Sociedad
Popper y McLennan: Responsables del exterminio selk’nam en Tierra del Fuego
Publicado por: Patricia Acu√Īa
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Siendo despojados de sus tierras, escapando de las balas, muriendo acribillados o envenenados. Esto es parte del destino de algunos selk’nam, que finalmente fueron diezmados con la llegada del hombre blanco a la Patagonia.

Los selk’nam, también conocidos como onas, eran un pueblo indígena que habitaba en la isla grande de Tierra del Fuego, en el extremo austral de América del Sur.

Martin Gusinde (C)

Martin Gusinde (C)

Viv√≠an de la caza y la recolecci√≥n. Se organizaban en peque√Īos grupos familiares y se asentaban en un territorio determinado que llamaban haruwen, el que siempre era respetado por sus pares.

En las ceremonias se reunían grandes grupos, como en la iniciación de los jóvenes, celebrada en la ceremonia del Hain.

A fines del siglo XIX comenzaría el fin de esta etnia, tras la llegada del hombre blanco a la zona. Los selk’nam no pudieron con las enfermedades traídas desde afuera ni menos con la violenta acción de los cazadores de indígenas.

Seg√ļn cuenta el libro ‚ÄúFin de un Mundo‚ÄĚ de la antrop√≥loga Anne Chapman, la poblaci√≥n de onas era entre 3.500 a 4.000 en el a√Īo 1880 cuando comenz√≥ la ocupaci√≥n extranjera. Progresivamente esta cifra disminuy√≥. En 1919 se contaron 279 selk’nam, en 1929 hab√≠an menos de 100 y ya en 1966 quedaban s√≥lo 13.

El principio del fin

La raz√≥n de la llegada del hombre blanco fue que vieron la Patagonia como un lugar donde pod√≠an desarrollarse las grandes compa√Ī√≠as ganaderas y donde tambi√©n ten√≠an cabida los buscadores de oro.

El hecho que estancias ovejeras se instalaran en Tierra del Fuego detonó el conflicto entre los indígenas y los colonos.

Los terrenos de los onas comenzaron a ser cercados y el guanaco, animal del que obten√≠an alimento y abrigo, fue escaseando. Ante esta situaci√≥n empezaron a cazar ovejas, o ‚Äúguanacos blancos‚ÄĚ como los llamaban ellos. Y si bien este robo enfurec√≠a a los estancieros, los selk‚Äônam no eran conscientes de que los animales fuesen propiedad de alguien.

Cuando comenzó la ocupación, los selk’nam trataban de defender tanto a sus familias como a sus tierras, sin embargo no pudieron hacer frente con sus flechas a hombres armados y montados a caballo.

‚ÄúMejor es meterle una bala‚ÄĚ

Varios fueron los hombres que mataron ind√≠genas con la finalidad de resguardar las estancias, otros s√≥lo porque pod√≠an. Eso s√≠, hay dos a quienes se les identifica y recuerda como los principales responsables de este ‚Äúgenocidio‚ÄĚ.

En 1886 Julius Popper y sus ayudantes llegaron desde Argentina a Tierra del Fuego. El ingeniero rumano pretend√≠a extraer arenas aur√≠feras a gran escala y fue esta ‚Äúfiebre del oro‚ÄĚ que desencaden√≥ parte del exterminio de los ind√≠genas.

Fotografías de sus expediciones, en las que se ve él y sus hombres junto a abatidos selk’nam son prueba suficiente de que estuvo vinculado en las cacerías.

Imagen obsequiada al Presidente argentino Miguel Ju√°rez Celman

Imagen obsequiada al Presidente argentino Miguel Ju√°rez Celman


Popper también estuvo involucrado en una expedición bajo el mando del oficial mayor Ramón Lista, en la Bahía de San Sebastián.

