Notas
“Ha sido una buena vida”: 10 grandes momentos en la vida de Isaac Asimov
Publicado por: Christian Leal
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Escritor de nacimiento. Bioqu√≠mico de profesi√≥n. Cient√≠fico. Historiador. Activista. Humanista. El perfil de Isaac Asimov es tan extenso de recorrer como su creaci√≥n bibliogr√°fica. Reconocido como uno de los escritores m√°s prol√≠ficos de la historia, dio vida a m√°s de 500 libros. De hecho, s√≥lo en un periodo de 6 a√Īos escribi√≥ 90 libros… es decir, m√°s de uno por mes.

A 22 a√Īos de su muerte, queremos recorrer algunos de los pasajes m√°s destacados o llamativos de su vida, compilados por su viuda Janet en su biograf√≠a “Ha sido una buena vida“. Algunos revelan la agudeza de su pensamiento. Otros, s√≥lo su buen humor. Sin embargo todos dejan entrever que se trat√≥ de una de las mentes m√°s privilegiadas del siglo XX.

1. ¬ŅUsted cree en Dios?

En 1969, durante el lanzamiento de su libro “Una Gu√≠a para la Biblia“, Isaac Asimov particip√≥ en el entonces popular programa de entrevistas televisadas de David Frost.

Durante su charla el presentador -practicante metodista y consciente del ate√≠smo del escritor- quiso ponerlo en aprietos y le pregunt√≥ sin pre√°mbulos: “Doctor Asimov, ¬Ņusted cree en Dios?”.

Sabiendo que en aquella √©poca responder directamente “no” pod√≠a generar gran controversia, pero a√ļn as√≠ incapaz de mentir, Asimov comenz√≥ a juguetear con su interlocutor mientras buscaba una manera de resolver el asunto.

- “¬ŅEn qui√©n”, respondi√≥.
- “Vamos, doctor Asimov, usted sabe bien a quien me refiero”, replic√≥ Frost algo impaciente. “¬ŅUsted cree en el Dios occidental, el Dios de la tradici√≥n judeo-cristiana?”.

Todav√≠a tratando de hacer tiempo, Asimov respondi√≥: “No he pensado mucho en el tema”.

El feble intento de escape irrit√≥ al conductor del programa. “No le creo, doctor Asimov. Seguramente un hombre con su diversidad de intereses intelectuales y una curiosidad tan amplia habr√° intentado alguna vez encontrar a Dios”.

Las √ļltimas palabras de Frost iluminaron repentinamente al cient√≠fico, quien sonri√≥ a todo lo ancho. “Dios es mucho m√°s inteligente que yo – dejemos que sea √©l quien me encuentre”, sentenci√≥, mientras el p√ļblico en el estudio desataba su risa y Frost se daba por vencido.

Al d√≠a siguiente, Asimov se despert√≥ de madrugada con el agudo dolor de un c√°lculo renal. Pas√≥ 9 horas en tormento antes de ir al hospital, momento en que -haciendo otra vez gala de su humor- asever√≥: “Muy bien, Dios, ¬°ya me encontraste! ¬°Ahora d√©jame ir!”.

2. El valor del aprendizaje

Isaac Asimov siempre tuvo una relaci√≥n especial con su padre, un comerciante ruso de ascendencia jud√≠a quien, pese a no conocer una sola palabra de ingl√©s, se atrevi√≥ a cruzar el oc√©ano para dar una mejor vida a su familia. Desde peque√Īo, Judah no dej√≥ de alentar a su hijo en el aprendizaje.

Muchos a√Īos despu√©s, cuando Asimov ya era un escritor de prestigio, su padre le manifest√≥ su asombro por uno de sus libros.

- “¬ŅC√≥mo aprendiste todo esto, Isaac?”, le pregunt√≥.
- “De ti, Pap√°”, fue la respuesta del escritor.
- “¬ŅDe m√≠?… Pero si yo no s√© nada de esto”, le replic√≥ Judah intrigado.
- “No ten√≠as por qu√© saberlo, Pap√°. Tu valorabas el aprendizaje y me ense√Īaste a valorarlo tambi√©n. Una vez que aprend√≠ eso, el resto vino por s√≠ solo”, fue su emotiva explicaci√≥n.

