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Cómo los editores de revistas “camuflan” las consecuencias de la extrema delgadez

Karlie Kloss | Número
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No es un secreto que las revistas de moda y la publicidad manipulan las imágenes corporales exaltando ciertos atributos y camuflando hasta los más mínimos “defectos”, creando estereotipos de belleza imposibles de seguir.

Hasta ahora se ha criticado ampliamente el hecho de que se adelgace la cintura, los muslos o los brazos de actrices y modelos que aparecen en estas fotografías para hacer que sus figuras se vean más finas de lo que realmente son. Sin embargo, lo que pocos saben es que el retoque también se hace a la inversa: a algunas mujeres se les “engorda” artificialmente para esconder las consecuencias de su delgadez.

La doctora en psicología, Lisa Wade, escribió una columna en el portal Sociological Images, donde reúne diversos testimonios de editores de revistas que reconocen haber “rellenado” ciertas partes de la anatomía de algunas mujeres para que lucieran “más saludables”.

En su columna cita a la ex editora de Cosmopolitan, Leah Hardy, quien escribió recientemente un artículo revelador donde explicaba cómo se utiliza el photoshop en las modelos para ocultar los efectos antiestéticos de la extrema delgadez.

Hardy puso como ejemplo una imagen de Cameron Díaz en la que le “rellenaron” las mejillas, los muslos, los hombros, los brazos e incluso el abdomen, además de haberle suavizado el hueso de la cadera y nivelado el busto.

Cameron Díaz

Cameron Díaz

También mencionó el caso de la modelo Karlie Kloss, a quien le retocaron las costillas en la edición de Octubre de 2012 de la revista Número, con el fin de ocultar su extrema delgadez.

“Hardy, la editora de Cosmo, explica que frecuentemente se retoca a modelos que asustan por su delgadez. Hay otros que también confiesan prácticas similares. Jane Druker, editora de la revista Healthy -que se vende en tiendas de alimentación natural- ha admitido retocar una chica de portada que tras la sesión de fotos resultó realmente delgada y enfermiza”, indicó Wade, quien dijo que Druker confesó “photoshopear” a las chicas “para que se vean más grandes y saludables”.

Otra editora que reveló esta situación fue la de Vogue en Reino Unido, Alexandra Shulman, quien “ha confesado estar horrorizada por el aspecto de algunas de las modelos en las sesiones para su propia revista”, dice Lisa.

Asimismo, Robin Derrick, director creativo de Vogue, admitió -según Wade- que los primeros 10 años de su carrera se la pasó haciendo que las chicas parecieran más delgadas, y los últimos diez tratando que parezcan más llenas de lo que son.

“Hardy describe su tarea como un dilema entre ofrecer imágenes saludables y reproducir el mito de que la delgadez extrema es saludable”, cuenta la psicóloga.

En otras de sus confesiones Hardy dijo: “Hasta ahora, cuando repasamos las imágenes en bruto, creamos la apariencia de una piel suave sobre unas costillas protuberantes, suavizando el look de los huesos del cuello que sobresalen como si fueran perchas, añadiendo curvas a traseros planos y escote hasta en los pechos de paloma: sentíamos que estábamos haciendo lo correcto… Sabíamos que a nuestros lectores les produce rechazo estas mujeres grotescamente delgadas, y también pensábamos que eran un mal ejemplo, y que sería irresponsable mostrarlas tal y como son en realidad. Pero ahora tengo dudas. Porque, a pesar de todos los retoques, era evidente para los lectores que estas mujeres estaban muy, muy delgadas, y a pesar de ello ¡parecían estupendas!”.

“Tenían cinturas de 55 centímetros (nunca las agrandábamos), pero también tenían pecho, y una gran piel. Tenían los tobillos finísimos y los muslos delgados, pero aún así un pelo sensual y las mejillas llenas”, continuó Hardy.

“Gracias a nuestros retoques, nuestros lectores nunca vieron la cara horrible y hambrienta de la delgadez. Que esas chicas flacas, vistas en carne y hueso, no parecían nada glamorosas. Que sus cuerpos esqueléticos, su pelo lacio y sin brillo, sus manchas y ojeras desaparecían mágicamente gracias a la tecnología, dejando sólo el encanto de sus larguísimas piernas y sus ojos de Bambi”, señaló la editora.

Para Wade, Hardy describe todo esto como “una imagen de perfección que sencillamente no existe”, y concluye que “es normal que las mujeres anhelen estar superdelgadas si nunca ven lo horrible que puede ser la extrema delgadez”.

“Es malo actuar como policías sobre los cuerpos de la gente, igual da que estén delgados o gordos. Este punto es importante (y está bien expresado aquí), aunque el lenguaje sea descarnado. La gran mayoría de las modelos que necesitan Photoshop a la inversa no son mujeres cuyos cuerpos sean naturalmente delgados. Forman parte de una convención social que exige una delgadez extrema, y por eso trabajan duro en sus cuerpos para poder ofrecerla. No se trata de avergonzar a las mujeres que son delgadas de manera natural, sino de, primero, hacer un llamamiento a una industria que reclama mujeres que no están saludables para luego esconder las dañinas consecuencias, y segundo, reconocer que incluso la gente que forma parte de esa industria no tienen necesariamente el poder para cambiarla”, manifiesta la psicóloga.

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