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Investigación da a conocer los 13 errores más increíbles cometidos por el SHOA y la Onemi el 27/F

Talcahuano | Marcelo Caro (CC)
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Podría ser gracioso si sus consecuencias no hubieran sido tan trágicas. Tras el terremoto de 8.8 grados que asoló la zona centro-sur de Chile el 27 de febrero de 2010, los dos principales organismos encargados de monitorear la emergencia -el SHOA y la Onemi- cometieron una seguidilla de errores garrafales que pudieron incidir directamente en la muerte de al menos 30 personas.

En un escalofriante reportaje donde se recorre minuto a minuto el actuar de ambos organismos, Ciper Chile recoge antecedentes exclusivos y muestra que muchos de los funcionarios a cargo esa noche adolecían una falta de preparación rayana en la incompetencia.

1. “Mira conchetumadre, esto es un terremoto grado IX a X”

El jefe de la Onemi Bío-Bío, Jorge Henríquez, fue el primer funcionario del organismo en advertir que la magnitud del terremoto era entre IX a X grados de Mercalli (ruinoso a desastroso) y sus consecuencias podían ser nefastas. Mientras todavía temblaba, logró comunicarse por teléfono con el Centro de Alerta Temprana (CAT) en Santiago, donde le dijeron que se trataba de un temblor grado VII (muy fuerte).

“Mira conchetumadre, esto es un terremoto y es grado IX a X”, fue la furibunda respuesta de Henríquez. Aún así, su reporte no fue considerado y la Onemi mantuvo su impresión inicial de que el sismo en Concepción había alcanzado sólo VII grados de Mercalli.

2. Sólo 2 de 70 estaciones respondieron

Tras decidir que habían antecedentes para decretar una alerta de (posible) tsunami, el teniente primero Mario Andina, jefe subrogante del SHOA, envió una advertencia a 70 destinatarios de la red naval y martítima Genmercalli.

Debido a los cortes de comunicaciones sólo 2 acusaron recibo (Valparaíso y San Antonio), como establece el protocolo, sin embargo en medio del ajetreo nadie reparó en el inusual hecho y asumieron que las demás también habían recibido la alerta.

3. Acusaciones cruzadas

Según la versión del SHOA, apenas 17 minutos después de ocurrido el sismo el organismo de la Armada llamó a la Onemi para dar la alerta de tsunami. Sin embargo, según el personal de la Onemi, el llamado indicó que el epicentro era en tierra por lo que descartaban la alerta. Hasta la fecha, los funcionarios de ambas divisiones contradicen sus versiones sobre el tema.

El dato es crucial: la Onemi por ley debe esperar el aviso del SHOA para emitir una orden de evacuación. Eso aunque -irónicamente- la propia Oficina Nacional de Emergencias educa a las autoridades locales y comunidades costeras para evacuar hacia zonas de altura apenas ocurrido un sismo.

4. Los tsunamis producidos por un sismo con epicentro en tierra son… ¿imposibles?

Se haya dado o no la alerta, de todas formas la información habría chocado con un insólito error de concepto por parte del personal de la Onemi. Esto porque tanto los jefes de turno del CAT, Osvaldo Malfanti y Paolo Marín, así como el jefe del CAT, Johaziel Jamett, y hasta la propia directora nacional de la Onemi, Carmen Fernández, estaban convencidos de que un maremoto no puede producirse si el epicentro es en tierra.

“Si el terremoto es en tierra no es posible un tsunami. Eso lo sabemos todos los que trabajamos en esto. Ese dato es clave, y es lo que analizó el equipo”, indicó Fernández en una entrevista de 2010.

Grave error: un tsunami puede producirse con epicentro en el lecho marino o bien, en tierras cercanas a la costa. De hecho así lo establecen los patrones de procedimiento del SHOA por lo que, al ubicar inicialmente el epicentro a 17 kilómetros al interior del país, dio pie a que la Onemi descartara automáticamente el riesgo de maremoto.

