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WeConsent: La polémica app que graba aprobaciones para tener sexo

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Una aplicación creada por el ex banquero de Wall Street, Michael Lissick, para “fomentar la discusión sobre el consentimiento afirmativo entre parejas que buscan tener sexo” permite dejar un registro de 20 segundos en video de la aprobación para mantener relaciones con otra persona.

En este registro de la aplicación We Consent el usuario debe explicitar claramente con quién está a punto de tener un encuentro sexual, grabando tanto su rostro como el de su pareja. La app sólo continúa funcionando si las cámaras detectan rostros humanos. Si una de las partes no da su aprobación, el vídeo se autodestruye.

Según explica el sitio web de We Consent su trabajo está orientado a “fomentar conversaciones sociales sobre el respeto mutuo y sobre la necesidad de que exista un consentimiento afirmativo”.

Este mutuo consentimiento queda almacenado por un plazo de siete años y sólo puede utilizarse en caso de un conflicto judicial o como prueba en procedimientos disciplinarios en establecimientos educacionales. Los impulsores de la aplicación explican que una vez enviado al almacenamiento, los registros se almacenan off line y por lo tanto lejos de las miradas indiscretas de los piratas informáticos. Incluso el usuario no puede obtener una copia de estos vídeos por prevención de la posible invasión de políticas de privacidad asociadas al servicio.

De acuerdo al medio británico Daily Mail, la aplicación fue descargada por más de un centenar de personas en el Reino Unido, pero mientras que algunos trabajadores de la salud han respaldado los llamados “contratos de sexo”, víctimas de violación y dirigentes estudiantiles lo han condenado calificándolo de perverso y peligroso.

El medio recoge el testimonio de Jasmin Enríquez, quien tenía 23 años al ser violada cuando era estudiante en la Universidad Estatal de Pennsylvania y planteó que estos contratos “no son más que trucos y esquemas de generación de dinero que distraen de la verdadera cuestión, que es la educación. Tenemos que educar a los estudiantes de ambos sexos. El consentimiento informado es un curso, un proceso de cambio que no puede ser encapsulado en un contrato. Un contrato no puede proteger a una mujer que podría cambiar de opinión después de la firma del mismo”, puntualizó.

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