A su llegada divisaron una tolder√≠a ona, y pese a que ellos no los enfrentaron, Lista dio la orden a sus soldados de atacarlos, ocasionando la muerte de 27 selk’nam, entre hombres, mujeres y ni√Īos. Luego encontraron a un joven sobreviviente escondido en las cercan√≠as, quien muri√≥ tras recibir 28 disparos.

Luis Garibaldi Hone, de madre selk’nam, contó a Chapman que Julius Popper mataba por gusto.

“Popper, un hombre educado, un ingeniero, matando indios y todav√≠a tiene la desfachatez de hacer sacar la fotograf√≠a. Y mataba por matar, porque en ese tiempo cuando Popper cazaba √©l no ten√≠a ovejas, si √©l era buscador de oro. Mataba por matar, de gusto‚ÄĚ.

Por otro lado tambi√©n se encuentra Alexander McLennan, m√°s conocido como ‚ÄúEl Chancho Colorado‚ÄĚ, quien era administrador de las estancias de Jos√© Men√©ndez, uno de los primeros empresarios ganaderos que lleg√≥ a la zona.

Luego que alguien le propusiera civilizar a los ind√≠genas, el Chancho Colorado respondi√≥ que era mucha molestia, ‚Äúpara civilizar, primero hay que educarlos; mejor es meterle una bala, se termina enseguida la historia‚ÄĚ, consigna el libro.

Seg√ļn el libro La Patagonia Tr√°gica, √©l se vio involucrado en una serie de matanzas, una de ellas es la masacre de la playa de Santo Domingo. Ah√≠ McLennan invit√≥ a un grupo de selk’nam a un banquete con el pretexto de sellar un acuerdo de paz.

√Čl les proporcion√≥ grandes cantidades de alcohol a sus invitados, y cuando √©stos -en especial los hombres- estaban lo suficientemente ebrios el Chancho Colorado orden√≥ a sus ayudantes disparar desde las colinas, resultando m√°s de 300 muertos.

Por si no fuera poco, McLennan pagaba una libra esterlina por cada oreja de los onas. Luego la exigencia pasó a ser más drástica, ya que se comenzó a exigir los genitales y cabezas de los indígenas.

Esto tambi√©n lo confirm√≥ Federico Echeuline, un mestizo noruego-selk‚Äônam. ‚Äú¬°Para poner ovejas mataban indios!…A esos los hizo matar Chancho Colorado. As√≠ que √©l pagaban una libra por cada cabeza de indio a los cazadores‚Ķ A ellos les conven√≠a, porque les pagaban libra esterlina por cada cabeza, y la mujer le cortaban los senos, entonces pagaban un poco m√°s, una libra y media o algo as√≠‚ÄĚ, cont√≥.

Garibaldi tambi√©n relat√≥ la vez en que un grupo fue v√≠ctima de una emboscada por parte de Alexander McLennan. ‚ÄúEn el Cabo Pe√Īas hay un descanso de lobos, porque es muy desplayada‚Ķ Hay peces y mariscos de muchas clases. Entonces, el Chancho Colorado puso una vez unos centinelas armados… cuando vino la marea alta, en una parte del acantilado del cabo los iban apretando y el que quer√≠a pasar para el lado de la gente le met√≠an bala, as√≠ que las mujeres y los chicos se aglomeraron donde estaba el acantilado y ah√≠ los ahogaron a todos‚ÄĚ.

También se conoce el caso de una tribu que encontró una ballena varada en la playa de Springhill y como muchas veces aprovecharon de obtener alimento de ésta. En menos de 24 horas gran parte de ellos murieron, ya que el mamífero había sido envenenado.

Seg√ļn la obra de Chapman, los selk‚Äônam que sobreviv√≠an se replegaban hacia el sur, arrancando de su muerte, sin embargo no pod√≠an alejarse m√°s all√° de los l√≠mites terrestres, ya que se encontraban en una isla y no sab√≠an navegar. Otros fueron llevados a las misiones salesianas en Isla Dawson, donde de todas maneras terminaron muriendo por las enfermedades.

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