5. Perdido en la traducción

Vindell Hsu, un geólogo del Centro de Observación de Tsunamis del Pacífico (PTWC) en EEUU, despachó un mensaje de alerta al SHOA a sólo 5 ó 6 minutos de ocurrido el sismo, indicando una “alta probabilidad de tsunami”.

Preocupado, Hsu volvió a comunicarse con el SHOA unos 21 minutos después, esta vez por teléfono, para asegurarse de que el mensaje había sido comprendido. Como el cabo Jorge Araya, oceanógrafo del SHOA, no hablaba inglés, fue el geofísico cubano Víctor Sardiña quien tomó el teléfono desde el PTWC para ratificarle la información y enfatizar la fuerza del sismo. El cabo Araya contestó afirmativamente desde Chile que estaban al tanto.

Posteriormente, en conversación con Radio Bío-Bío, Sardiña explicó que le tranquilizó saber que las autoridades ya sabían del peligro. Sólo 4 días después se enteró de que no se había dado orden inmediata de evacuar la costa chilena.

6. Sálvese quien pueda

El personal de la Armada de turno en la Capitanía de Puerto de Constitución, pese al clamor de un pescador que preveía el peligro, se negó a facilitar un bote o a evacuar a la población, convencidos de que no había riesgo de tsunami.

Cuando el mar comenzó a arrasar la zona a las 3:55 de la mañana, escaparon en una camioneta institucional sin socorrer a quienes habían quedado atrapados en el río, como advirtió momentos antes el pescador.

7. La torre de Babel

A 33 minutos de ocurrido el terremoto, la Onemi pidió al SHOA un fax confirmando la información que entregó previamente. Según la Onemi, de que no había alerta de tsunami. Según el SHOA, de que sí había alerta.

Lo único medianamente claro es que en la Onemi, ninguno de los directivos del CAT conocía los formatos oficiales de alerta de tsunami. De ahí que cuando llegó el documento a las 4:07 de la mañana, efectivamente advirtiendo un posible maremoto, tanto el jefe de turno Osvaldo Malfanti como el jefe del CAT, Johaziel Jamett, desecharon la información.

Ambos declararían más tarde que la información entregada por el SHOA era ambigua. De ser así, tampoco cumplieron el protocolo de exigir que los datos fueran aclarados por la Armada.

Poco después llegaron al lugar el jefe de gabinete de la Onemi, Pedro Salamanca, y el propio subsecretario del interior, Patricio Rosende. Todos volvieron a revisar el fax enviado por el SHOA y también lo consideraron “ambiguo”, asumiendo que sólo era una especie de alistamiento en caso de que pudiera llegar a producirse una emergencia.

Según explicaron en la investigación judicial, la confusión se originó porque la Onemi maneja claves que distinguen entre alertas amarillas (preparación) y alerta roja (acción). Sin embargo, el SHOA sólo tiene dos estados: alerta de tsunami (posible tsunami) y alarma de tsunami (tsunami en curso). Cualquiera de las dos involucran evacuación.

8. ¿Quién dice la verdad?

Todos los funcionarios de la Onemi en el CAT, incluyendo al subsecretario Rosende, aseguran que pidieron confirmación telefónica al SHOA, recibiendo respuesta clara de los marinos de que no había alerta de tsunami por haberse producido el epicentro en tierra.

El SHOA sin embargo lo niega y tiene a su favor la declaración de Carmen Fernández, quien declaró que -mientras se trasladaba en su auto a las dependencias de la Onemi- se mantuvo escuchando por radio el intercambio de información entre su departamento y el SHOA. Asegura que en ningún momento escuchó a los marinos descartar el tsunami. Es más: que ni siquiera escuchó a sus subalternos pedir confirmación al SHOA.

9. “¿Cómo estamos para cancelar?”