3. El mejor pago

Desde su infancia hasta entrada la adolescencia, el joven Isaac debi√≥ ayudar en la peque√Īa tienda de dulces de sus padres en Nueva York, a fin de colaborar con la econom√≠a familiar. Sin embargo, hacia 1940 ya hab√≠a mejorado en el arte de escribir historias de ciencia ficci√≥n y un d√≠a recibi√≥ su primer cheque de la revista Astounding por sus publicaciones.

Durante la misma jornada, tuvo que quedarse a cargo de la tienda, lo cual muchas veces realizaba de forma automática, distraído en hilar sus nuevos relatos. Un cliente se sintió ofendido por la aparente falta de interés de Asimov y lo reprendió.

“Mi hijo gan√≥ 50 d√≥lares trabajando duro la semana pasada. ¬ŅQu√© haces t√ļ para ganarte la vida fuera de estar aqu√≠ parado?”, le espet√≥.

“Soy escritor… y hoy me dieron esto por una de mis historias”, replic√≥ Asimov, sosteniendo el cheque para que lo viera.

Para el naciente escritor, aquel fue un momento muy satisfactorio y le dio brios renovados para seguir cultivando su arte.

4. Adiós a la bomba nuclear

Durante sus √ļltimos d√≠as de servicio en la Armada de Estados Unidos, Asimov hab√≠a sido incorporado al proyecto Crossroads, lo cual le entusiasmaba mucho pues le permitir√≠a participar en terreno desde el atol√≥n de Bikini de dos ensayos nucleares.

Faltaban s√≥lo 3 d√≠as para partir cuando -casualmente- un Coronel le pregunt√≥ si con su pasado cient√≠fico a√ļn no hab√≠a elevado una solicitud para ser dado de baja del servicio activo.

- “S√≠, se√Īor. El 11 de febrero solicit√© mi baja para realizar investigaci√≥n seg√ļn la orden 363″, respondi√≥ Asimov.
- “Bien, es una l√°stima. Debido a las pol√≠ticas de Crossroads, no podemos llevar a nadie que haya solicitado su baja. Tendr√© que retirarlo del proyecto”, fue la sentencia del militar.

Lo fortuito de la situaci√≥n desalent√≥ mucho al escritor, pero acab√≥ por tomarlo con filosof√≠a. “S√≠, nunca pude ver una explosi√≥n nuclear de cerca; pero tambi√©n significa que, quiz√°, gracias a eso no mor√≠ de leucemia a una edad relativamente joven”, reflexiona en su biograf√≠a.

Pruebas en el atolón de Bikini | US State Department

Pruebas en el atolón de Bikini | US State Department

5. Libros para jóvenes

Entre su obra, Asimov dedicó a los jóvenes gran parte de sus libros, tanto de ficción como de divulgación científica. Y aunque al principio algunos editores se esforzaron por darle sugerencias incómodas sobre cómo escribir para ellos, el escritor acabó por desecharlas y encontrar su propia metodología.

“No es muy dif√≠cil escribir para adolescentes cuando evitas pensar en ellos como si fueran ni√Īos. No simplifico mi vocabulario, aunque suelo incluir la pronunciaci√≥n de los t√©rminos t√©cnicos s√≥lo para reducir el terror que inspiran visualmente. Evito las frases muy largas o complejas, as√≠ como las alusiones oscuras. Un adolescente no tiene menos inteligencia ni razonamiento, sino s√≥lo menos experiencia“, era la reflexi√≥n del bioqu√≠mico.

6. El optimismo de Asimov

Mientras que Arthur C. Clarke es considerado uno de los pesimistas sobre el avance tecnológico, Asimov siempre destacó por su optimismo sobre el futuro y la capacidad del ser humano para acabar eligiendo el camino correcto, pese a sus errores.

Me parece importante creer que la gente es buena, incluso si tiende a la maldad. Esto porque tu propia satisfacci√≥n y alegr√≠a en la vida aumenta bajo esa visi√≥n, y el placer de creerlo sobrepasa las desilusiones ocasionales. Ser pesimista respecto de la gente tambi√©n funciona en el sentido inverso y te hace incapaz de disfrutar las cosas buenas”, reflexionaba en una de sus cartas.

