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Milagro por niño chileno permite beatificación de monseñor Álvaro del Portillo

Felipe Fredes | Agencia Uno
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La curación del menor chileno José Ureta Wilson en 2003, que la Congregación de la Causa de los Santos de la Santa Sede declaró como “milagro”, permitió dar curso a la beatificación de monseñor Álvaro del Portillo, ingeniero civil, doctor en Filosofía y Letras y en Derecho Canónico que se incorporó al Opus Dei en 1935.

El vaticano aprobó la canonización del monseñor Álvaro del Portillo, según indicó un comunicado emitido por la congregación Opus Dei de la iglesia católica, gracias a la curación del menor José Ignacio.

El menor nació el 10 de julio de 2003 con tres patologías graves que comprometían el cerebro y el corazón, la onfalocele o hernia de intestinos a la vista; la “tetralogía de Fallot” o cardiopatía congénita que mezcla la sangre venosa con la arterial; y una malformación de ambos hemisferios cerebrales por alteración de la migración neuronal.

Con sólo dos días de vida, el niño fue operado del onfalocele, circunstancia en que sufrió un paro cardíaco e hipotermia. Posteriormente presentó tres crisis por falta de oxígeno en la sangre, con el colapso del pulmón izquierdo y problemas en el derecho.

Estos incidentes le generaron consecuencias graves en la región cerebral, a lo que una ecografía del 28 de julio realizada en el Hospital Clínico de la Universidad Católica mostraba lesiones por falta de oxigenación en la zona encefálica.

Además, con menos de dos semanas de vida sufrió una crisis epiléptica, razón por la que los médicos decidieron realizar una intervención cardio-quirúrgica paliativa.

El 2 de agosto de 2003, estando en la clínica, a José Ignacio se le presentó una insuficiencia cardíaca aguda, situación que se repitió. El diagnóstico fue una acumulación de sangre alrededor del corazón que dificultaba los latidos.

Alrededor de las 15:30 horas de ese mismo día se le produjo un paro cardíaco que duró entre 30 y 45 minutos, a lo que los médicos, desde el primer momento, realizaron maniobras de reanimación con repetidas transfusiones de sangre.

El mismo 2 de agosto, durante el prolongado paro cardíaco, los padres pidieron con gran fe la curación de su hijo, recitando la oración de la estampa de don Álvaro del Portillo.

Al referirse a aquellos momentos, la madre de José Ignacio, Susana Wilson, dijo que “supongo que mientras lo reanimaban y yo rezaba, eso fue coincidente con el tiempo de la mejoría. (…) Yo nunca dejé de pensar que podía ser un milagro”, aseveró.

Después de los 30 a 45 minutos de esfuerzos, los médicos redujeron el ritmo de las maniobras de ventilación manual y de masaje cardíaco, pues pensaron que el niño estaba muerto.

En ese momento, sin ningún tratamiento adicional y de modo totalmente inesperado, el corazón del recién nacido comenzó a latir de nuevo hasta alcanzar enseguida un ritmo de 130 pulsaciones por minuto.

Según explicaron los médicos Felipe Heusser y José Ignacio Rodríguez, que fueron los que atendieron al menor, la curación de José Ignacio no tiene explicación científica.

También se indica que después de un paro cardiaco tan prolongado, el cerebro del paciente, ya afectado por graves daños vasculares en los primeros días de vida, tendría que experimentar un nuevo deterioro mucho más serio, lo cual no ocurrió, por el contrario, las condiciones del niño mejoraron en los días siguientes y el 3 de septiembre de 2003 fue dado de alta.

En la actualidad José Ureta es un niño normal, aunque muestra pequeños vestigios de sus antiguas dolencias, va al colegio, saca buenas notas, juega fútbol y, según afirman sus mismos profesores, es líder en el curso.

PROCESO EN EL VATICANO

El cardenal arzobispo de Santiago, Monseñor Francisco Javier Errázuriz, decretó el 22 de julio de 2008 la instrucción de un proceso “súper miraculo” y nombró un tribunal diocesano para la investigación.

El 15 de enero de 2010, la Congregación de las Causas de los Santos sancionó la validez de las actas procesales y dos años después, el consejo de médicos de esa Congregación examinó el caso.

Los médicos pusieron de manifiesto dos aspectos diferentes de la curación en estudio, la ausencia de daño neurológico en relación al paro cardiaco, teniendo en cuenta las preexistentes malformaciones neurológicas y el repetido daño cerebral en los primeros días de vida del niño, y el hecho mismo de la supervivencia del recién nacido, hechos que los peritos de la Congregación declararon como no explicables desde el punto de vista científico.

Sucesivamente el caso fue sometido al examen de teólogos consultores, que en la sesión del 15 de diciembre de 2012 declararon comprobada, más allá de toda duda razonable, la relación entre la curación milagrosa de José Ignacio y la invocación a la intercesión del Monseñor Álvaro del Portillo.

Finalmente, los cardenales y obispos miembros de la Congregación de las Causas de los Santos, en la sesión ordinaria de ayer, en conformidad con las conclusiones del consejo de médicos y del congreso especial de teólogos consultores de dicha Congregación, dictaminaron que está probado sólidamente que el caso debe ser considerado como milagro.

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