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Las tres principales amenazas para el Mundial en Brasil

EVARISTO SA / AFP
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¿Que pasa si durante el Mundial el metro en Río o Sao Paulo está en huelga? ¿Podré entrar al estadio si está rodeado por manifestantes? ¿Es seguro Brasil? Muchos visitantes se hacen estas preguntas.

Brasil, que recibe este jueves el Mundial de fútbol, enfrenta tres claras amenazas que pueden afectar el normal desarrollo del Mundial: huelgas, protestas antiCopa y problemas de seguridad.

El lunes, trabajadores del metro de Sao Paulo suspendieron una huelga de cinco días que generó caos en esta megalópolis de 20 millones de habitantes que recibe el partido inaugural de la Copa.

El metro de Sao Paulo tiene entre sus estaciones la de Itaquera, muy cerca del estadio Arena Corinthians, donde será la apertura. El portal de internet del gobierno sobre la Copa lo ofrece como importante alternativa para el desplazamiento.

¿Y si hay huelga durante el Mundial, con todo y los turistas? Bus o taxi son alternativas, si está dispuesto a aguantar los 250 km de embotellamiento que puede generar la ausencia de metro en la inmensa capital económica del país.

Otros que amenazan con hacer huelga son los trabajadores del metro de Rio de Janeiro, sede de siete juegos del Mundial, incluida la final, y que también tiene una estación cerca del mítico Maracaná.

- Huelgas en sectores clave -

Los trabajadores del metro de Sao Paulo, que reclaman incrementos salariales, advirtieron que pueden reiniciar la medida de fuerza el jueves, cuando empieza la Copa. Si bien el gobernador de Sao Paulo, Geraldo Alckmin, cree que no, para analistas, el riesgo de huelgas es alto y puede complicar el adecuado desarrollo de la fiesta deportiva.

“Es un riesgo importante y tiene implicancias grandes. Hay servicios esenciales como el metro, ómnibus y hasta la policía y las autoridades deben tomarlos en serio”, aseguró André Cesar, analista de la consultora Prospectiva en Brasilia.

La policía federal, responsable de la seguridad territorial y migraciones, ha amenazado con huelgas pese a prohibición judicial. Pero recibió recientemente un reajuste salarial, lo que alejó esa posibilidad.

Eso sí, explica César, es evidente que hay una situación de aprovechar el momento del Mundial. “Quien mira las cosas desde fuera, pese a que alguna protesta sea oportunista, puede creer que tiene razón. El gobierno no tiene una buena capacidad de comunicar bien las cosas”, agregó.

- Protestas anti Copa -

Una serie de manifestaciones contra los gastos públicos para la Copa se han anunciado durante los días de partidos en los alrededores de los estadios. El año pasado, más de un millón de personas salieron a las calles durante la Copa Confederaciones, demandando mejoras en transporte, salud y educación.

En los últimos meses la mayoría de protestas han desencadenado actos de violencia y vandalismo, según la policía, con importante participación de Black Bloc, de tendencia anarquista, cuyos miembros protestan con indumentarias negras y el rostro cubierto.

Sin embargo, en las últimas semanas, los ánimos son más festivos con la cercanía de la Copa, las protestas son menos concurridas y las autoridades consideran que irán decayendo. Pero no deben ser perdidas de vista.

- Amenazas a la seguridad -

Las autoridades han destinado 157.000 policías y militares para garantizar la seguridad a equipos, autoridades e hinchas, incluso contra ataques terroristas. Tampoco permitirán el ingreso a estadios de barra bravas extranjeros con antecedentes.

Pero Brasil ya tiene grandes problemas domésticos de seguridad. Es considerado uno de los países más violentos del mundo, con un promedio de 23 homicidios por cada 100 habitantes, cinco veces más que Estados Unidos y 10 veces más que Japón, explicó el consultor en seguridad y especialista en contraterrorismo, Marcus Reis.

Para el experto, Brasil tampoco está preparado para enfrentar incidentes terroristas a gran escala.

“Brasil no es un blanco de organizaciones terroristas, pero sus invitados sí. El Mundial es visto por millones de personas y cualquier organización que quiera difundir su ideología, podría aprovechar”, sostuvo.

Según Reis, la policía brasileña, sobre todo los negociadores en caso de crisis, no están preparados para entender la ideología ni de sus propios indígenas –que protestaron hace unos días y fueron dispersados con gases lacrimógenos– y menos de organizaciones fundamentalistas religiosas o de otra índole.

“El costo de cometer un crimen en Brasil es bajo. No hay legislación para protestas con violencia ni para sancionar atentados terroristas como tales. La policía no tiene adecuados instrumentos de investigación”, aseguró.

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