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La verdad tras 9 mitos comunes sobre el suicidio

ARCHIVO | Francisco Castillo | Agencia UNO
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Cuando el reloj aún no marcaba las seis de la tarde de ese domingo, un disparo rompió la tranquilidad al interior de la carpa que Violeta Parra había instalado en La Reina, en donde dejaba pasar los días sumida en una depresión.

Hacía poco más de un año, la destacada folclorista había escrito una de sus obras más célebres, “Gracias a la vida”, quizá como anticipando la drástica decisión que tomaría ese 5 de febrero de 1967.

Pese al paso de los años, el suicidio sigue siendo un tema pendiente para la sociedad, y que mantiene en alerta a las autoridades sanitarias a nivel mundial, ante las altas cifras que se manejan.

Según la Organización Mundial de Salud (OMS), más de 800 mil personas deciden quitarse la vida anualmente, y por lo mismo ha catalogado esta situación como una prioridad de salud pública, principalmente por los datos que actualmente lo dejan como la segunda causa principal de muerte en jovenes de 15 a 29 años. A esto hay que sumar que por cada suicidio, hay más de 20 intentos.

De acuerdo al Instituto Nacional de la Salud Mental de Estados Unidos, el suicidio aparece como una alternativa cuando las personas pierden las esperanzas y no encuentran soluciones a sus problemas, lo que está fuertemente ligado a una depresión, abuso de alcohol o drogas, como también debido a un acontecimiento estresante de magnitud o un hecho agobiante.

En nuestro país, en tanto, los esfuerzos se han concentrado principalmente en los adolescentes de entre 10 a 14 años, debido al aumento que experimentó la tasa de suicidios pasando de 1,0 por cada 100.000 habitantes en 2000, a 1,9 en 2009. Mientras que en el grupo de los jóvenes de entre 15 y 19 años, la tasa se incrementó de 8,6 a 11,4 por cada 100.000 habitantes en el mismo periodo, según detalla el Programa Nacional de Prevención del Suicidio de 2013.

Etapas

En primer término, es necesario entender que el suicidio consta de diversas etapas, según destaca el psicólogo y docente de la Universidad Mayor, Rodrigo Brito.

“Hay una gradualidad en la intención suicida, que va desde la ideación -sólo pensar en el suicidio- y luego viene el gesto suicida, es decir, se esfuerza en hacer algo. Después están los intentos de suicidio, en donde fracasa pese a concretar su idea”, afirma a BioBioChile.

“El último es el más grave, porque si lo intentó y falló, es muy probable que lo vuelva a intentar, y por lo tanto requiere de toda nuestra atención para ver qué es lo que está pasando, sabiendo incluso que es un tema muy complejo y que es una decisión que uno no va a poder cambiar”, advierte Brito.

“Si ya ha intentado hacerse daño, eso significa que está dispuesto a suicidarse, por lo que las probabilidades que lo logre en algún momento son más altas”, asegura el especialista.

Asimismo, es necesario distingir lo que realmente le sucede a una persona. “Hay personas que al preguntarle, dicen que les dan ganas de quedarse dormido y no despertar en un mes, que se sienten agobiados, que la vida es muy pesada o están pasando un periodo muy estresante. Esta persona en general no es que tenga ganas de matarse, y probablemente no lo va a hacer, si no que lo que tiene ganas es de pasar un tiempo fuera”, sostiene.

Por lo mismo, al tratarse de casos complejos y que posiblemente estén asociados a algún trastorno, lo principal es requerir la ayuda de un psiquiatra, quien deberá evaluar si hay un problema, y derivar a una psicoterapia en el caso que lo requiera. Esto, sin embargo, no impide abrir un espacio para el diálogo.

“En todo este proceso es importante brindar el apoyo necesario, porque habitualmente estos son temas que se esconden. Especialmente, es importante que la red familiar funcione como contención”, indica el profesional.

“Hay una estigmatización en torno a recibir ayuda psiquiátrica, pero es una situación de riesgo, por lo cual es muy necesario acudir a un profesional, sin llevarlo a la fuerza, pero es necesario ser firme en esa decisión”, sentencia.

Kat Jayne (CCO)
Kat Jayne (CCO)

Quizá el mayor problema son la serie de mitos en torno a este tema, principalmente por falta de información.

Si lo dice, lo intentará

Si una persona lo dice, lo sensato es tomárselo en serio, lo que significa indagar qué le está pasando para ayudar de la mejor forma posible. Nunca hay que minimizar la expresión del suicidio.

Por lo anterior, es importante entender que los intentos suicidas son gestos que buscan llamar la atención, buscan comunicarse y decir “necesito ayuda”.

Las personas que se suicidan han dado avisos previos, pero nadie los tomó en cuenta. Y por lo mismo, al no tener una respuesta de su entorno, se agudiza su sensación de vacío y frustración y refuerza la idea básica que la vida no tiene sentido.

Contención del círculo cercano

La familia debe asumir un rol protagónico para acompañar e indagar más, para luego, como pasa en la mayoría de los casos, de inmediato consultar con un psiquiatra.

A veces son temas que se pueden solucionar al menos en una primera instancia con un fármaco como un antidepresivo. Y en el caso de existir un trastorno, como una bipolaridad, realizar un diagnóstico oportuno para aplicar un tratamiento adecuado, para después indagar en una psicoterapia.