7. Sus raíces judías

A√ļn cuando Isaac Asimov era humanista y, por ende, ateo, no renegaba de su ascendencia jud√≠a. En cierta ocasi√≥n, un joven a quien no conoc√≠a consigui√≥ su tel√©fono y le llam√≥ para preguntarle por qu√© hab√≠a dado una conferencia durante Rosh Hashan√°, el a√Īo nuevo espiritual jud√≠o cuyos practicantes deben observar en instrospecci√≥n.

Isaac Asimov

Isaac Asimov

Asimov le explic√≥ amablemente al joven que no sab√≠a que ese d√≠a era Rosh Hashan√° pero que, a√ļn de haberlo sabido, habr√≠a dado de todas formas la charla pues no era un jud√≠o practicante.

La respuesta molest√≥ a su interlocutor, quien identific√°ndose como jud√≠o, reprendi√≥ a Asimov por no cumplir sus “obligaciones” espirituales y acab√≥ por acusarlo de ocultar su v√≠nculo familiar con el juda√≠smo.

Aquello irrit√≥ de sobremanera al escritor, pero prefiri√≥ devolver la estocada de otra manera. “Se√Īor, usted tiene una ventaja sobre m√≠ ya que sabe mi nombre, pero yo no s√© con qui√©n estoy hablando. ¬ŅMe podr√≠a decir c√≥mo se llama?“, pregunt√≥ Asimov.

“Mi nombre es Jackson Davenport”, replic√≥ (Asimov explica que no es el nombre que le dio, pero sonaba igualmente anglosaj√≥n).

“¬ŅEn verdad? Pues como usted sabe, mi nombre es Isaac Asimov, y si en verdad tratara de ocultar mis ra√≠ces jud√≠as, lo primero que har√≠a ser√≠a cambiarlo a algo como Jackson Davenport”.

El joven le cortó el teléfono.

8. Feminismo incomprendido

A√ļn cuando sus primeras novelas pr√°cticamente carec√≠an de personajes femeninos, Asimov siempre se consider√≥ un adelantado feminista, urgiendo a sus colegas cient√≠ficos a dar espacio a las mujeres.

Durante un seminario sobre creatividad en la Universidad de Nueva York en 1963, uno de los asistentes ley√≥ un ensayo sobre la creatividad en el trabajo cient√≠fico. Varios de sus enunciados comenzaban con frases como “El cient√≠fico espera que su esposa sea…” o “El cient√≠fico debe elegir una esposa que…”.

Inc√≥modo por el sexismo de las citas, Asimov interrumpi√≥ la lectura y afirm√≥ en voz alta: “Ese cient√≠fico tambi√©n podr√≠a elegir un esposo, ¬Ņno les parece?”.

La mesa de trabajo qued√≥ en completo silencio, pensando que el escritor estaba haciendo una apolog√≠a a la homosexualidad. A√ļn m√°s molesto por no ser comprendido, les grit√≥: “Demonios, el cient√≠fico podr√≠a ser una mujer, ¬Ņo no?”.

“Todos respiraron aliviados. Lo que me sorprendi√≥ e irrit√≥ al mismo tiempo, es que dos de las cient√≠ficas sentadas en nuestra mesa eran mujeres y estaban tan impactadas como los hombres por la posibilidad de que alguien de nuestra profesi√≥n eligiera un esposo”, narra Asimov.

9. La Fundación: de trilogía a saga

Cuando Asimov present√≥ en 1982 “Los l√≠mites de la Fundaci√≥n“, la continuaci√≥n de su c√©lebre saga de ciencia ficci√≥n, su editor Hugh O’Neill le mostr√≥ la cubierta que hab√≠an dise√Īado para el libro, la cual hizo re√≠r a carcajadas al escritor.

¬ŅEl problema? Nadie se hab√≠a percatado de que en la cubierta se presentaba al libro como el “cuarto de la trilog√≠a de la Fundaci√≥n”.

Asimov pidi√≥ que la dejaran as√≠ dado que seguramente provocar√≠a comentarios y mejorar√≠a la promoci√≥n del libro, pero la editorial prefiri√≥ cambiarla y hablar en adelante de la “Saga de la Fundaci√≥n”.

