La ola de violencia contra Estados Unidos en el mundo musulmán, que le costó la vida al embajador norteamericano en Libia, aporta un elemento potencialmente peligroso tanto para el presidente Barack Obama como para su rival republicano Mitt Romney de cara a las elecciones.
El mandatario condenó rápidamente los hechos violentos ocurridos el martes, que le costaron la vida al embajador Christopher Stevens y prometió que los autores de este “escandaloso” ataque no quedarían impunes.
Antes, la secretaria de Estado, Hillary Clinton, dijo comprender que se preguntara cómo una tragedia podría ocurrir “en un país que ayudamos a liberar, en una ciudad que habíamos salvado de la destrucción”.
Después de haber dudado sobre intervenir en las revueltas de la “Primavera árabe”, a principios de 2011, Estados Unidos decidió apoyar la salida de hombres en el poder desde hacía más de 30 años, especialmente en Egipto y en Libia.
Pero un año después de la caída de Muamar Gadafi y, a pesar del establecimiento de nuevas instituciones, Libia está lejos de la estabilidad. Y en Egipto, país que sigue aún con brotes de violencia -incluido un ataque contra la embajada estadounidense el martes-, los islamistas Hermanos Musulmanes están ahora están en el poder.
“Para el presidente Obama, el riesgo es evidente: (el ataque) puede socavar el argumento de su buen historial en política exterior” en estos dos países emblemáticos, señala, Julian Zelizer, profesor de historia de la Universidad de Princeton.
A menos de dos meses de las elecciones presidenciales, el candidato republicano intenta explotar las vulnerabilidades de Obama y lo acusa regularmente de haber “abandonado” a Israel ante la amenaza nuclear iraní.
El miércoles, Romney volvió a la carga estimando que la administración de Obama había enviado “signos ambiguos” tras del ataque a la embajada en El Cairo. Ya el martes, el republicano había calificado de “vergonzosa” la reacción oficial por los ataques contra las misiones diplomáticas estadounidenses en Egipto y en Libia, antes de que la noticia de la muerte del embajador se conociera.
El equipo de campaña de Obama rápidamente respondió a través de su portavoz, Ben LaBolt, quien acusó a Romney de lanzar “ataques políticos” el día de una tragedia, dichos que se hicieron eco en varios medios de comunicación y que alimentaron las acusaciones de principiante sobre el republicano.
“Puede ser que el deber de un candidato de oposición sea criticar o cuestionar (a la actual administración), pero no a costa de los intereses estratégicos de Estados Unidos”, señaló Anthony Cordesman, experto geopolítico del grupo CSIS de Washington.
Para Zeliser, “Romney debe ser extremadamente prudente y no hacer cosas que puedan dar la idea de alguien que no sabe lo que sucede”. En tales circunstancias, “los electores pueden evaluar cómo los dirigentes reaccionan en períodos de crisis”, advirtió.
Aunque ya se le atribuye una ventaja de cinco o seis puntos porcentuales en las intenciones de voto sobre Romney, Obama dispone también de una clara ventaja en lo que refiere a temas como política exterior y seguridad nacional.
El presidente cuenta en su haber con su hasta ahora mantenida promesa de retirar a los soldados de Irak, y la captura de Osama Bin Laden. Pero el éxito de su política exterior no garantiza la reelección, como sucedió con George Bush (1989-1993), quién perdió la presidencia a pesar de la victoria de la Guerra del Golfo.
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