Notas
El mercado o los ciudadanos: ¬Ņqui√©n decide sobre nuestras necesidades?
Publicado por: Patrizio Tonelli
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La decisi√≥n del gobierno de recurrir al veto presidencial para decidir el monto del salario m√≠nimo v√°lido para el a√Īo 2011 constituye un acto muy significativo para entender las masivas movilizaciones que estamos viviendo desde un par de meses a esta parte.

Adem√°s, nos entrega una explicaci√≥n concreta de los √ļltimos resultados de las encuestas CERC y Adimark, la cual releva la alt√≠sima desconfianza de los ciudadanos en los pol√≠ticos.

Como ya varios estudios e iniciativas surgidas en estas semanas han destacado, el miserable aumento de $10.000, que eleva de $172.000 a $182.000 es vergonzoso.

Esto ya que no echa mano a las tremendas desigualdades en la distribuci√≥n de la riqueza que afecta a nuestro pa√≠s, y tampoco responde al esp√≠ritu originario de la ley que instituy√≥ el salario m√≠nimo en 1937, que era garantizar ‚Äúel (monto) necesario para satisfacer las necesidades indispensables para la vida del empleado, alimentaci√≥n, vestuario y habitaci√≥n; y tambi√©n las que requiera su integral subsistencia‚ÄĚ.

El mayor elemento de esc√°ndalo en todo eso es: ¬ŅQui√©n decide sobre el salario m√≠nimo? Es evidente que hasta ahora ha primado una discusi√≥n tecnocr√°tica, encerrada entre cuatro paredes y absolutamente al√©rgica a poner en marcha un verdadero proceso democr√°tico de debate y participaci√≥n en este pa√≠s.

¬ŅQu√© espacio tuvieron los trabajadores para hacer pesar de verdad sus exigencias? ¬ŅHan sido suficientes las conversaciones informales entre gobierno y CUT? ¬ŅSe puede pensar en un proceso de negociaci√≥n mucho m√°s contundente?

En definitiva, el veto presidencial nos dice algo muy dram√°tico sobre el actual estado y calidad de nuestra democracia, y se conecta directamente con las grandes movilizaciones que la sociedad chilena ha vivido en estos √ļltimos meses, partiendo por Hidroays√©n y llegando a las m√°s de 500.000 personas que en todo Chile se han movilizado el 30 de junio junto a los estudiantes, para una reforma profunda de nuestra educaci√≥n.

Tuvo raz√≥n Camila Vallejo cuando, al comentar la marcha, dijo que este movimiento se est√° extendido a lo largo de toda la sociedad y que ya es un movimiento ciudadano que reivindica la ‚Äúdemocratizaci√≥n de las instituciones‚ÄĚ.

Al mirar las cientos de miles de personas que marchaban por la Alameda, de hecho, se veían estudiantes secundarios, universitarios, apoderados, profesores, trabajadores de las universidades y mucho más… trabajadores jóvenes y precarios, profesionales, trabajadores de supermercados y comercio, de la minería, trabajadoras de casa particular, jubilados…

Vivimos una √©poca en la cual los procesos econ√≥micos deciden todo. Las pol√≠ticas de sello neoliberal que desde hace 40 a√Īos gobiernan este pa√≠s han impuesto la idea de que el mercado, sus mecanismos y sus necesidades primen por sobre cualquier otra cosa.

Educaci√≥n, trabajo, medioambiente, salud, vivienda son actualmente mercanc√≠as sujetas a los inescrutables movimientos de los grandes capitales en el mercado financiero y a los intereses privados de sus pocos due√Īos.

Trabajadores, estudiantes, ciudadanos no tienen derecho de palabra, y sus necesidades ‚Äúdeben necesariamente‚ÄĚ adecuarse a la voluntad de esos mecanismos. L√≥gicas invisibles deciden por nosotros‚Ķ ¬Ņser√° inevitable para siempre?

Lo que est√° pasando en Chile y en muchas otras partes del mundo, como Espa√Īa, Grecia, Italia, Islandia, nos dice que no. Las personas que se est√°n movilizando buscan encontrar formas innovadoras de hacer pol√≠tica, en las cuales los intereses concretos puedan tener verdadera cabida al momento de tomar las decisiones.

As√≠ pas√≥ en Italia, cuando el 12 y 13 de junio, utilizando la herramienta del ‚Äúrefer√©ndum‚ÄĚ (plebiscito), el 57% de los italianos fue a votar para rechazar de forma masiva (95%) la privatizaci√≥n del agua prevista por el gobierno de Berlusconi. As√≠ pas√≥ en Islandia, donde los ciudadanos han rechazado la aplicaci√≥n de las recetas del FMI por parte del gobierno y est√°n actualmente reescribiendo la Constituci√≥n pol√≠tica de forma m√°s participativa.

As√≠ est√° pasando en Chile. Si vamos a las asambleas de las universidades y de los colegios en toma podemos asistir a verdaderas ‚Äúescuelas de democracia‚ÄĚ, en las cuales -entre conflictos, divergencias y dificultades- los estudiantes ponen en cuesti√≥n la manera tradicional de tomar las decisiones y tratan de elaborar nuevos canales y nuevos mecanismos, m√°s participativos y representativos.

Lo mismo pasa entre los trabajadores y los sindicatos que se están movilizando sobre el salario mínimo: ellos no se reconocen en las propuestas entregadas por el gobierno ni por los tradicionales canales sindicales, y buscan visibilizar y representar otros criterios y otras exigencias al momento de decidir de cuáles serán las condiciones de vida del más de 1 millón de trabajadores que recibirá ese sueldo.

El veto presidencial por el salario mínimo nos impone tomar en seria consideración el problema de la distribución del poder en nuestra sociedad y de la burbuja en la cual viven los parlamentarios que deciden en nuestro nombre.

Si por un lado hay trabajadores que hablan de sueldo √©tico y vida digna, por el otro hay pol√≠ticos y t√©cnicos que ofrecen y pelean por $1.500 √≥ $2.000 m√°s; si por un lado hay estudiantes que reivindican el derecho a educaci√≥n p√ļblica y de calidad, por el otro hay gente que habla de ‚ÄúGANE‚ÄĚ y ‚ÄúFE‚ÄĚ…

‚ÄúQu√© tiempos estos en los que hay que luchar por lo evidente‚ÄĚ dijeron una vez: los tiempos actuales necesitan luchar por una forma distinta de hacer pol√≠tica, y para esa tarea es necesario que estudiantes y trabajadores profundicen sus v√≠nculos y empiecen, ojal√° desde el paro del 14 de julio, una acci√≥n com√ļn.

Patrizio Tonelli es investigador de la Fundación SOL | @lafundacionsol

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