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El Papa pide a mil confesores que devuelvan al redil a las ovejas descarriadas

ARCHIVO | Abbas Momani | AFP
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El Papa Francisco pidió a mil confesores de todo el mundo que devuelvan al redil a las ovejas descarriadas de la Iglesia Católica, los creyentes que se han alejado de la institución por sus mensajes de condena demasiado severos.

A partir de este miércoles y durante todo el Año Santo que termina en noviembre, estos “misioneros de la misericordia”, un total de 1.142 sacerdotes y religiosos en todo el mundo, tendrán que compaginar sus tareas habituales con la de predicar el perdón y confesar a los creyentes.

Para ello tienen la autorización de absolver pecados como la apostasía, la profanación de la Eucaristía o los ataques contra el Papa, algo que normalmente sólo puede hacer el Vaticano. También podrán absolver el pecado del aborto, algo que algunos sacerdotes ya estaban habilitados a hacer.

“Es un símbolo muy potente”, asegura Marcello Ghirlando, un franciscano maltés de 53 años de amplia sonrisa. “Dios siempre nos perdona si vamos hacia él con el corazón limpio y arrepentido” asegura.

“No es que digamos ‘el aborto es genial, todo el mundo tiene que hacerlo’. Matar a una persona humana sigue siendo pecado pero intentamos ser misericordiosos y compasivos y tendemos una mano a los que se han alejado a causa del aborto”, explica por su parte Thembalethu Mana, un sacerdote sudafricano de 39 años.

El objetivo del Papa es acabar con los confesores demasiado severos que condenan a los creyentes con una mirada o hacen preguntas a veces indiscretas.

“Estáis llamados a expresar la maternidad de la Iglesia”, explico Francisco el martes al recibir a unos 700 confesores, que empezarán oficialmente su misión este Miércoles de Cenizas, el día que marca el inicio del periodo de cuaresma.

“No lo olvidéis, no tenemos ante nosotros un pecado sino un pecador arrepentido que quiere dejar de serlo pero que no lo consigue”, dijo el Papa invitando a los misioneros “a cubrir al pecador con una manta de misericordia para que deje de sentir vergüenza y pueda volver a encontrar la dicha”.

“Es una oportunidad para regresar para las personas que pensaban que estaban alejadas del perdón de Dios por una razón u otra, para ser cercanos y comprensivos”, dice Joseph Hlubik, un sacerdote estadounidense de 62 años.

Algunos de los confesores han tomado iniciativas originales, como viajar a Canadá para confesar a los esquimales, recorrer Australia en autocaravana o viajar a países como China, Líbano o Burundi.

Sin embargo la mayoría trabajarán en sus países y en su diócesis, aunque pueden desplazarse si se lo piden sus obispos.

Es el caso de Xavier Lefebvre, de 49 años, que se quedará en su parroquia de Saint Louis d’Antin, en París, y que no se considera como un “superconfesor”, aunque reconoce que “siempre es una alegría ser un confesor y tener la confianza del Papa para este ministerio”.

El Papa recordó también que no se puede otorgar el perdón a todo el mundo y pidió que sólo confiesen los que se sientan realmente capacitados para ello.

“Los que no se sientan capaces de hacerlo deben tener la humildad de decirse: ‘No, yo celebro la misa, limpio, lo hago todo pero no confieso porque no sé hacerlo bien”, afirmó.

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