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“La gente confunde las cuestiones climáticas con el tiempo que va a hacer mañana”

La científica Valerie Masson-Delmotte, en la COP21 en París. | Adeline Marcos (Sinc)
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La científica francesa Valerie Masson-Delmotte estudia el pasado climático de la Tierra, una historia del mundo que ayuda a hacer estimaciones sobre qué pasará con el calentamiento global de nuestro planeta en el futuro. A través de la divulgación, Masson-Delmotte desmonta falsos mitos sobre el clima y acerca su trabajo al gran público. Estos días participa además en la cumbre del clima de París como codirectora del Grupo de trabajo I del Panel Intergubernamental del Cambio Climático.

Ganadora en 2013 del premio Irène-Joliot-Curie a la científica del año y en 2015 del Martha T. Muse Prize por sus trabajos sobre la Antártida, Valerie Masson-Delmotte es investigadora en el Laboratorio de Ciencias del Clima y el Medioambiente, y autora de varias publicaciones de divulgación sobre el clima y las expediciones polares.

- Por su experiencia como divulgadora y autora de un libro sobre verdades y mentiras climáticas, ¿qué mitos son los más extendidos sobre el clima?

Hay muchísimos. El clásico malentendido es entre los conceptos de tiempo y clima. La gente confunde las cuestiones climáticas con el tiempo que va a hacer mañana. Como que si un día nieva y las personas puedan tender a pensar que por este hecho ya no existe más calentamiento global. Esta es la diferencia entre el tiempo local en el corto plazo y el sistema climático, que aparece en una escala global a largo plazo.

- ¿Y en concreto del cambio climático?

Existen otros mitos como si es realmente excepcional este calentamiento en una perspectiva de tiempo. Mucha gente cree que lo que ocurre hoy no es importante ni peligroso, y que ya se ha dado en el pasado. Como especialista en paleoclimatología sé que también es popular pensar que a Groenlandia [Greenland en inglés] se le llamó tierra verde porque en la Edad Media, cuando llegaron los vikingos, era todo de ese color. En realidad se le puso ese nombre para atraer a la gente del norte a vivir en esa región. Existen muchos datos de que en aquel momento esta isla era prácticamente como ahora. También he publicado libros sobre 30 preguntas frecuentes sobre la ciencia del clima y los métodos que utilizamos para estudiarlo. Creo que es fundamental explicar cómo hacemos nuestro trabajo para que la gente entienda cómo tenemos estimaciones sobre el futuro climático.

- ¿Cuál es su papel como experta del Panel Intergubernamental del Cambio Climático en esta cumbre de París?

Yo soy observadora, no formo parte de ningún equipo de negociación, tampoco de mi propio país, porque el IPCC tiene el deber de ser neutral y también políticamente relevante, ofrecer los mejores datos de la ciencia para informar a los responsables políticos. Lo que puedes ver, por ejemplo, del último borrador del pasado sábado, resultado de las negociaciones, es que esta política está impulsada por los escenarios científicos, especialmente a la información aportada por el IPCC. Pero a su vez, los objetivos políticos de los 2 ºC o 1,5 ºC los eligen ellos, no es algo que esté determinado por los científicos.

- Los 2 ºC es un objetivo que se estableció en Copenhague, ¿por qué está sobre la mesa de negociaciones una u otra cifra?

Es una opción basada en los estudios de vulnerabilidad. Algunos de los puntos que están siendo discutidos en esta COP21 es una verificación de los compromisos de los diferentes países a las contribuciones previstas y determinadas a nivel nacional (INDCs, por sus siglas en inglés), esto significa que cada país tiene que confiar en los demás y tener metodologías comunes. El IPCC provee además unas reglas generales sobre las metodologías para reportar las emisiones de efecto invernadero y además cada gobierno las utiliza para monotorizar el CO2.

- ¿Los países cumplen con estos reportes?

Deben hacerse de una forma coherente, con las mejores prácticas. Uno de los resultados del primer borrador del acuerdo fue preguntar al IPCC que generara un estudio especial sobre el 1,5 ºC como objetivo a largo plazo, cuáles serían los impactos y las vías compatibles con estos compromisos. Esto implica que el último informe de evaluación de 2014 no estaba suficientemente centrado en este aspecto y quieren tener más datos sobre el escenario de un calentamiento mínimo.

- Cuál es su opinión al respecto, ¿es un objetivo suficientemente ambicioso?

Solo algunas de las simulaciones que realizamos son compatibles con un límite del aumento de las temperaturas del 2 ºC. Más escasas aún son las que se han hecho con 1,5 ºC. Aún es posible tener un calentamiento menor de esta última cifra, pero esto tiene implicaciones en el carbono, también para las emisiones de los aerosoles y, por último, para los usos de la tierra. Algunos de las opciones socioeconómicas compatibles con el calentamiento de menos de 2 ºC incluyen la capacidad de la biomasa y la captura de carbono.

- ¿Es realista que no se alcancen esas cifras de calentamiento global si no se detienen las emisiones desde ya?

Existe un desafío de realismo sobre algunos de estos escenarios. En esto el IPCC tiene que ser más claro sobre las implicaciones, las vías y las incertidumbres. Puedo decir, como científica, que lo que yo prefiero es que el informe se centre en cuáles son los impactos de alcanzar un calentamiento de 1,5 ºC, 2 ºC, 3 ºC para tener una fotografía de cómo será el mundo a largo plazo en las diferentes regiones, según las metas y en función de los riesgos.

- ¿Con qué tipo de acuerdo acabará esta COP21?

La dimensión universal del acuerdo es necesaria. Del número de países que ha informado sobre sus INDCs, algunos están muy avanzados, otros son más superficiales. En la dimensión de la mitigación y de la adaptación son cruciales las políticas climáticas de los gobiernos para minimizar las vulnerabilidades. Creo que está siendo bastante satisfactorio, pero también existen muchas cuestiones abiertas como los objetivos a largo plazo –que aún no los tengo claros–, las diferentes etapas de los compromisos o los fondos para los países en desarrollo para la transferencia tecnológica y la adaptación. Lo que no está completamente decidido tampoco es cómo va a ser la dinámica de ese acuerdo. Sabemos que el Protocolo de Kioto no funcionó porque no era flexible, no existía un proceso de revisión. Más que las promesas, lo más importante es precisar la monitorización de las emisiones y la transparencia.

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