Notas
Che Papa: Mate amargo o dulce de leche
Publicado por: Oscar Vega
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Durante mi exilio político en Berlín intervine en la creación de un libro sobre Teología de la Liberación en América Latina. Sus autores, dos teólogos alemanes, uno seglar y el otro cura, abordaban el tema con decenas de entrevistas. Era un relato descarnado tocando lo hondo de nuestro continente en aquella década del setenta taponada de muertes y abusos, particularmente Chile de entonces, en pleno festín, con la derecha política unida a la democracia cristiana, comiendo en un solo plato, aherrojando al país con la sevicia de uniformados criminales y analfabetos.

Irreprochables y brillantes personajes, doctorados en universidades europeas, casi todos jesuitas, hablaban con dolor, rabia y amor de su misi√≥n evang√©lica. No lo hac√≠an encaramados ni engolados en un p√ļlpito sino desde barriadas, campamentos y poblaciones callampas o paup√©rrimas aldeas campesinas.

Conviviendo con miles de seres marginales enlodados, sin destino, clamaban por una fe liberadora, no alienante. Enjuiciaban a la vieja Iglesia Vaticana, un aparato soberbio y enjoyado, ausente del dolor humano. Esa iglesia católica sin Dios ni ley, cohabitando con el poder y el dinero, sentada a la mesa de los ricos.

Te√≥logos como el brasile√Īo Leonardo Boff, el peruano Gustavo Guti√©rrez o el uruguayo Juan Luis Segundo, autores de libros incre√≠blemente l√ļcidos, ven√≠an a reclamar que la salvaci√≥n cristiana es imposible sin una liberaci√≥n econ√≥mica, social, pol√≠tica e ideol√≥gica. Recordaban que la explotaci√≥n capitalista era el maldito pan de cada d√≠a y que la falta de oportunidades un azote para la juventud. Que los ufanos pa√≠ses industrializados multiplicaban injusticia e inhumanidad. Que la opci√≥n por los pobres y desde los pobres, con el mensaje de Jesucristo, era la tabla de salvaci√≥n para encarar ese poder mezquino y pomposo que anidaba en Roma.

Toda aquella pasi√≥n, utop√≠a o esperanza ‚Äďll√°mese como se quiera- fue barrida de plano por la instituci√≥n omnipotente. El polaco viajero, Juan Pablo, desde su conservadurismo cerril disfrazado con sonrisas y el entonces inquisidor alem√°n Ratzinger, cabezas visibles del negocio religioso, fueron los encargados de encanecer, apagar y pisotear aquellos fuegos de un Evangelio limpio con una cristolog√≠a consecuente.

¬ŅHasta d√≥nde ha llegado hoy la tragedia de la llamada Santa Madre Iglesia cuyo centro mundial sigue siendo esa ‚ÄúRoma eterna‚ÄĚ, y cuya clientela te√≥rica es de mil doscientos millones de creyentes? Ya lo sabemos. Ahogada en graves esc√°ndalos financieros y sexuales, ajena al devenir de la gente com√ļn y corriente, perdiendo a sus fieles a borbotones, navega sin rumbo. Benedicto XVI, impotente y debilitado no pudo con los chacales.

En estos momentos reina un suspenso. Ultras del Opus Dei o Legionarios de Cristo, entre otras organizaciones del entramado oficial católico, aguardan. Que el cónclave de la Capilla Sextina hubiese elegido a un Pontífice argentino, miembro de los denostados Jesuitas, a un pastor abierto, tolerante y humilde, no dice más que lo que dice: o sea que (tal vez) ha comenzado una nueva etapa.

El planeta Tierra hoy bordea peligros tremendos. Entre la proliferación nuclear, la concentración económica, el exterminio ecológico, campean políticos y economistas mediocres que ahogan a los ciudadanos, sobre todo a los europeos. Bancos y empresas multinacionales se han apoderado de la endeble Humanidad dejándola mucho más maltrecha, deforme y egoísta.

A Jorge Mario Bergoglio le toca cargar con la cruz encabezando la limpieza de esta Iglesia Católica. Su nuevo nombre, Francisco, su historial y talante, le convierten en una alegría promisoria para la gente sencilla. Y es un desafío para los católicos de boquilla o para quienes, indiferentes, tienen la suerte de comer todos los días y gozar de un mediano bienestar.

Desde aquí, Europa eurocentrista, la que no se cansa de mirarse el obligo y cuyo catolicismo suele ser formal o superficial, bastante ajeno a las vicisitudes humanas, la elección es sorprendente. Llevamos más de una semana atosigados con los analistas que miran al revés y al derecho la fe religiosa del tercer, cuarto o quinto mundo.

En Alemania, Francia o Portugal escucho comentarios variopintos. Van desde el asombro a la ingenuidad. Que el Papa rompe moldes. Que su familia es preciosamente italiana, del Piamonte. ¬°Ah, que le gusta el mate, el tango, el f√ļtbol, que se desplaza en el metro, que cita a los poetas cl√°sicos germanos y que, desde su juventud, tiene solamente un pulm√≥n! Que le carga el boato.

Hay opinantes m√°s sesudos. Explican que encabezar√° una ‚Äúprimavera de la Iglesia‚ÄĚ, una ‚Äúrefundaci√≥n de la milenaria instituci√≥n‚ÄĚ. Dicen que esta es la hora de Ignacio de Loyola y los suyos, los Jesuitas, siempre tan adelantados e intelectuales que van a Dios rogando y con el mazo dando.

Lo cierto es que la tarea para salvar a la Iglesia es tremenda. Primero habr√° que barrer la inmundicia, apartar a los pecadores de sotana y anillados, abrir las ventanas, respetar el progreso y las opciones de quienes deseen amar, casarse o no, creer o no creer y vivir con quien se quiera. Sobre todo, mirar de frent√≥n las abrumadoras realidades cient√≠ficas y tecnol√≥gicas que siguen liberando a nuestra arrogante especie. Ya lo dijo el c√©lebre Sigmund Freud; ‚ÄúLa relaci√≥n entre civilizaci√≥n y religi√≥n debe sufrir una revisi√≥n fundamental‚ÄĚ.

Sobremanera, la nueva Iglesia, si la hubiere, tendría que revisar el celibato de sus miembros, algo tan antinatural. Y respetar a las mujeres poniendo máximo oído a sus anhelos más profundos, comenzando por su derecho al sacerdocio. Tarea gigantesca y revolucionaria. Una tarea como dulce de leche (manjar blanco llamamos los chilenos) y mate amargo y, claro, Che Papa en el turbión.

Si no cuajan soluciones el derrumbe ir√° a mayores. Como escribi√≥ ch√© Cad√≠camo en el tango, ‚Äúafuera es noche y llueve tanto‚Ķ”

A√ļn salvaguardando dogmas y votos de obediencia, pobreza y castidad, el Papa Francisco podr√≠a enderezar la instituci√≥n que se bambolea (seg√ļn al profeta Jerem√≠as 7-11) ‚Äúhurtando, matando, adulterando, jurando en falso‚ÄĚ convertida en ‚Äúuna cueva de ladrones‚ÄĚ.

Oscar ‚ÄúEl Monstruo‚ÄĚ Vega

Periodista, escritor, corresponsal, reportero, editor, director e incluso repartidor de periódicos.

Se inici√≥ en El Sur y La Discusi√≥n, para continuar en La Naci√≥n, Fortin Mapocho, La √Čpoca, Ercilla y Cauce.

Actualmente reside en Portugal.

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