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Los 50 “Samurai” de Fukushima: Operarios sacrifican sus vidas para evitar un desastre nuclear

Planta Nuclear de Fukushima | Wikipedia
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Como si el terremoto grado 9 y posterior tsunami no fueran una tragedia suficiente, Japón ha debido lidiar desde el viernes pasado con un monstruo mucho peor, uno que remece los recuerdos del país hasta el fatídico fin de la II Guerra Mundial: un desastre nuclear.

Esto porque tras verse interrumpida la electricidad y el flujo de agua para refrigeración, los reactores de la central atómica de Fukushima comenzaron a elevar peligrosamente su temperatura, desde los 40ºC considerados normales hasta casi 90ºC. Sumando esto a los daños, incendios e incluso dos fuertes explosiones que han afectado la planta, el panorama es sombrío.

Pero en medio de la catástrofe, el espíritu de los japoneses ha encontrado inspiración en un grupo de operarios quienes, asumiendo los riesgos de un escape radioactivo, han decidido mantenerse en sus puestos e incluso ofrecerse como voluntarios para combatir la emergencia.

Se trata de un grupo de 180 técnicos, ingenieros, bomberos y policías que, en turnos de 50 personas, se adentran sin descanso en las ruinas de la planta de Fukushima para intentar poner en marcha nuevamente sus servicios, en resguardo de la población.

Los hombres saben que se enfrentan a la muerte. Según explicó a la BBC el profesor de la Universidad de Carolina del Norte, David Richardson, los niveles de radiación que reciben los operarios de Fukushima durante 1 hora, son superiores al que recibirán los técnicos de una planta de Estados Unidos durante toda su carrera. Peor aún, no hay un traje aislante capaz de protegerlos.

“Respiras esta cosa hacia tus pulmones y hay una absorción pasiva a través de la piel, tus ojos y tu boca. No sabemos realmente qué impacto tendrá a largo plazo”, explicó Lee Tin-lap, un toxicólogo de la Universidad de Hong Kong al New Zealand Herald.

La prensa ha comenzado a recoger estremecedoras historias de empleados mayores, ya retirados o cercanos al retiro, quienes se han ofrecido como voluntarios para atender las labores de emergencia, evitando que los jóvenes arriesguen sus vidas. Este sacrificio ya ha sido comparado con el sentido del deber y la entrega de los antiguos guerreros Samurai.

Twitter y otras redes sociales han comenzado a ser testigos de la angustia de las familias de estos empleados. Así, @NamicoAoto escribió: “Tuve que contener las lágrimas cuando escuché que mi padre, quien iba a retirarse dentro de 6 meses, se ofreció como voluntario”. “En casa, él no parece alguien capaz de enfrentar un trabajo de esta magnitud, pero hoy estoy muy orgullosa de él”. “Ruego porque regrese a salvo”.

Por su parte, la usuaria @nekkonekonyaa compartió que su madre lloró cuando su padre le dijo que iba hacia la planta nuclear. “Por favor Papá, vuelve con vida”, expresó en Twitter.

“Me dijo que había aceptado su destino. Sabe que es una sentencia de muerte”, dijo en un correo electrónico la hija de uno de los trabajadores a la cadena de televisión estatal japonesa, NHK.

Pero a las dificultades propias de su labor, los operarios deben además luchar contra el cansancio y la falta de comida, que se agotó en las instalaciones.

Michiko Otsuki es una funcionaria que fue evacuada de la planta el lunes y quien, desde su blog, no sólo desmiente que los trabajadores de la planta hayan escapado sino que reafirma el orgullo hacia sus compañeros que se mantienen en las instalaciones.

“El equipo de TEPCO rehusó huir y continúan trabajando incluso arriesgando sus propias vidas. Por favor, dejen de atacarnos”, recoge Los Angeles Times.

La mujer narra que desde el momento mismo del terremoto, los empleados lucharon por mantener en pie la planta a medida que perdía energía y sonaban las alarmas. “Seguimos trabajando para restaurar los reactores con lo que teníamos, directo desde el mar, a sabiendas de que podía ser una muerte segura”, explica.

“La máquina que enfría el reactor está en el océano y fue devastada por el tsunami. Todos trabajábamos desesperadamente para intentar repararla. Luchando contra el cansancio y con el estómago vacío, prácticamente nos arrastrábamos nosotros mismos de vuelta al trabajo”, narra.

Sin embargo, Otsuki también tuvo palabras para disculparse ante la población por el desastre.

“A todos los residentes (alrededor de la planta) que se han alarmado y angustiado, lo lamento sincera y profundamente”, dijo.

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