Cultura


Chupalla de Ninhue: Un símbolo patrio que quiere salir al mundo

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La Fundación para la Innovación Agraria y la Universidad de Chile se propusieron agregar valor a este ícono de la identidad nacional, dando inicio a un proyecto que contempla la obtención de la Denominación de Origen y su reconocimiento como artesanía de nivel mundial.

Valorizar la cadena productiva de la tradicional chupalla de Ninhue, es el principal objetivo que persigue el proyecto liderado por la Fundación para la Innovación Agraria (FIA) y la Facultad de Ciencias Agronómicas de la Universidad de Chile, y que cuenta con la participación activa de los agricultores y artesanos del Valle de Itata, en la región del Biobío.

La iniciativa, dada a conocer ante autoridades y actores regionales, contempla diversas acciones tendientes a optimizar el funcionamiento de cada uno de los eslabones que componen esta cadena, que va desde la producción de trigo hasta la elaboración de las famosas chupallas que coronan la estampa de los huasos corraleros.

Según explica la coordinadora del proyecto, Paola Silva, “en una primera instancia se recuperarán, caracterizarán y difundirán las variedades locales de trigo para la fabricación de las cuelchas (trenzas de paja con las que se confeccionan las chupallas), y se revalorizará el oficio de las colchanderas (mujeres que las fabrican), actualmente ‘en peligro de extinción’ y que ahora podrán incrementar sus ingresos al aumentar el volumen de cuelcha fina”.

Paralelamente se trabajará con los chupalleros, fortaleciendo la comercialización de sus productos, que hoy se observa débil y carente de estrategias innovadoras.

Por eso, durante la ceremonia de lanzamiento se presentó el sitio web www.chupallasycuelchas.cl, que actualmente ofrece información histórica y cultural, y que en un futuro próximo será una plataforma de comercialización electrónica.

“Creemos que con estas acciones y herramientas, las colchanderas y chupalleros estarán en condiciones de agregarle competitividad y sustentabilidad a su arte”, señala Silva.

“Nuestros desafíos van desde insertarlos en el mercado mundial de artesanías –especialmente en las tendencias de ecodiseño y storytelling o productos con historia– hasta crear una ‘imagen país’ que permita posicionar la marca Chupallas de Ninhue en los circuitos de turismo cultural”.

Denominación de origen

El proyecto es una de las 14 propuestas favorecidas por el “Concurso nacional de innovación para la agricultura familiar: Valorización del patrimonio agrario, agroalimentario y forestal 2015”, de la Fundación para la Innovación Agraria, institución que se ha propuesto sacar a la luz y relevar la riqueza cultural que encierran los productos que nacen de las entrañas de nuestro territorio.

“Por eso, un elemento muy relevante de este proyecto es la protección de la marca ‘Chupallas de Ninhue’, la cual será resguardada a través de la obtención de la Denominación de Origen. Asimismo, se mejorará su comercialización gracias a la generación de alianzas estratégicas (por ejemplo, con viñas boutique) y una mayor difusión de este patrimonio”, detalla el director de FIA, Héctor Echeverría.

La autoridad agrega que el área y los rendimientos de los cultivos en el secano de la Cordillera de la Costa han disminuido de manera considerable en los últimos años, especialmente los manejados por la agricultura familiar campesina. “Por eso, el rescate, valorización y perfeccionamiento de los saberes ancestrales, constituye una gran oportunidad de innovación tendiente a aumentar la rentabilidad económica, la sustentabilidad y la calidad de vida de estos sistemas agrícolas”.

Considerada “Patrimonio Cultural Inmaterial de la región del Biobío” (SIGPA, 2015), la práctica artesanal de colchanderas y chupalleros se ha traspasado de generación en generación, encontrándose los primeros antecedentes a fines del siglo XVIII, y en la actualidad se estima que el 70% de la población de Ninhue trabaja directa o indirectamente en esta actividad.

Según comenta el presidente de la Asociación de Artesanos de Ninhue, Rafael Montecinos, la tradición chupallera ha persistido en el tiempo en gran medida gracias a los agricultores de Trehuaco, Ninhue y Quirihue, quienes durante décadas se han esmerado en mantener las variedades de trigo específicas para la elaboración de las trenzas de paja. “Pero, de igual modo, la pérdida de estas variedades locales ha sido inevitable”, lamenta.

Hoy sin embargo, productores y artesanos visualizan un promisorio futuro gracias a la incorporación de estrategias de innovación, que se espera resulten clave para la supervivencia y valorización de este arte centenario. “Tenemos grandes expectativas, y el hermoso desafío de llevar un pedacito de nuestra identidad a cada rincón del planeta”, concluye Montecinos.

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