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En Hungría los más pobres se calientan con billetes de banco

Florines húngaros | Wikimedia Commons
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Desde hace cuatro años, el Banco Central húngaro recicla sus billetes usados como briquetas para calefacción destinadas a las instituciones sociales más necesitadas del país, un gesto que se aprecia particularmente en este periodo de gran frío.

“Es un acto de caridad muy útil, una ayuda muy importante para nuestra fundación, porque podemos ahorrar parte de nuestros gastos de calefacción gracias a estas briquetas”, explica a la AFP Krisztina Haraszti, directora de la Fundación de Autistas de Miskolc (noreste).

La economía es de 50.000 y 60.000 florines (unos 115 mil a 135 mil pesos chilenos) por mes, “una suma considerable en estos tiempos de crisis”, añade.

Procedente del centro de logística del Banco Central (MNB) en Budapest, un camión descargó el martes unas cuatro toneladas de ladrillos de billetes en este centro elegido este año, junto a la Asociación de niños Discapacitados de Véstö, al sureste del país, para calentarse todo el invierno con “florines”, nombre de la divisa húngara.

Desde septiembre, el banco entrega su preciada carga una vez al mes y prevé seguir hasta la llegada de la primavera en marzo.

La última entrega se esperaba con especial impaciencia, dado que un frío siberiano se ha apoderado de Hungría desde hace seis días y dejado 16 muertos.

Como el valor calorífico de las briquetas de billetes es elevado, basta con “añadir un poco de madera y las habitaciones están bien calientes”, indica Krisztina Haraszti. La fundación, una de las más antiguas del país, situada en la ciudad humilde de Miskolc, a 180 km de la capital, se ocupa de un centenar de niños y asiste también a adultos autistas.

“Nuestras investigaciones han demostrado que las propiedades de calefacción de estas briquetas fabricadas a partir de billetes de banco desmenuzados son similares a las de lignito”, apunta el director del centro de logística de el MNB, Barnabas Ferenczi. Se pueden quemar en calderas de combustible mixto, precisa a la AFP.

Al principio, los billetes usados simplemente se quemaban. Luego, el centro se dotó de una máquina para comprimirlos en ladrillos. Los obreros fueron los primeros en utilizarlos como fuente de calefacción, antes de que Barnabas Ferenczi lanzara la idea de donarlo a instituciones de interés general hace cuatro años.

Cada año, el MNB retira de la circulación en torno a un cuarto del conjunto de billetes por usura e imprime una cantidad equivalente para remplazarla. “Eso equivale a unos 200.000 millones de florines” (450 mil millones de pesos chilenos) o entre 40 y 50 toneladas de briquetas anuales, detalla el director del centro.

Hace falta cerca de cinco millones de florines (11 millones de pesos chilenos) para fabricar una sola briqueta, que pesa en torno a un kilo. Los billetes pasan primero por la trituradora, y luego el bloque de papel es comprimido, sin ningún añadido químicos.

La elección de los beneficiaros se hace por concurso público. Una veintena de residencias sociales responden cada año, indica Barnabas Ferenczi. Entre las condiciones impuestas por el MNB, garante de la estabilidad de los precios y defensora de la disciplina presupuestaria: no tener ninguna deuda con las administraciones públicas.

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