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La pesca indiscriminada

Jaime Rey (CC)
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“Ese mar que tranquilo te baña” dice la conocida letra de nuestra marcha canción; pero en estos momentos nada es tan tranquilo en esas maravillosas aguas saladas del planeta porque hay mar de fondo. Un huracán endemoniado, mal visto, arrasa las faenas de la pesca. Mareas altas, olas que se encabritan en todos sus niveles hundiendo, de paso, a miles de trabajadores del sector, especialmente a los más humildes, como siempre.

No me refiero a Chile, ni siquiera pienso en ese discurso pesquero, fogoso e incontenible del ministro Longueira, el de la UDI, el hombre de Economía y cuya verba encendida toca a nuestro litoral y hace temblar su inconmensurable riqueza en pleno proceso de liquidación.

El mar cubre, rodea y abraza a la Tierra y el problema de la pesca indiscriminada sigue igual en todas partes. El agotamiento de los recursos, la sobrepesca, las faenas fraudulentas de las empresas, las coimas y los despropósitos son también por estos lados europeos el pan de cada día.

En este proceso de la pesca incontrolada, la Unión Europea es campeona; debería reinar y proteger a la mayor área marítima del planeta, con una flota superior a 85 mil buques, unos 141 mil pescadores y un millón de empleos en tierra firme. Debería, pero no es así. Tiene los instrumentos necesarios, pero les resultan inútiles.

La Comisaria Europea de Asuntos Marítimos y Pesca, la griega María Damanaki se muestra preocupada. Sin caer en dramatismos avisa: “el desastre está a la vista”. Enumera a continuación: el 88 por ciento de las reservas pesqueras comunitarias están sobreexplotadas.

Las reuniones, los acuerdos, las reformas a las leyes en cada país o en todo el sector no han servido. Todo conduce a favorecer a las grandes empresas industriales es decir a las responsables de toda una vida haciendo daños en el mar.
Los océanos, en teoría, pertenecen o más bien dicho nos pertenecen a todos. Pero la mala norma es privatizar los accesos al mar y en consecuencia privatizar los recursos., Además, cerrar los ojos a la piratería. Aceptar que es imposible vigilar a los países que cometen trampas y se arrogan el derecho a hacer o deshacer en el mar, como es el caso de España.

En el Viejo Mundo, por lo menos, un 80 por ciento de las subvenciones benefician al modelo de la pesca salvaje, la más destructiva, la que no respeta límites, la que arroja al vacío toda la extracción que no sirve a los beneficios inmediatos. Matar la gallina de los huevos de oro, en este caso la pescada de los huevos de oro, esa es la cuestión.

A finales del siglo XX ya desapareció el bacalao de los grandes bancos de explotación. Hoy en dia los buques más grandes y con sofisticadas instalaciones deben llegar hasta los límites del Artico para para disputarse lo poco que queda de estos ejemplares de inapreciable valor alimenticio. Mas datos, en menos de veinte años la llamada biomasa de jureles cayo desde 30 millones de toneladas a menos de tres millones en el Pacífico Sur. Y la población de meros se redujo a mas del 80 por ciento en Africa del Oeste. Los ejemplos suman y siguen.

Debido a malas administraciones, a la tolerancia, en el ámbito mundial, con faenas sin tasa, sin orden, sin medida la captura se encuentra en agonía. Científicos como Philippe Cury o Daniel Pauly, ambos franceses, se preguntan si acaso no nos queda poco para lograr un mar sin peces. Un charco inservible. Un planeta sin vida. Boris Worn de la Universidad Dalhousie (Canadá) afirma que en pocos años mas las especies mas pescadas y apetecidas serán una mera historia. La destrucción, si no hay atajo, será imparable.Periodistas como Jean Sébastien-Mora ha dado voces de alerta en artículos documentados, con cifras claras, sin palabrería y con un irreprochable sentido de la responsabilidad social.

¿No suenan todas estas denuncias, consideraciones y temores de la misma forma allá en Chile? ¿No tiemblan alla, como acá, los pescadores artesanales desprovistos de esa vieja y engañosa palabra, la justicia?

Oscar “El Monstruo” Vega

Periodista, escritor, corresponsal, reportero, editor, director e incluso repartidor de periódicos.

Se inició en El Sur y La Discusión, para continuar en La Nación, Fortin Mapocho, La Época, Ercilla y Cauce.

Actualmente reside en Portugal.

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