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Obama asume nuevo mandato con la difícil tarea de unificar a un polarizado EE.UU.

The White House
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El presidente estadounidense Barack Obama enfrenta una dificilísima tarea en su segundo mandato: unificar una nación donde la gobernabilidad brilla por su ausencia frente a las fuertes divisiones políticas.

Ante la multitud presente y los ojos del mundo, Obama jurará el cargo el lunes desde el Capitolio, aunque de hecho ya estará ejerciendo el segundo día de su segundo mandato que habrá asumido el domingo 20 de enero, como manda la Constitución.

Cuando, como en este caso, el 20 de enero cae un domingo, el presidente debe jurar el cargo en forma privada, en este caso ante el titular de la Suprema Corte John Roberts, en el Salón Azul de la Casa Blanca. Luego, el lunes 21, en el Congreso, repetirá el ritual para la posteridad.

Mientras que las inauguraciones de los segundos mandatos de un mismo presidente carecen de la importancia implícita de una transferencia de poder de un líder a otro, algunas veces han servido como mojones en momentos clave de la historia estadounidense.

En el discurso de asunción de su segundo mandato en 1865, Abraham Lincoln prometió, en una magnífica prosa de apenas 720 palabras, “con malicia hacia nadie”, restañar las heridas de una nación dividida por la guerra civil y reflejada en los males de la esclavitud.

En el discurso de asunción de su segundo mandato en 1937, Franklin D. Roosevelt instó a los estadounidenses a dar un nuevo golpe a la persistente pobreza de la Gran Depresión, advirtiendo: “Veo a un tercio de la nación mal alojada, mal vestida y mal alimentada”.

Mientras Obama puede intentar emular esos niveles de grandeza al asumir la 57 presidencia estadounidense, tal vez evoque el pánico económico que prevalecía cuando asumió su primer gobierno en 2009 y el posterior lento regreso al crecimiento como evidencia del propósito de una nación.

Los funcionarios han desistido de adelantar el contenido del discurso de Obama, pero se espera que delinee a grandes rasgos lo que será su segundo mandato, enraizado en su plataforma de campaña para crear una economía más equitativa.

“Intento impulsar la agenda sobre la que basé la campaña, una agenda de nuevos empleos, nuevas oportunidades y una nueva seguridad para la clase media”, dijo Obama el lunes.

En su estudio sobre retórica presidencial, Karlyn Kohrs Campbell y Kathleen Hall Jamieson identifican las características que apuntalan un discurso de asunción exitoso.

Primero, debe galvanizar a una amplia audiencia para ratificar su liderazgo, y luego sellar el pacto patriótico reafirmando los valores tradicionales heredados del pasado.

Asimismo, los presidentes deben intentar delinear los principios bajo los cuales gobernarán y demostrar que aceptan las limitaciones del ejercicio del poder, cubriendo toda la alocución con una retórica digna y ceremoniosa.

“Unificar al país es probablemente el requisito más importante de un discurso inaugural”, dijo Leila Brammer, especialista en retórica política del Gustavus Adolphus College, de Minnesota.

“Incluso si se ganó por un margen de 60-40, aún hay un 40% afuera y el presidente tiene que dejar en claro que es el presidente de todos”, agregó.

La tarea de Obama es aún más difícil, teniendo en cuenta que derrotó al republicano Mitt Romney por 51% contra 48% en la elección de noviembre, y sus tasas de aprobación, que promedian un 53%, reflejan a un país dividido en dos.

También se vio privado de la luna de miel que podría haber suavizado los ánimos tras una campaña electoral negativa, en tanto se vio obligado a un duro enfrentamiento de fin de año con los republicanos por temas de impuestos y gasto público.

Los choques por temas fiscales y de presupuesto en el Congreso abonan nuevos enconos entre los dos partidos y arrojan sombras sobre la agenda del segundo mandato del demócrata.

Los discursos inaugurales no son lugar para una descripción detallada de políticas. Ello se hace en las alocuciones sobre el estado de la Unión, que este año Obama realizará el 12 de febrero.

Pero el presidente podría referirse indirectamente a las principales prioridades, incluyendo justicia económica y social, reforma migratoria, independencia energética y formas para doblegar la violencia de las armas de fuego.

Tras la ceremonia solemne en el Congreso, viene la celebración: Obama regresará a la Casa Blanca en un desfile al que asistirán multitudes, antes de una noche de bailes rutilantes.

Mientas elabora su segundo discurso inaugural, un Obama consciente de su lugar en la historia podría sentirse bajo presión.

Su primer discurso inaugural, pese a que fue alabado en su momento, careció de la elevada cadencia de algunos de los grandes ejemplos de su tipo.

Careció, porejemplo, de frases memorables, como “lo único que debemos temer es al miedo mismo” ,de Roosevelt, o “no pregunten qué puede hacer su país por ustedes” de John F. Kennedy, que se han convertido en parte del léxico político.

Los discursos más memorables de Obama se han producido más en un contexto político que en un contexto formal, como los que hizo cuando ganó las elecciones presidenciales de 2008 y 2012, o como su discurso sobre la raza cinco años atrás.

El actual mandatario se ha mostrado excelente en momentos de tragedia nacional, como tras los tiroteos de Arizona y en la escuela primaria de Newtown el mes pasado, o cuando ha filosofado sobre política exterior, como en el discurso que pronunció tras recibir el Premio Nobel de la Paz.

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