El 5 de agosto de 2010 pudo haber quedado marcado en la historia como el día en que ocurrió una gran tragedia en el sector minero. Pero el destino o la prevalencia de la vida hizo que no fuera así.

Hace exactamente cinco años, después la hora del almuerzo en la faena, un derrumbe en la Mina San José –yacimiento ubicado a 30 kilómetros al noroeste de la ciudad chilena de Copiapó, en la región de Atacama- bloqueó la única salida y atrapó a 33 mineros que trabajaban en su interior, a casi 700 metros de profundidad.

Tras el desplome sólo reinaba el desconcierto. Las autoridades chilenas tardaron en dar a conocer el hecho para no alarmar a familiares y a los medios de comunicación. Sin embargo, horas más tarde, el rescate de los trabajadores no sólo se convertiría en una prioridad nacional, también mundial.

Incluso, el Presidente de la República de Chile de aquel entonces, Sebastián Piñera, canceló su visita a la asunción del poder de Juan Manuel Santos como Jefe de Estado de Colombia para dirigir personalmente las tareas de salvamento.

ARCHIVO | Martin Bernetti | AFP

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En el segundo día de búsqueda, las esperanzas de encontrarlos con vida se tornaban más remotas. Un derrumbe en la chimenea de ventilación de la mina dificultaba las labores de sacar a los mineros de las entrañas de la tierra con vida.

El ministro de Minería, Laurence Golborne, reflejaba en sus palabras el escepticismo generalizado.“Son escasas las probabilidades de encontrar a los mineros con vida”, un duro golpe que provocó la desazón de los familiares quienes a esas alturas había levantado un campamento en la cercanías del yacimiento, conocido como el “Campamento Esperanza”.

Los días corrían lentamente, y a una semana del derrumbe todavía no existían avances en las labores de búsqueda, ni señales de vida. ¿Estarían muertos? Esa era la pregunta que rondaban en la cabeza de todos los chilenos, cuestionamiento que muchos no podían evitar responder con una afirmación.

El milagro del día 17: “Estamos bien, en el refugio los 33”

Tras 14 días de búsqueda, las autoridades tomaron la decisión de poner en marcha un novedoso plan que consistía en contactar a los mineros a través de una sonda que traspasó 688 metros de profundidad cumpliendo el objetivo. El 22 de agosto, 17 días después de la tragedia, llegaban las primeras buenas noticias.

Lo primero que se encontró al extraer el ducto fueron unas marcas de pintura roja, primera prueba de que en las profundidad de la mina había vida.

La sospecha se confirmó minutos después cuando el personal que operaban la máquina advirtió que envueltos en un plástico y sujetados con unas gomas al interior de la sonda había dos mensajes. Uno de ellos lo enviaba uno de los trabajadores a su esposa.

El otro, “Estamos bien en el refugio los 33”, confirmaba el milagro. ¡Todos los mineros estaban vivos!

ARCHIVO | Mario Dávila | Agencia UNO

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La nueva fue celebrada por los operadores -que durante 33 días perforaron la mina incansablemente-, por autoridades y familiares quienes se fundieron en un abrazo lleno de alegría y confianza.

Los 33 mineros estaban con vida. Ahora la tarea era igual o más compleja que la anterior: sacarlos de las profundidades de la tierra.

Con el correr de los días, las autoridades chilenas centraron los esfuerzos en conocer el estado de salud de los mineros, buscar la manera de alimentarlos y mejorar las condiciones al interior de la mina.

Enviaban comida y medicamentos a través la sonda y, además pudieron establecer el primer contacto telefónico con el ministro de Minería, Laurence Golborne.

La primera inquietud de los trabajadores del cobre fue saber si algún otro compañero estaba atrapado, y al conocer que todos estaban en perfectas condiciones, los aplausos y la entonación del himno de Chile no se hizo esperar, convirtiéndose este suceso en uno de los más emotivos a lo largo de los 69 días bajo tierra.

El 26 de agosto se difunde el primer video filmado por los mineros. En él, aparecen con largas barbas y bastante más delgados. El documento muestra el interior de la mina y el relato de los trabajadores tras 21 días de encierro.

En las profundidades palpitaba la vida y la esperanza, al igual que en el campamento. Sin embargo, lentamente se suscitaban otros inconvenientes como el estrés y el aburrimiento, aunque, todo quedaría atrás con el inicio de los trabajos de rescate.

La perforación de la mina

Expertos en minería de todo el mundo e incluso de la NASA llegaron a Copiapó para poder determinar cuál sería la mejor forma de realizar la perforación para rescatar sanos y salvos a los mineros. La determinante acción fue bautizada como “Operación San Lorenzo”, en honor al santo patrono de los mineros.

ARCHIVO | Martin Bernetti | AFP

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Se idearon tres planes. El “Plan A”, estaba a cargo de la perforadora Strata 950, la que se situó cerca a la chimenea de ventilación, en la parte más alta del cerro, en posición vertical al refugio. Ésta perforó un ducto de 33 cm de ancho para luego ampliarlo a un diámetro de 66 cm, espacio suficiente para ingresar a una persona por el mismo e izarla hasta la superficie.

El “Plan B” estaba a cargo de la máquina Schramm T-130, la que se utilizaba generalmente para llegar a pozos de aguas profundos y, el “C”, consistía en la creación de un tercer conducto alternativo efectuado por una petrolera RIG-421

Finalmente llegó el día esperado. El sábado 9 de agosto, a eso de las 8 de la mañana y tras 33 días de excavación, la máquina perforadora del “Plan B” logró llegar hacia donde aún se encuentra el taller de la mina, cavando la increíble distancia de 622 metros.

El rescate de los mineros era cuestión de días, quizás de horas.

Los ojos del mundo puestos en Chile

El 13 de octubre de 2010, todas las miradas estaban todas puestas en la región de Atacama al norte de Chile, donde 32 chilenos y un ciudadano boliviano resurgirían desde las profundidades más indómitas de la tierra.

ARCHIVO | Martin Bernetti | AFP

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Exactamente a las 00:11, volvía a la superficie en la “Fénix II” -capsula diseñada por la Armada de Chile, en colaboración con la agencia espacial estadounidense NASA- Florencio Avalos, quien fue saludado por sus familiares y el Presidente de la República, para luego ser dirigido al hospital de Copiapó, donde tenían todo preparado para brindarle la mejor de las atenciones.

Posteriormente y con aproximadamente una hora de intervalo, apareció Mario Sepúlveda, Juan Andrés Illanes, Calos Mamani, Jimmy Sánchez, Osmàn Araya, José Ojeda, Claudio Yánez, Mario Gómez, Àlex Vega, Jorge Galleguillos, Edison Peña, Carlos Barrìos, Víctor Zamora, Víctor Segovia, Daniel Herrera, Omar Reygadas, Esteban Rojas, Pablo Rojas, Darío Segovia, Jhonny Barríos, Samuel Àvalos, Claudio Acuña, Franklin Lobos, Richard Villarroel, Juan Aguilar, Raúl Bustos, Pedro Cortez y Ariel Ticona.

Y a eso de las 21:55 horas y luego de 22 horas y 34 minutos de rescate, salía del interior de la tierra el jefe de turno de la mina, Luis Urzúa, convirtiéndose en el hombre que más tiempo estuvo dentro de una mina. Con su rescate terminaba, con un final feliz, una historia que pudo haber culminado en tragedia y que mantuvo al mundo entero pendiente de Chile durante 69 días.

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