Artes y Cultura


Crítica de Teatro: "Los tristísimos veranos de la princesa Diana", un juego extraño

Nicolás Calderón
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Entre las diversas y contrapuestas definiciones de la historia del teatro sobre el género grotesco, aquí se opta por una mixtura que recoge lo cómico y ridículo en un envoltorio de elegante diseño y el formato de un cuento para adultos.

La obra sigue la regla de mezclar elementos variados y extraños, más algo de caricatura, una cuerda que, a través de la risa, libera emocionalmente al espectador y busca acentuar el llamado a transformar la realidad.

Una opción para abordar la temática de género de la dramaturga Carla Zúñiga (“Historias de amputación a la hora del té”, “Prefiero que me coman los perros”, “La trágica agonía de un pájaro azul”) y el director Javier Casanga.

Ambos integran la compañía La Niña Horrible, cuyo elenco lo componen David Gaete. Maritza Farías, Carla Gaete, Coca Miranda, Italo Spotorno, Omar Durán, Alonso Arancibia, Sebastian Ibacache y Carolina Pinto.

Con la vida, pasión y muerte de Diana de Gales como referencia, esta propuesta la protagoniza una princesa medio dopada y muy confundida, prisionera en un castillo.

Sebastián Escalona
Sebastián Escalona

Todo lo que la rodea parece ser una conspiración para castigarla, volverla loca o provocar su muerte, entre cuyos agentes están sus dos sirvientas que la engañan y manipulan.

A ello se suman el diseño escenográfico de Sebastián Escalona, cuidadoso y efectivo como el vestuario y maquillaje de Elizabeth Pérez, y la música envolvente de Alejandro Miranda.

También personajes que, más allá de su sentido original, equivalen a otras amenazas para hacer la vida de la joven algo cada vez más difícil de soportar.

Es un maltrato elegante y cuidadoso en su habitación-cárcel, para aterrorizarla y jugar con su mente, lo que acentúa su distorsión de la realidad.

La obra fue escrita y montada por encargo de Espacio Diana y el British Council para recordar las dos décadas de la muerte de Diana de Gales.

Maraña de emociones

Un tejido insalvable construye la obra en torno a la protagonista, la que siempre se mantiene en un equilibrio inestable, igual que la obra en su conjunto, debido al formato elegido.

Se mueve entre la comedia negra y lo trágico, entre vida y muerte, con manotazos de liberación en medio de la telaraña de la sociedad que ofrece-obliga a la mujer ser princesa-esclava.

Aunque David Gaete entrega un dolor íntimo a través de un cuerpo desvencijado, la opción de ser interpretada por un hombre no alcanza a justificarse plenamente.

Sin embargo, es interesante que la directora no masculinizara la kinética de Diana, opción de mujeres que luchan por ocupar su propio lugar en el ambiente machista cotidiano.

Aunque valiosa la iniciativa de abordar temas de género, en una época de confrontaciones y algunos avances, en esta propuesta predomina lo formal -asociado a la capacidad de crear imágenes significativas-, más que un punto de vista que alumbre rincones oscuros o desconocidos de un personaje y/o un tema.

Espacio Diana. Arturo Prat 435. Jueves a sábado, 20.30; domingo, 19.00 horas. Entrada general $ 6.000; estudiantes y tercera edad $ 3.000. Hasta el 10 de Septiembre.

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