El SHOA habría salido relativamente indemne de la investigación de no ser por un crucial y fatídico error: una hora después del sismo, el comandante Mariano Rojas, director del organismo, convencido de que no ocurría nada, preguntó a sus funcionarios en voz alta: “¿cómo estamos para cancelar?”.

Rojas interpretó el silencio del teniente Andina y de su asesor, el capitán de corbeta Andrés Enríquez, como una aprobación y canceló formalmente la alerta de tsunami difundida 50 minutos antes y enviada a la Onemi 34 minutos sólo atrás.

El SHOA sólo se enteró cerca del mediodía del desastre.

Dichato tras el paso del tsunami | USGS (CC)

Dichato tras el paso del tsunami | USGS (CC)

10. “Un problema menos”

Cuando Carmen Fernández llegó a la Onemi, leyó el intrigante fax y fue la única en reconocer que encerraba la posibilidad de una evacuación. Por desgracia, justo en ese momento el SHOA informó que cancelaba oficialmente la alerta de tsunami y todos olvidaron el tema.

“Un problema menos”, dijo Carmen Fernández.

Según la investigación, el teniente Andina canceló su propia alerta de tsunami porque ignoraba que la primera ola de un maremoto suele ser la más inofensiva. Tras interpretar mal los datos, creyó que lo peor había pasado y determinó que ya no había riesgo.

11. La única voz autorizada sobre tsunamis en el SHOA no fue escuchada

Cerca de las 5 de la mañana, la oceanógrafa jefa de sección tsunamis del SHOA, Cecilia Zelaya, llegó a la oficina. De inmediato interpretó los datos no sólo como una alerta, sino como una alarma de tsunami inminente y advirtió de ello al capitán Enríquez, asesor del director del SHOA.

Sin embargo Enríquez no prestó atención a su advertencia, pese a que Zelaya era la única persona en el lugar con conocimientos sobre tsunamis. Por su responsabilidad en el desastre, el comandante Rojas fue dado de baja y el teniente Andina recibió una amonestación gravísima, pero el capitán Enríquez no sólo salió indemne, sino que fue ascendido a capitán de fragata en enero de 2011.

12. “Confirmo tsunami en basetalc. Nmm 6 metros en Fuerza Sub. Una ola inundó sin rompiente”

Antecedentes barajados en la investigación estiman que el SHOA recibió al menos dos avisos de “observadores entrenados” -uno desde Juan Fernández y otro desde Talcahuano- indicando un tsunami en curso. Si se comprueba que la Onemi conoció estos reportes antes de las 5:17 de la mañana, sus directores podrían ser inculpados de la muerte de 18 personas en Talcahuano y de otras 12 en Dichato, por las olas que golpearon las localidades 45 minutos y una hora y media después, respectivamente.

También existe registro de un mensaje de texto enviado desde Talcahuano a Zelaya confirmando un tsunami a las 5:34 de la mañana, 26 minutos antes de la ola asesina. El texto decía “Confirmo tsunami en basetalc. Nmm 6 metros en Fuerza Sub. Una ola inundó sin rompiente”.

Rojas indica en su defensa que ese mensaje se recibió a las 6:43. Otros testimonios dicen que Zelaya lo leyó previamente y en voz alta a Rojas, Enríquez y Andina, quienes sólo lo escucharon en silencio sin reaccionar, preocupados por la información que comenzaba a llegar desde Juan Fernández.

13. La situación es de normalidad

Según la investigación, a las 4:20 de la mañana el jefe de la Segunda Zona Naval, contraalmirante Roberto Macchiavello, informó a Bomberos de Talcahuano, al jefe de la 8º Zona Policial, Eliecer Solar, al intendente Jaime Tohá y, a través de este, a la población, que no había alerta de tsunami porque el epicentro se había localizado en tierra.

El intendente Tohá así lo confirmó públicamente a través de Radio Bío-Bío a las 5:20 de la mañana.

A las 6 y 6:40 horas, dos nuevas olas cobraron vidas en Dichato.

Lee aquí el reportaje completo publicado por Ciper Chile.

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