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La apasionante vida y la horrorosa muerte de Dian Fossey, el ángel guardián de los gorilas

National Geographic
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El 26 de diciembre se cumplen 32 años de la muerte de una Dian Fossey, una zoóloga que dedicó su vida al estudio de los gorilas y que cambió para siempre la forma de ver a estas criaturas. Y aunque es recordada por su aporte científico y su defensa de los orangutanes, su muerte sigue siendo el principal misterio de su vida.

Fossey fue encontrada en su cabaña en Ruanda, con el cráneo partido en dos. Horas antes había sido asesinada con una panga (machete), un arma utilizada por los cazadores furtivos, que ella misma había confiscado años antes.

Su cuerpo sin vida yacía junto a su cama y al lado de una escopeta, que claramente no pudo utilizar. Aunque el interior de la casa presentaba señales de lucha, todos los objetos de valor estaban en su lugar, incluyendo su equipo de fotos y cheques de viajero.

¿Quién fue Dian Fossey?

Dian nació en San Francisco, Estados Unidos, en 1932. Tras salir del colegio se graduó en Terapia Ocupacional, y ejerció en el hospital de Kentucky, aunque siempre sintió una pasión especial por la naturaleza de África, eso la llevó a viajar a aquel continente en 1963.

Allí conoció al paleontólogo Louis Leakey, quien estaba completamente dedicado al estudio de fósiles, lo que hizo pensar a Fossey que para comprender la evolución, primero era necesario conocer a los primates.

Poco a poco comenzó a interesarse en la vida gorilas de montañas, animales que se convirtieron en el centro de su existencia. Con una paciencia única, Dian observó y estudió su comportamiento en su hábitat natural, lo que ayudó a cambiar la percepción que la sociedad tenía de ellos.

En esa época no era mucho lo que conocía respecto a estos animales, pero se les consideraba violentos y peligrosos, por las historias contadas por los cazadores de la especie y por películas de Hollywood como King Kong.

Dian Fossey
Dian Fossey

Su aventura comenzó en 1967, cuando Fossey se instaló cerca de las montañas de Virunga en el Congo, lugar donde existía una de las colonias más grandes de esta especie. En ese momento habían más de 475 individuos, cifra que fue cayendo con los años.

Debido al clima político debió trasladarse a Ruanda, concretamente entre el Monte Karisimbi y el Monte Visoke, cerca de las fronteras de Zaire y Uganda. Allí fundaría el Karisoke Research Center -que funcionó entre 1967 y 1980- y donde realizaría la mayor parte de su trabajo.

En este lugar Dian pudo acercarse a los gorilas imitando sus sonidos y comportamiento para ser aceptada por la comunidad. Así pudo notar que dentro de cada comunidad existían grupos o familias liderados por un macho que resguardaba al resto.

“El gorila es uno de los animales más difamados del mundo”, escribió Fossey en un artículo para National Geographics. “Después de más de 2.000 horas de observación directa, puedo dar cuenta de que menos de cinco minutos de ellos es lo que podría llamarse comportamiento ‘agresivo"”, afirmó.

Ian Redmond
Ian Redmond

Pero no sólo el conocimiento del comportamiento de estos animales llenó su vida. También intentó protegerlos a como diera lugar, luchando con todas sus fuerzas contra la caza ilegal que los amenazaba.

Fossey odiaba a los cazadores y luchó contra ellos toda su vida. Para proteger a los simios, puso trampas en los alrededores para capturarlos e interrogarlos, incluso se dice que compró máscaras para que los aldeanos creyeran que era una bruja y no se acercaran a molestar a los simios.

También se peleó con todo aquel que intentara perjudicar a los animales, llegando a enfrentarse con el mismo Gobierno de Ruanda, a quienes acusó de corruptos.

“Su amor por los gorilas y su odio hacia los cazadores furtivos realmente influyeron en su comportamiento, y algunas personas piensan que eventualmente se interpuso en el camino de la gestión racional del centro de investigación”, señaló a BBC la primatóloga Kelly Stewart, quien trabajó con Fossey durante un tiempo.

Su furia contra ellos aumentó cuando asesinaron a Digit, un gorila con el que tenía una conexión especial. Se comunicaban de tal forma, que el animal le permitía tocar a sus crías, algo que nunca antes había podido hacer.

Dian y DIgit
Dian y DIgit

Digit fue decapitado mientras intentaba defender a su familia. Los cazadores cortaron sus manos y luego las vendieron por 20 dólares.

“Para mí, este asesinato fue probablemente el evento más triste en todos mis años de compartir la vida cotidiana del gorila de montaña”, escribió Fossey en un artículo de 1981 en National Geographic.

El asesinato de Digit caló hondo en Dion, quien se sumió en una depresión. Se aisló en su cabaña donde bebía más de la cuenta y pocas veces se comunicaba con sus colegas, con quienes tampoco tenía una buena relación.

Stewart y muchos otros científicos que trabajaron con ella, aseguran que Dian no tenía una personalidad fácil de llevar. Aunque era bastante tímida, tenía un carácter fuerte y volátil. “Exigía total lealtad, pero nunca se sabía si iba a amarte u odiarte ese día. Podía ser muy encantadora, muy divertida y muy solidaria. Y luego podía volverse contra ti”, agregó Stewart.

