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“Las renuncias de las madres”: La columna viral que plantea por qu√© nunca debes juzgar a una mam√°
Publicado por: Denisse Charpentier
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Ser madre es probablemente el trabajo más difícil del mundo, tal como lo decía un emotivo comercial de los Juegos Olímpicos de Londres en 2012.

Y es que esta tarea no sólo implica preocuparse y velar por el bienestar de otro ser humano, sino que también significa muchas veces relegar las propias necesidades y ser blanco de constantes cuestionamientos.

La empresaria y bloggera Nohemi Hervada, quien realiza talleres y conferencias sobre temas relacionados con la Maternidad y la Mujer, escribi√≥ en su p√°gina personal, una columna titulada “Las renuncias de las madres”, donde plantea esta situaci√≥n.

En el escrito se√Īala que las madres siempre est√°n renunciando a diversas cosas en pro de la felicidad de sus reto√Īos y viven con culpas, independientemente de cu√°l sea su situaci√≥n. Por lo mismo, indica que este arduo trabajo no merece ser juzgado, especialmente por quienes ni siquiera han tenido hijos.

El texto publicado hace 4 días, comenzó a viralizarse rápidamente por redes sociales, principalmente en Facebook, donde muchas mujeres agradecieron sus palabras.

Revisa a continuación la columna de Nohemi.

Las renuncias de las madres

Imagina que eres una profesional altamente cualificada.
Imagina que tienes un trabajo que te apasiona.
Imagina que ganas mucho dinero que te permite tener el nivel de vida que so√Īabas.
Imagina que sientes que eres respetada y valorada.
Imagina que tienes independencia económica que repercute en que tus relaciones con el resto de adultos sean sanas y libres.

¬ŅLo imaginas?

Ahora imagina que te conviertes en madre.
Imagina que tus expectativas son disfrutar de esas 16 semanas de baja y luego seguir con tu flamante carrera porque puedes permitirte pagar la mejor persona del mundo para que cuide a tu beb√© mientras t√ļ no est√°s.

Imagina que llega ese momento y sientes una mezcla entre alivio y tristeza. Alivio porque la maternidad te resulta más agotadora que tu trabajo de 10 horas entre tiburones empresariales y económicos, y tristeza porque en el fondo no quieres dejar a tu bebé con nadie.

Imagina que est√°s en tu despacho y sientes que eso no es lo que quieres hacer.
Imagina que decides renunciar a tu trabajo, a tu estatus, a tu independencia, por ejercer de madre del modo que t√ļ libremente escoges.

Imagina que pasan los d√≠as y las semanas y los meses, quiz√°s los a√Īos y te sientes feliz de hacerte presente en la crianza de tus hijos, feliz de saber que est√°s invirtiendo en algo que nadie m√°s puede darles, feliz porque tu cabeza acostumbrada a analizarlo todo fr√≠a y objetivamente te dice que t√ļ eres indispensable para tus hijos en esta etapa de su desarrollo.

Imagina que a pesar de eso, otra parte de ti se siente cansada, exhausta, molesta y susceptible porque tu parte emocional no se contenta con saber ‚Äúlos beneficios de criar a los hijos‚ÄĚ.

Imagina que llevas a√Īos sin dormir seguido, sin mantener una conversaci√≥n adulta sin interrupciones de ‚Äúteta‚ÄĚ, ‚Äúpis‚ÄĚ, ‚Äúc√≥geme‚ÄĚ, ‚Äúno quiero‚ÄĚ, ‚Äúquiero‚Ä̂Ķ.

Imagina que ahora tu econom√≠a no depende de ti, sino de tu pareja, o de tus padres, o de un sistema p√ļblico.
Imagina que te das cuenta que a tu alrededor nadie valora lo que haces, que se da por sentado que es tu obligación y punto.
Imagina que te gustar√≠a que el padre de tus hijos se implicara en su crianza y lo que recibes al hablar del tema es un : ‚Äúyo me paso el d√≠a trabajando para que t√ļ puedas quedarte en casa a jugar a las mu√Īecas‚ÄĚ.

Imagina que te critican por anti feminista, por ‚Äúfloja‚ÄĚ, por ‚Äúse√Īorona‚ÄĚ, por ‚Äúhippie‚ÄĚ, por fundamentalista‚Ķ. Te critican por una cosa y por la contraria, porque al parecer decidir ejercer de madres no est√° bien visto en ning√ļn sector de los que antes frecuentabas: ni en los negocios, ni en la pol√≠tica, ni en la sociedad, ni en tu familia‚Ķ

¬ŅLo imaginas?

Ahora imagina que en ese caos emocional, físico, anímico y social, recibes una propuesta de trabajo.

Imagina que un headhunter ha visto tu perfil profesional y te ofrece un trabajo mucho mejor que el anterior que dejaste.
Imagina que al o√≠r la cifra de lo que vas a cobrar no puedes evitar pensar que llevas meses vistiendo ropa comprada en grandes almacenes, comprando marcas blancas en el super, y que lo m√°s parecido a cenar fuera es ir a un restaurante de comida r√°pida con los ni√Īos.

Imagina que sue√Īas con esa posibilidad de recuperar tu vida, tu autonom√≠a, tu libertad, tu independencia, tu estatus, tu reconocimiento, tu ‚Äúvoz‚ÄĚ que se ha diluido entre los llantos y demandas de los peque√Īos.

Imagina que lo piensas y decides que todav√≠a no es el momento, que tus hijos son peque√Īos a√ļn.

¬ŅPuedes imaginar los sentimientos encontrados ?
¬ŅPuedes imaginar el sentimiento de culpa que esto genera?

Culpa por desear decir que sí a esa oferta
Culpa por sentirse triste al decir que no
Culpa porque este suceso te revuelve y te enfada y te frustra y lo has pagado pegando 4 gritos a tus hijos, lo que te hace creer que eres un fracaso de madre o un fraude a la crianza que quieres.

Culpa porque al fin y al cabo es lo √ļnico que hemos aprendido como mujeres: a sentirnos culpables de todo, por todo, y por todos.

Llevamos la carga m√°s pesada de la sociedad, la que nadie reconoce, ni valora, ni remunera.

En √©poca de campa√Īas electorales nos frustra ver c√≥mo nadie est√° interesado en nuestra situaci√≥n. Hartas de ver que la √ļnica opci√≥n que se nos plantea es tener guarder√≠as desde el nacimiento, o que el padre coja la mitad del permiso de maternidad.

Las madres estamos constantemente renunciando: TODAS.
Unas renuncian a su vida y otras a sus hijos.
Algunas intentan compaginarlo todo y renuncian a tener tiempo para ellas, o a tener tiempo de intimidad con su pareja,o con sus amigas, o a invertir en su salud haciendo deporte… qué sé yo.

Lo cierto es que cualquier madre que conozcas lo es a costa de renunciar.
La próxima vez que te encuentres con una madre por favor no la critiques.
No le digas lo que tiene que hacer o cómo.

No la ignores solo porque sabes que no va a poder ir a tu fiesta nocturna, invítala igual.
No caigas en obviedades y frases hechas.

Sencillamente, dile:
‚ÄúEres muy valiente, lo est√°s haciendo muy bien y te admiro‚ÄĚ

PD: Dedicado a A. y a todas las preciosas madres que han decidido vivir intensamente este largo, precioso y a veces duro y solitario viaje que es el de criar hijos. He aprendido tanto de ti, de vosotras, que solo puedo deciros GRACIAS.

URL CORTA: http://rbb.cl/bxlz
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