10. ¬ŅEs usted Dios?

Si bien Asimov no cre√≠a en Dios, esto no reduc√≠a su fascinaci√≥n por la teolog√≠a y las historias b√≠blicas. Por esto, entrado ya en a√Īos, no perdi√≥ la oportunidad de visitar junto a un amigo una colecci√≥n de biblias antiguas exhibidas en la Universidad de Brandeis, en Boston.

Se detuvieron en una biblia espa√Īola publicada antes de la expulsi√≥n de los jud√≠os de Espa√Īa, abierta en el cap√≠tulo 7 de Isa√≠as. La p√°gina estaba escrita en espa√Īol, a excepci√≥n de una sola palabra en hebreo que destacaba sobre el resto.

-”¬ŅPor qu√© habr√°n dejado una palabra en hebreo?”, pregunt√≥ su amigo.

Asimov, quien era un estudioso de las sagradas escrituras, se apresur√≥ en responder. “Es el verso en que, en la versi√≥n de la biblia del Rey Jacobo, dice ‘He aqu√≠, que una virgen concebir√° y dar√° a luz un hijo’. El problema es que la palabra en hebreo es almah, que no significa virgen sino joven mujer. Si los editores del libro hubieran traducido la palabra, habr√≠an estado negando la divinidad de Jes√ļs y se habr√≠an metido en serios problemas con la Inquisici√≥n. As√≠ que en vez de correr riesgos o de traducir incorrectamente la palabra, prefirieron dejarla como estaba en hebreo”.

Dado que Asimov sol√≠a hablar normalmente en voz alta, un guardia de seguridad escuch√≥ la explicaci√≥n y se acerc√≥ con curiosidad a ambos hombres. Orgulloso de su compa√Ī√≠a, el amigo de Asimov le pregunt√≥ al guardia si sab√≠a qui√©n era √©l.

A lo que el guardia replic√≥: “¬ŅDios?”.

Ambos estallaron en risas.

La causa de su muerte: el mayor secreto de Asimov

Desde su muerte en 1992 y hasta que su viuda Janet decidi√≥ hacerlo p√ļblico en 2001, s√≥lo el c√≠rculo m√°s √≠ntimo de Isaac Asimov supo que el escritor hab√≠a fallecido por los efectos del SIDA, tras contraer el virus del VIH por una transfusi√≥n sangu√≠nea durante la implantaci√≥n de un marcapasos en su coraz√≥n hacia 1983.

Aunque ni el escritor ni su familia tenían la intención de ocultarlo, los médicos les convencieron de lo contrario debido a la fuerte discriminación que los enfermos de SIDA sufrían en una década en que este mal era muy poco conocido.

“En aquellos d√≠as, hab√≠a gente con educaci√≥n que no quer√≠a tocar a un paciente con SIDA. Muchos ni siquiera quer√≠an estar en la misma habitaci√≥n que una persona con SIDA, o usar un tel√©fono que hubieran tocado, pese a que ninguna de estas acciones provoca el contagio”, escribi√≥ su esposa Janet en el ep√≠logo de su biograf√≠a.

Sin que para entonces existieran remedios paliativos, la salud de Asimov se deterioró rápidamente, aunque intentó seguir escribiendo hasta el final de sus días, incluso dictando sus textos.

Tras una penosa agon√≠a, el cient√≠fico y escritor falleci√≥ en el hospital, con sus manos sosteniendo las de su esposa y de su hija. Sus √ļltimas palabras fueron “Yo tambi√©n las amo”.

Los suaves lazos del amor son indiferentes a la vida y a la muerte. Se mantienen a trav√©s del tiempo de forma que el amor del pasado es parte del amor del presente, y que la confianza en el amor futuro es tambi√©n parte del presente. Cuando uno muere, su recuerdo vive en el otro, quien lo mantiene vivo y respirando. Y me gusta creer -racionalista como soy- que cuando ambos mueren algo de ello permanece, indestructible y eterno, enriqueciendo todo el universo por el s√≥lo hecho de haber existido“, fue una de sus √ļltimas reflexiones.

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