta de Gobierno y sus partidarios, les guardaban una sorpresa.

Parados discretamente entre el p√ļblico que presenciaba el desfile, esperaron una se√Īal y, al mismo tiempo, sacaron de sus bolsillos serpientes que arrojaron a las patas de los caballos de los huasos. Conscientes del temor que estos reptiles provocan en los equinos, el encuentro signific√≥ un completo caos: los caballos se encabritaron y comenzaron a correr despavoridos, haciendo huir a la gente y desarmando indignamente la marcha que pretend√≠a ofrecer la autoridad militar.

“Si ni siquiera los espa√Īoles pudieron hacerle frente a los mapuche, los militares tampoco iban a doblegarlos”, sentencia nuestro docente.

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