Notas
Cada David con sus Goliats: Los perros de Valparaíso
Publicado por: Christian Leal
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Imagen: Nelson Campos (CC)

Imagen: Nelson Campos (CC)

Me cost√≥ dar con la direcci√≥n porque como siempre, estaba escondida en uno de los tantos recovecos que tiene este puerto, entre quebradas, cerros y calles llenas de barro, que se iba secando con el tenue calor que brinda el sol de invierno y que cubre las enmara√Īadas escaleras porte√Īas.

Despues de mucho recorrer di con el lugar y me contact√© con los vecinos que hab√≠an llamado a La Radio, preocupados por la situacion del anciano. 14 Perros tiene el abuelo. Vive en una ruquita de madera de 3×3, una casucha que pareciera literalmente estar agarrada a la ladera del cerro para no caerse, quiz√° como el mismo viejito se aferra a la vida y a sus perros.

Los vecinos temen por su vida, por su salud, y por su fin. En realidad, derechamente temen que termine como alimento de sus perros, aunque también temen por los gatos del barrio, porque -dicen- ya van como 6 felinos que terminaron en las fauces de esta verdadera jauría.

Fue m√ļsico, un guitarrista de la bohemia porte√Īa, ahora ya afectado por una odiosa carraspera producto del asma, tanto que a duras penas le podia entender. Ni las manos, ni la vista, ni la voz le acompa√Īan para seguir en el oficio.

No ten√≠a luz, menos agua potable. Ni hablar de un ba√Īo. Tiene una pensi√≥n miserable de 60 mil y tantos pesos pero, a√ļn as√≠, tras todas esas pellejer√≠as hay un coraz√≥n enorme. Ese coraz√≥n que s√≥lo se encuentra en los que menos tienen.

No se quiere ir a un hogar porque nadie la va a cuidar a sus perritos. Tose y escupe una flema verdosa y me las muestra y me dice que no es resfriado: son pedazos de pulm√≥n, seg√ļn √©l. Lo poco que gana se lo gasta en la micro para bajar una vez al d√≠a, en realidad al mediod√≠a, a un comedor abierto, y el resto lo gasta en comida para sus perros, su unica compa√Ī√≠a despu√©s que su hermano Juan muriera hace unos a√Īos, en las mismas condiciones en que ahora √©l est√°.

¬ŅQu√© motiva a un ser humano a entregarse de tal forma a un grupo de seres que -bueno- lo √ļnico que hacen es cuidarlo, darle calor en estas fr√≠as noches de invierno, secarlo con sus alientos de perro, protegerlo de los extra√Īos, acompa√Īarlo? Es eso por lo que nosotros estamos junto a nuestros seres queridos, y es esas mismas cosas lo que agradecemos.

Quiz√° la √ļnica diferencia es que entre humanos somos racionales. Nos hablamos y entendemos y en este caso… no lo s√©. Despu√©s de haber conocido su historia, es probable que √©l tambi√©n hable con sus animales, en un idioma que s√≥lo ellos entienden. El idioma de la compa√Ī√≠a mutua.

David se llama, parad√≥jicamente. Y lo digo porque al ir subiendo los pelda√Īos de barro en esa escalera que los mismos vecinos ayudaron a construir, y mirando la inmensidad del Pac√≠fico desde la altura del cerro Cordillera, me dio la sensaci√≥n de que este David estaba luchando no contra uno, sino contra varios Goliats, el gigante filisteo de la pobreza, el de la miseria, el de la soledad, tal como el Quijote peleaba con sus molinos.

Lo triste es que a diferencia del David b√≠blico, √©ste no tiene esperanzas de derrotar a sus propios gigantes. ¬ŅSer√° que ya los derrot√≥? No. Porque finalmente los Goliats derrotaron a David. Los perros obedecieron su instinto de superviviencia. Por fortuna, los vecinos se dieron cuenta a tiempo.

David se fue pero pareciera que sus Goliats no, porque siguen deambulando por los cerros de Valpara√≠so. Y es que despues de haberlos conocido a ambos, no s√© si me duele mas el olor a perro mojado que me quedo impregnado en las botas y en las narices… o el olor a soledad.

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