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Filarmónica de Santiago ofrece imponente versión de la Sinfonía ‘Resurrección’ de Mahler

Teatro Municipal de Santiago (c)
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La Orquesta Filarmónica de Santiago ofreció una imponente versión de la la Sinfonía N°2 en do menor “Auferstehung”, más conocida como “Resurrección”, del compositor austriaco Gustav Mahler.

La presentación dirigida por Rani Calderón, que se ofreció los días 25 y 26 de marzo en el Teatro Municipal de Santiago, destacó nitidamente también, la participación de las dos solistas vocales líricas nacionales, la soprano Verónica Villarroel y la mezzosoprano Evelyn Ramírez, acompañadas por el Coro del Municipal dirigdo por Jorge Klastornick.

En este tercer concierto de la temporada 2014 se brindó a un público desbordante, conocedor y entusiasta, la pieza “Resurrección”, compuesta entre los años 1888 y 1894, donde Mahler musicalizó la oda de Klopstock que llevaba el mismo nombre.
Esta sinfonía coral, de una hora y media de duración, sin interrupciones, fue un verdadero regalo para los asistentes, gracias a la maciza participación de director y músicos, en una maciza demostración de solidez instrumental.

Particularmente sobresalió la labor de las cuatro familias de la orquesta, con solistas de primer nivel, sorprendente ejecución asociada de bronces y percusión y muy buen aporte de maderas y cuerdas. El Coro del Municipal, una vez más brindó un aporte de elevado nivel de calidad y ambas cantantes exhibieron su clase vocal y perfección de fraseo y técnica en la emisión.

La sinfonía ‘Resurrección’ de Mahler, tal cmo se indicó en su presentación, “aborda los sentidos de los oyentes con la inmensidad de la fuerza de la naturaleza alcanzada por el compositor austriaco tras la grandiosidad de “Titán”, su primera creación. Es por esto que en su segundo paso, Mahler añadió no solo un coro y solistas, sino que también un órgano y un conjunto de metales, percusión, campanas y dos gongs, concluyendo la obra magistral con un quinto movimiento.

A lo largo de sus cinco quiebres temporales, el autor transita por la desolación del sinsentido de la existencia con destellos lejanos de esperanza frente al escenario de la muerte inevitable, alcanzando la epifanía de la eterna resurrección, la renovación de la vida y la creatividad humana, llevando a una dimensión paralela a quienes la escuchen.

El tercer concierto de temporada de la Orquesta Filarmónica de Santiago volvió a confirmar a Gustav Mahler como un compositor altamente preciado por el público chileno, y uno que llega a ser muy transversal, pues su presencia en un programa atrae un contingente importante de audiencias juveniles. Siendo poco valorado como compositor en su tiempo, bien se puede hablar de la propia resurrección que tuvo Mahler, al penetrar sus obras en el repertorio de todas las orquestas del planeta, haciéndolo un compositor universal.

Pero había otro factor que influyó en el lleno total que tuvo el Teatro Municipal de Santiago, y en el hecho de que gente se quedara sin entrada. Hablamos del retorno de la soprano Verónica Villarroelal tradicional escenario, como una de las solistas de la Sinfonía No.2 “Resurrección”. La solicitada mezzo Evelyn Ramírez fue la otra solista, y naturalmente la interpretación contó con la presencia del Coro del Teatro Municipal, que dirige Jorge Klastornick, mientras que la dirección general estuvo a cargo del ex titular de la OFS, el israelí Rani Calderón.

De la versión ofrecida puede destacarse principalmente la precisión rítmica obtenida. En cada ataque, acorde, pausa, la orquesta sonó cohesionada, certera, lo que muestra la capacidad de este grupo humano de responder a las exigencias del director de turno. La masa coral estuvo también en buena forma, cantando balanceadamente el diverso material que debe manejar en el quinto movimiento.
Las solistas, pese a tener un desempeño cuantitativamente menor dentro del total de esta enorme obra, constituyeron un punto alto de la jornada. Ramírez se apropió del cuarto movimiento, “Urlicht”, una auténtica canción con orquesta que ella transformó en algo muy similar a un aria de ópera, pero sin desfigurarla, sino más bien extrayendo toda la expresión necesaria que la relación texto-música aquí requiere. El mentado retorno de Villarroel al Municipal, estuvo en el mismo plano de su compañera. Sus partes resonaron plenas a través de una profunda musicalidad, haciendo eco de su reconocida experiencia en la escena lírica.

Sopesando todos los elementos, donde esta interpretación flaqueó fue en una visión expresiva general, que delimitara con mayor claridad las distintas emocionalidades que emanan de la música misma, así como de sus connotaciones programáticas y extramusicales, texto incluido. Calderón utilizó tiempos reposados en momentos específicos, sacrificando peso al discurso, mientras que aquellos puntos de inflexión, que implican una sonoridad arrolladora, sonaron simplemente timoratos. Le faltó a Calderón ilustrar de manera más efectiva este tránsito entre la muerte, los recuerdos y la final resurrección. Pero dadas las fortalezas y puntos positivos aquí comentados, la versión logró conmover hacia el final, generando atronadores aplausos de un público que se identifica con el mensaje mahleriano, cien años después de muerto el compositor.

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