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Test de inteligencia: ¿nos están engañando desde hace más de un siglo?

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Al ser humano le obsesiona cuantificar. La idea es seductora. Con frecuencia, útil. Los números ayudan a tomar la mejor decisión, ilustran inobjetablemente los problemas, dan o quitan la razón, inculpan o liberan. La cuantificación es el lenguaje común del mundo moderno. Incluso en la política. Cierta vez, Jorge Luis Borges dijo que la “democracia es un abuso de la estadística”. ¿Qué son, sino, los votos?

La manía de contar, de empaquetar la realidad en números, llegó al extremo de cuantificar lo intangible. Así sucedió a la inteligencia. ¿Cómo saber quién es más listo? ¿Cómo comprobarlo “científicamente”? Hacia principios del siglo XX los científicos alemanes pensaron descubrirlo.

Williams Lewis Stern, filósofo y psicólogo berlinés, acuñó hacia 1912 el término coeficiente intelectual (CI). Tras una breve adaptación en universidades norteamericanas, el concepto se volvió el medidor común, la regla aceptada, para sondear la inteligencia humana. Con el “adelanto”, la capacidad del individuo quedó estampada con exactitud: una cifra, la nota de las pruebas cognitivas.

Así, durante décadas, los test de inteligencia impusieron su ley. Eran (y aún son ocasionalmente) la barrera para obtener un trabajo, entrar a la universidad, superar un examen de admisión. Motivo de orgullo los altos CI. Los bajos, de escarnio. Los normales, rotulados con el mote de mediocridad. Hasta que en 1983 Howard Gardner dio un golpe en el tablero y viró las fichas.

La osada teoría de las “inteligencias múltiples”

¿Puede un niño que apenas aprueba matemáticas, español y ciencias ser un genio? Parece contradictorio, pero la respuesta es sí. En el colegio Las Heras, en el Rosario de la década de 1990, un chico saca sufridos 6 en las materias más serias. Un futuro poco promisorio, le auguran. Su nombre es Lionel Andrés Messi.

El caso del astro argentino, como el de tantos personajes, encuentran explicación en la Teoría de las Inteligencias Múltiples, propuesta en 1983 por Howard Gardner, entonces un poco conocido profesor de la Universidad de Harvard.

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Para Gardner, la inteligencia es “una red de conjuntos autónomos, relativamente interrelacionados”, que se activa o no “en función de los valores de una cultura determinada, de las oportunidades disponibles en esa cultura y de las decisiones tomadas por cada persona y/o su familia, sus enseñantes y otros”, según se lee en su ya clásico libro Multiple inteligences.

El psicólogo afirma una tesis polémica: no existe una inteligencia, sino ocho. Y alcanza a identificarlas:

• Inteligencia lingüística (referida a la capacidad del uso del lenguaje).

• Inteligencia lógico-matemática (asociada al razonamiento).

• Inteligencia espacial (alude a la capacidad de comprensión del espacio).

• Inteligencia musical (además del componente artístico, vinculado a los sonidos en general).

• Inteligencia corporal y cinestésica (coordinación de movimientos corporales).

• Inteligencia intrapersonal (contempla el dominio de las emociones).

• Inteligencia interpersonal (capacidad de desenvolverse en el entorno social).

• Inteligencia naturalista (competencia para subsistir en el medio ambiente de manera eficaz).

Este nuevo enfoque, que ha tardado tiempo en cimentarse, derriba el mito de la inteligencia unitaria. Las pruebas de coeficiente intelectual, habitualmente centradas en una o dos habilidades, distorsionan la verdadera capacidad del individuo. ¿Quién que viera las notas de Messi, por ejemplo, hubiese previsto que sería un genio?

¿Es la humanidad más inteligente?

Sí. Según los test globales de medición. Desde 1940, el promedio de CI aumentó más de tres puntos porcentuales en los países ricos, y cerca de 10 en los subdesarrollados, según la American Psychological Association (APA). Los resultados, ¿necesariamente aseguran el crecimiento de la inteligencia mundial?

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Los investigadores de la Universidad Western (Canadá) y el Museo de Ciencia de Londres opinan que no. Para sostener su tesis realizaron el “mayor estudio de medición de inteligencia en la historia”, publicado en diciembre de 2012 en la revista Neuron. Sometieron a 100 mil voluntarios de todo el mundo a pruebas psicométricas en internet. “Los test psicométricos son altamente engañosos”, concluyó el equipo de investigación.

“Durante un siglo, los psicólogos han creído que podemos reducir las diferencias de las habilidades cognitivas a un sólo número conocido como coeficiente intelectual. ¿Pero un solo número realmente representa la capacidad de un individuo para recordar, razonar y pensar? La respuesta es un enfático no, según lo mostró el mayor experimento que se ha realizado con varias decenas de miles de personas”, recalcó el doctor Adam Hampshire, uno de los autores del estudio.

Las fallas de los test habituales, según se desprende de la investigación, es que no contemplan la compleja naturaleza del intelecto humana. Los académicos de la Universidad Western y el Museo de Ciencia de Londres han pretendido validar, con experimentos, la teoría de Gardner de la Inteligencia Múltiple.

Quizás sin proponérselo, otros como Manuel Francisco dos Santos (Garrincha), o Lionel Messi, la comprobaron en las canchas de fútbol.

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