Su comportamiento hizo que fuera ganando enemigos poderosos, especialmente luego de culpar a las autoridades de mandar a matar a Digit, para atraer publicidad. Y aunque el hecho generó impacto y se reunieron fondos para salvar a los gorilas, la mayor parte del dinero fue a parar a otras formas de protección, como la creación de películas para crear conciencia sobre el peligro que vivían.

Dian, que se encontraba en las montañas viviendo con los gorilas, quería que los fondos y los esfuerzos fueran destinados a proteger a la especie que ella observaba, especialmente a encarcelar a los cazadores, por lo que creía que las campañas eran una perdida de tiempo.

National Geographic
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Un final inesperado

El 26 de diciembre de 1985, Dian fue atacada brutalmente en su cabaña. Su cráneo fue partido en dos y su cuerpo, llenó de moretones y heridas, yacía junto a una escopeta con municiones equivocadas. Su casa estaba desordenada como si hubiesen buscado algo, pero todos los objetos de valor se encontraban en el lugar.

En un primer momento se sospechó de los cazadores furtivos, con quienes tanto luchó Dian, sin embargo, dicha idea la descartaron sus colegas. “Lo último que querían era un enfrentamiento. Creo firmemente que, aunque nadie tiene pruebas, no se trataba de cazadores furtivos. Los cazadores eran gente rural con pocos medios y no conocían el campamento lo suficiente como para ser una amenaza para ella”, aseguró Amy Vedder, otra de las compañeras de la víctima.

Otros, en tanto, sospechan que pudo ser una conspiración del gobierno debido a las constantes acusaciones de Fossey, así como su oposición al turismo en la zona, el cual utilizaba su nombre e investigaciones para atraer más público.

Según Stewart, Fossey sabía que su vida estaba en peligro por lo que siempre dormía con un arma cerca de su cama. De hecho, a muchos les sorprendía que no la hubiesen querido matar antes. “Realmente tenía enemigos, su comportamiento podía ser extremo, y cosas violentas suceden en esa parte del mundo”, agregó.

Lo único cierto, es que en 1986 Wayne Richard McGuire, un científico norteamericano que estudiaba bajo la tutela de ella, fue declarado culpable en ausencia por la muerte de Fossey, en Ruanda.

National Geographic
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Según el tribunal africano, un supuesto testigo habría inculpado al hombre y habría señalado que quería apropiarse del manuscrito de la secuela de Gorilas en niebla, el best seller que escribió la zoóloga en 1983.

Los investigadores aseguraron que el hombre no estaba feliz con su propia investigación, por lo que pretendía usar “cualquier forma deshonesta” para completar su trabajo.

McGuire no estaba en el país africano al momento del juicio, y como Estados Unidos no tiene tratado de extradición con Ruanda, permanece en libertad. Siempre se ha declarado inocente y asegura que nunca hubo pruebas contundentes en su contra.

Secretos en la niebla

Por estos días Nat Geo trabaja en un documental sobre la muerte de Dian. Secrets in the mist es el nombre del trabajo que es narrado por Sigourney Weaver, quien en 1988 interpretó a Fossey en la versión cinematográfica de Gorilas en la niebla.

“A su manera, Dian es un personaje extraordinario, un personaje muy inusual, una mujer que pudo, por sí misma, hace 20 o 30 años, ir a África sola, sin ningún tipo de apoyo y montar un campamento. Fue la primera persona en interactuar realmente con estos gorilas, la primera en observarlos y documentar su comportamiento y sus hábitos, de los que nunca hubiésemos sabido nada, de no ser por ella”, señaló a BioBioChile James Marsh, productor ejecutivo de la producción y director de la galardonada cinta La teoría del todo.

“Debido a su carácter extraordinario, ella estaba muy comprometida con lo que hacía. Nuestras películas muestran dónde eso la condujo al final (…) Es una historia muy triste en cierto sentido, pero también tiene aspectos positivos. Como cineasta siempre me atraen este tipo de historias con estos personajes muy extraños, muy extraordinarios”, sentenció.

La miniserie de tres episodios, ofrece un relato íntimo de la vida y el legado de Dian después de su violento asesinato. La serie se estrena en enero y saldrá al aire a nivel mundial en 171 países y en 45 idiomas.

“El director del film, Ira Hayes, pasó tiempo hablando con gente que era cercana a Dian cuando estuvo en África. También con Wayne McGuire, que era un investigador en el campamento durante los últimos meses de su vida, y fue testigo de las secuelas de su asesinato, de hecho, fue acusado de estar involucrada en su muerte. Su entrevista, su testimonio, creo, es una perspectiva muy nueva sobre lo que sucedió”, comentó Marsh.

“No creo que lleguemos a conocer realmente a las personas responsables del asesinato y la muerte de Dian, pero sí creo que la película ha presentado algunas teorías interesantes y nos damos cuenta en gran medida de los detalles de las circunstancias de su muerte y quién puede ser responsable de eso. Es una historia muy inquietante y oscura”, sentenció.

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