Notas
Fraudes en empresas alimentarias: ¬ŅLos consumidores debemos aceptarlos?
Publicado por: Tu Voz
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Hace unas semanas, los alimentos han sido protagonistas en reiteradas noticias. Cuesta justificar que la incorporaci√≥n materias primas contaminadas con pesticida en colados no afectar√° la salud de beb√©s de meses de edad o la de incluir en helados una mayor proporci√≥n de sal y grasa a la declarada, menospreciando los contundentes estudios chilenos sobre los niveles alarmantes de consumo de sal ‚Äďm√°s del doble (12 gr.) de lo recomendado (5 gr.) al d√≠a- y de sobrepeso u obesidad, m√°s del 65% de la poblaci√≥n.

Imagen: Kriss Szkurlatowski en stock.xchng

Imagen: Kriss Szkurlatowski en stock.xchng

Ingenuo sería creer que estas situaciones correspondan a errores, omisiones o fallas puntuales de control de calidad o producción sino, so riesgo de equívoco, más bien debería sospecharse de frías, sistemáticas, alevosas e intencionadas decisiones gerenciales que, de paso, dejaron en el basurero los valores y principios éticos empresariales.

¬ŅSer√° que los consumidores quedamos a merced de esas eventuales decisiones inescrupulosas, dif√≠ciles de detectar dada la problem√°tica actual que tienen los organismos estatales para fiscalizar y asegurar la calidad e inocuidad de los alimentos?

Una investigación realizada en Concepción por mis estudiantes universitarios en diciembre recién pasado, arrojó que los consumidores, al buscar calidad en un alimento, más del 61% de las personas se fijan en la marca; un 21% lo hace en el precio y un 18% de los encuestados lo hace por las etiquetas.

Desde la perspectiva del marketing, lo anterior tiene sentido y se condice con los esfuerzos que hacen las empresas, como organizaciones, y los gerentes, como administradores, por mejorar el posicionamiento de su marca y su participación en ventas dentro del mercado.

A su vez, las empresas alimentarias saben que una persona, como individuo, al momento de comprar, debe confiar ciegamente en lo que las etiquetas indican pues poco y nada puede hacer para verificar que lo declarado efectivamente se cumple.

De hecho, la lectura de las etiquetas de los productos está felizmente incorporada a nuestro comportamiento como consumidor: más del 75% de las personas encuestadas respondieron leerlas antes de su decisión de compra, revisando primeramente la fecha de vencimiento, seguido de los ingredientes, y luego los aportes nutricionales, las mujeres, y el fabricante, los varones.

Consecuentemente, la responsabilidad de los organismos estatales en el control de la inocuidad de los alimentos y la fiscalización de las empresas alimentarias es crítica y fundamental. Perentorio resulta el impulsar una actualización a las normas, reglamentos, aumentando sustantiva y de manera ejemplificadora las sanciones y multas a los infractores, acercándonos a organismos como la FDA de Estados Unidos y a reglamentos como el Codex Alimentarius, de la Unión Europea.

Peligroso sería confiar que el mercado -por si mismo- podría regular y cuidarse de abyectas decisiones productivas que buscan abaratar costos y maximizar utilidades despreciando la salud de sus propios consumidores.

Las empresas deben comprender que la responsabilidad social empresarial no son s√≥lo loables donaciones para la Telet√≥n u otra instituci√≥n, sino es para con todos sus clientes y todos los d√≠as del a√Īo.

Confiamos que, por una parte, el Estado, a trav√©s de los distintos organismos, seguir√° cumpliendo su obligaci√≥n de fiscalizaci√≥n, aplicando el m√°ximo rigor permitido, sin relativizar las sanciones conforme a la importancia de la empresa comprometida, respondiendo apropiadamente a su deber para con la salud de la poblaci√≥n y, por otra, que las empresas sancionadas tomar√°n las medidas pertinentes para asegurar la calidad e inocuidad de sus productos alimenticios de manera que sus marcas no se vean castigadas con lo √ļnico que el consumidor puede hacer: dejar de comprar sus productos.

Dr. Arnold Schirmer
ashxxxxx@xxxxx.xx

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