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La razón por qué algunas monjas visitan semanalmente un prostíbulo

Felice Candilio (cc)
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Un grupo de monjas llamado Adoratrices Almería todas las semanas recorre los clubs nocturnos y prostíbulos de una conocida ciudad española. El objetivo de estas mujeres es “rescatar” a víctimas de trata, violencia y abusos, que ejercen la prostitución en condición semejante a las de una esclava.

Detrás de una camioneta, el grupo de religiosas cobija a mujeres en peligro con su iniciativa llamada “Proyecto Emaús”. La ciudad de Almería, ubicada en Andalucía (España) es hogar de la prostitución en dicho país. En entrevista con el sitio de El País, las monjas revelaron las historias que se esconden detrás de su secreta hazaña, llevando a las víctimas a un hogar el cual, por motivos de seguridad, no revelaron.

Obligadas a vender su cuerpo por redes mafiosas o desesperación, decenas de mujeres en España -como ocurre además en todo el mundo- se prostituyen. Es en ese momento cuando las religiosas realizan su labor y salvan a las ejemplares.

Abusos, violencia y explotación

Dentro de la casa de acogida, una mujer identificada como Erika, pasó toda su vida como víctima de maltrato hasta ser rescatada por las mujeres. “Me engañó un rumano diciendo que me iba a contratar para limpiar”, señaló la víctima quien tenía 12 años en ese entonces.

Luego de sufrir abusos sexuales, la mujer quedó embarazada dos años después, razón por la que su “dueño” la vendió a otro hombre sin advertirle de la gestación. Cuando el nuevo comprador descubrió el embarazo, la golpeó para que abortara.

Pese a los “palos” con los que le pegó el hombre, Erika pudo dar a luz a su bebé; sin embargo, su antiguo patrón la encontró, la retiró del hospital y la obligó a prostituirse de inmediato. “Tú eres mía”, le dijo a la joven y se la llevó.

Como si fuera poco, el hombre golpeaba cada vez que la víctima no conseguía el monto de dinero acordado. “Si no conseguía 200 mil pesos (chilenos) al día, me daba una paliza”, contó la mujer al medio español, quien aseguró que el victimario metía su cabeza en el refrigerador intentando cerrar la puerta. Incluso, una vez el hombre le rajó los muslos con un cuchillo y luego la violó.

Amy (CC)

Amy (CC)

El rescate de las monjas

Por casos como el anterior, es que las religiosas realizan su labor arduamente. Aunque parece una tarea complicada para una monja ingresar a estos sitios, reconocen no tener problema al entrar a los prostíbulos -que, a todo esto, se encuentran en pésima condición salubre-.

“A los dueños de los locales casi nunca les vemos cuando entramos. En 13 años no hemos tenido ningún problema. Lo más, una vez que un cliente borracho me cogió de la cintura y me dijo: ‘¡Esta sí que es guapa!’”, contó María José Palomino, una de las mujeres que rescata a las víctimas de abuso.

El problema de estos rescates, radica en el miedo que algunas mujeres presentan al ser rescatadas. “Cuando están en peligro, las enviamos a otro lugar para que nadie pueda encontrarlas. Los explotadores las tienen aterrorizadas”, contó palomino al sitio, agregando que la seguridad de estas chicas es lo primordial.

Pero esta extrema hazaña no es la única ayuda que prestan las religiosas. Además del cobijo de las víctimas, el grupo de monjas reparte preservativos y licencias de sanidad a las mujeres que se encuentran trabajando. “Cuando estás en esto, no te planteas si preservativos sí o no. Piensas en el bien de las chicas y ya está. Nadie de la Iglesia nos lo ha recriminado nunca. Lo que no hacemos es acompañarlas a abortar. Les informamos de que tenemos una casa de gestantes y, si quieren interrumpir el embarazo, es su libertad, pero no vamos con ellas”, explicó María José.

“Gracias a un convenio con la Junta de Andalucía podemos ofrecer a estas chicas una tarjeta sanitaria temporal, pese a que muchas de ellas no tienen ni pasaporte”, añadió.

Cabe señalar que sólo en 2014, Adoratrices Emaús acogió a 30 mujeres en su casa, 8 de ellas víctimas de trata. Pese a obtener triunfos y derrotas, las monjas se esfuerzan por mejorar la calidad de vida de las víctimas: algunas entran a trabajar o celebran sus cumpleaños, y otras deciden volver con sus “amos”. “Psicológicamente las desmontan”, comentó la monja y agregó que: “algunas llegan a creer que no merecen otra vida y se sabotean a sí mismas”.

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