Notas
Como un tatita (moderno) de Cachiyuyo
Publicado por: Christian Leal
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Carretera de Atacama | Betoscopio

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El viaje de regreso desde Caldera me dejo sentimientos encontrados. Absorto los primeros d√≠as por el majestuoso paisaje caf√© y rojizo del desierto, ya con el pasar de las semanas extra√Īo el verdor del valle central.

As√≠ fue como emprendi el retorno. Evidentemente el paisaje va cambiando kil√≥metro a kil√≥metro y es imposibe no ir haciendo comparaciones. De pronto, varios kil√≥metros al norte de La Serena, me encuentro con un terreno familiar. Cerros rocosos del mismo color que en la Cuesta de Las Chilcas de mi a√Īorado Llay Llay. La ruta corta -como una serpiente gris- ese bello entorno natural.

Segui Avanzando y me encontr√© de frente con un pueblito enclavado a la orilla de la carretera panamericana. Era extra√Īo porque me record√≥ esas ciudades en miniatura que constru√≠amos con mi primo en el patio de la casa del tata.

Para graficarlo, parec√≠an cajitas de cart√≥n corrugado en el medio de una cancha de f√ļtbol de tierra. Y ah√≠ estaba yo, detenido en la berma de la ruta con los ojos brillosos ante tan magnifica muestra de lo que es nuestra sociedad.

Las generaciones actuales sin duda ni se imaginan lo impresionante que fue para nosotros los más viejitos, ver a un tatita de sombrero, con el rostro oscuro, curtido por el sol nortino, no con arrugas sino con surcos en el rostro, llamando por teléfono a su hijo desde su querido Cachiyuyo.

Porque existe. El pueblito estaba ahí.

Tuve la intención de entrar, de averiguar, de urguetear entre las polvorientas callecitas si es que se les puede llamar así, un poco de la historia de este pueblito. Incluso se me pasó por la mente ir a buscar a ese tatita y contarle cuantas veces me hizo llorar cuando hablaba con su hijo que ya ni recuerdo dónde estaba.

Pero no lo hice. Me sub√≠ al auto y continu√© mi camino. ¬ŅLa raz√≥n? Simple: prefiero quedarme con la imagen m√°gica de ese aviso publicitario de telefon√≠a (dicen que incluso el tel√©fono nunca funcion√≥, o si lo hizo, despu√©s lo eliminaron).

Mejor esa imagen en mis recuerdos que romper la magia que me permiti√≥ retornar a esos a√Īos de mi ni√Īez viendo tele en blanco y negro.

El √ļnico experimento moderno que me atrev√≠ a hacer fue llamar desde Cachiyuyo. Claro, no desde esa m√≠tica cabina de telefon√≠a p√ļblica, sino desde mi celular. S√≥lo para comparar. Quiz√°s, para sentirme un tatita moderno.

Pero entonces me di cuenta que la televisi√≥n no ha cambiado mucho, porque el celular NO TENIA SE√ĎAL, eso a pesar de que el se√Īor que vive en Miami insiste en que s√≠ hay.

¬ŅLe habr√° pasado lo mismo en esa √©poca al tatita de Cachiyuyo?

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