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Crítica de Teatro: “Jardín”, más espinas que rosas

Teatro UC
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El extraordinario valor e importancia como referencia de vida que le da la protagonista al jardín que modeló con sus propias manos resulta el factor especial en este montaje.

Porque para la viuda, este pequeño y colorido espacio de su departamento equivale a la línea entre la vida y la muerte literal, y lo que simboliza la memoria familiar.

En realidad, alude a existencia o extinción: salir del hogar, incluso, a un sitio con la más hermosa vista, será para ella como ser abandonada en un asilo de ancianos.

Ese desarraigo vital en conexión con la pérdida del entorno que la hacía feliz resalta claramente en “Jardín”, dirigida por Héctor Noguera, sobre la adaptación de Emilia Noguera de la novela homónima de Pablo Simonetti.

Un conflicto típicos trae esta historia. A una familia acomodada llega la peor crisis cuando, luego de la muerte del padre, dos de los tres hijos presionan a la madre para que acepte una oferta millonaria por el departamento familiar.

Lo que hace emerger conductas ambiciosas, argumentos insidiosos y estrategias de seducción y aplastamiento para justificar la venta, y menosprecio de los recuerdos que se confrontan con la posición de la viuda a no vender que, poco a poco, se va debilitando, la reacción del menor de la familia que solidariza con su madre y sufre la discriminación por ser gay, y la actitud aparentemente neutral de la hermana.

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Valores y sentimientos

Convencional en su estructura, la obra se desliza suavemente, tal vez con cierta violencia larvada, con la dirección de Héctor Noguera, quien asume la importancia que el texto le atribuye al jardín como ícono de una historia personal y familiar.

Con esa seguridad, modula las conductas de los hermanos: uno, agresivo, moderno y pragmático, sirve de enlace para que un amigo de ética sospechosa proponga la compra en nombre de la inmobiliaria. Incluso, desprecia un regalo que la madre les dio a sus hijos, como una manera de proyectar la memoria de la familia.

Dato importante porque coincide con una propuesta que describe visiones concretas y cotidianas sobre la vida en un texto que se apoya en conflictos contemporáneos y busca hacer dialogar a las personas con las incertidumbres sobre la identidad, la pertenencia, la memoria y la (in) tolerancia frente a la diversidad, entre otros temas.

De este modo, los avezados actores y actrices del elenco (Carmen Disa Gutiérrez, Francisca Imboden, Cristián Campos y Álvaro Espinoza) transportan personajes sin mayores complejidades que pasan de la novela a la vida escénica, según la adaptación de Emilia Noguera.

Una obra donde lo personal e íntimo emana de una mujer viuda, adulto mayor que defiende su identidad y la sencillez de la memoria familiar que ha construido en 40 años de convivencia
-muy bien reflejado en la actuación de Blanca Mallol- al interior de un espacio escenográfico y de iluminación creado por el talentoso Cristián Reyes.
 

Teatro UC. Jorge Washington 26.
Miércoles a Sábado, 20.30.
Entrada General $ 8.000; Adulto mayor $ 5.000; Estudiantes y miércoles $ 4.000.
Hasta el 3 de diciembre.

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