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Niemeyer: El delirante arquitecto que triunfó en su país pese a su pensamiento político

Valter Campanato | ABr (cc)
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Oscar Niemeyer tenía 104 años y seguía trabajando. Activo, creativo, delirante, fue un arquitecto con mayúsculas: conocido, querido y admirado por los brasileños como no he sentido que los chilenos queramos a ningún compatriota; creó buena parte de los edificios más importantes y simbólicos de Brasil.

Oscar Niemeyer fue un Arquitecto con mayúsculas porque, haciendo arquitectura moderna con fuerte influencia europea (Le Corbusier, el movimiento Bahaus, etc.), supo traducirla en una arquitectura netamente brasilera: descomunal, gigantesca, expresionista, brutalista, exagerada, propia de un país que se cree –y hoy es- una gran potencia mundial. Construcciones hechas para el país, si no el más rico y desarrollado del mundo, sí el “más grande del mundo”. Un arquitectura inspirada en la naturaleza y las mujeres de su patria.

Antes de visitar algunas obras de Niemeyer y de conversar con varios brasileros de diversas regiones, profesiones y oficios (arquitectos, abogados, sicólogos, sociólogos como dirigentes sociales, en especial de Río de Janeiro y San Pablo), su obra me parecía desproporcionada, con falta de escala humana, impositiva y destructora de lo pre-existente. Pero al visitarlas, me pareció que la gente, gente muy diversa, se sentía cómoda en ellas, las sentían suyas.

Son edificios que se habitan, se viven, se apropian y se han transformado en símbolos ciudadanos, en parte de las identidades de Brasil y de las localidades donde están. Edificios de los que sus habitantes hablan con respeto por lo que son, por lo que significan y porque son obra del “Maestro Oscar Niemeyer”.

En todas y cada una de las conversaciones en las que hablamos de Niemeyer sólo hubo admiración, sin atisbo de envidia o de crítica. Las pocas observaciones se hicieron con respeto y fueron siempre menores. Se hablaba de él como si fuera un monumento viviente, un sabio único y bondadoso que ha regalado sus innumerables frutos a Brasil y, en particular, a su gente.

Y es que en la gigantesca obra de este Arquitecto destacan las obras públicas, realmente públicas y populares. Los principales edificios de Brasilia (Esa locura visionaria de trasladar la capital del país al medio del país, de hacer en la nada un proyecto modelo, utópico) y grandes museos y edificios y construcciones en parques y para grandes multitudes son obra de él. Son innumerables.

Fue comunista, apoyó a Allende y tuvo contacto con Neruda. Siempre estuvo preocupado de la política de su país y de Latinoamérica. Sin embargo esto no impide que lo consideren el gran Arquitecto de Brasil sus compatriotas, sin importar su pensamiento político.

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