Llevarlo a una iglesia o dar “cobertura espiritual” va a depender de la cosmovisión de la persona, si es religiosa y su marco de referencia es la fe, es un camino válido. No obstante, no son excluyentes, es decir, se puede llevar a una congregación y a un siquiatra.

En el caso que la situación sea muy grave, hay que tomar la decisión de hospitalizar al paciente, sobre todo cuando han habido varios intentos de suicidio y hay un historial.

Los niños no se suicidan

Es muy extraño que un niño se suicide o tenga siquiera la idea de quitarse la vida, al menos hasta el inicio de la pubertad. Es algo que les pasa principalmente a los adolescentes y los adultos.

En el caso de los niños que sufren bullying, generalmente van a resentir el acoso en la adolescencia, pero difícilmente tomarán una decisión drástica, debido a que el organismo de un niño está preparado para ver la vida en positivo.

Sin embargo, en la adolescencia al dejar de ser niños, se vuelven más frágiles emocionalmente. Si esa persona ha sufrido acoso, en la adolescencia tiene un riesgo enorme de estar más frágil, sentirse inseguro, puede aparecer una depresión, y el riesgo suicida.

Los suicidas pueden ser pobres o ricos

El tema del suicidio es transversal, porque si bien las cirscuntancias externas pueden influir en el suicidio, en realidad el factor decisivo sigue siendo interno y qué actitud tenemos frente a la vida.

Hay casos de personas que viven en situaciones muy precarias, como extrema pobreza o de indigencia, y no se les ocurriría suicidarse, sino que lucharán por sobrevivir. Por otro lado hay personas que tienen todo, y se suicidan.

El gen suicida

No es que haya un gen suicida, porque generalmente, cuando se conoce la historia de un suicida donde sus tíos y abuelos también han tomado dicha decisión, en realidad lo que se ha heredado no es el gen suicida, es un desajuste emocional.

Por ejemplo, hoy se sabe hay ciertos tipos de bipolaridad que son muy heredables, por lo tanto si lo tuvo mi padre o mi abuelo, es altamente probable que lo tenga el hijo o nieto.

No hay ninguna predeterminación, hay ciertas condiciones genéticas y otras ambientales, como por ejemplo experiencias que he tenido de niño o situaciones difíciles que uno puede enfrentar en la vida, que desencadeden un suicidio.

La mayoría de las personas que se suicidan presentan una fragilidad en su personalidad y una sensación de no poder lidiar con la existencia.

Suicidio y los trastornos siquiátricos

En general se tiende a “siquiatrizar” el tema, como que sólo las personas con algún transtorno se suicidan, y eso no es así.

Primero hay que distinguir el suicidio que es producto de un trastorno siquiátrico sin tratamiento, de la libertad del ser humano de disponer de su vida, lo que tiene que ver con una mirada más existencial del tema.

De hecho, a lo largo de la historia podemos encontrar a personas que han decidido suicidarse porque no le han encontrado sentido a la vida. Pero son casos excepcionales, la mayoría de los suicidas no toman la decisión por algo existencial, la toma por una vulnerabilidad emocional.

La intención suicida no es “eterna”

Hay momentos de la vida en que estamos más vulnerables, pero cuando pasa ese periodo volvemos a sentir que vale la pena vivir.

Por ejemplo, la adolescencia puede ser un periodo vulnerable. Asimismo, para un hombre quedar mucho tiempo sin trabajo, puede socavar la autoestima, la seguridad en sí mismo; y es muy común que frente a circunstancias medias adversas, como la muerte de un ser querido o una separación, se puedan tener ideas suicidas.

Pero cuando pasa esa situación y se restablece de nuevo el equilibrio emocional, puede pasar que ni se acuerde de sus intentos suicidas.

Hombres concretan más el suicidio que las mujeres

Probablemente por sentido común, el suicidio afectivo es más común en hombres que en mujeres.

Si uno mira bien, la mujer está sometida a mucha más presión que el hombre, porque debe lidiar con la maternidad, por ejemplo, lo que generalmente no ocurre en el caso del hombre.

Sin embargo, los hombres se suicidan más, por un tema cultural, porque todavía no desarrollan bien la capacidad de apoyarse emocionalmente en los demás. La mujer habla mucho de sus sentimientos, mientras que los varones se refieren a lo que hacen y no a lo que sienten.

Entonces, cuando se está frágil emocionalmente, muchas veces no le cuenta a nadie. De esta forma, el hombre tiende a guardarse más su fragilidad que la mujer, y por lo mismo es más difícil ayudarlos.

Esto último tiene que ver con cómo manejamos nuestras emociones y cómo las expresamos. El hombre cuando lo decide, no lo comenta, sino que simplemente lo hace.

Pixabay (CCO)
Pixabay (CCO)

Conceptos para “detectar” pensamientos suicidas

Hay que tener mucha atención a expresiones que aludan a la idea que esa persona está perdiendo la batalla con la vida, y que de alguna razón, se quiere “bajar del mundo”.

No dicen directamente “me quiero matar”, pero hay muchas expresiones que delatan los pensamientos suicidas:

– ‘Me gustaría desconectarme un tiempo’

– ‘Me gustaría desaparecer’

– ‘No puedo más, estoy cansado’

– ‘Siento que no voy a poder, me siento colapsado’

Si necesitas ayuda psicológica especializada o conoces a alguien que la requiera, el Ministerio de Salud tiene un teléfono de ayuda atendida por profesionales todos los días del año y las 24 horas, en el 600 360 7777. Si no tienes saldo puedes pedir que te llamen de vuelta aquí
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