Notas


Graffiticidio: Carta abierta a futuros espectadores de proyecto museo “Arte de luz”

  • share
Publicado por
Envíanos tu corrección
 "Pobreza Material, Riqueza Espiritual" / Imagen: Pablo Sandoval

El próximo 19 de enero se inaugurará el proyecto museo “Arte de luz”, donde la artista visual Catalina Parra, proyectará en el cauce, la cuenca y los muros del río Mapocho, en la extensión de un kilometro, pinturas y dibujos recopilados de artistas.

Se agradece una iniciativa como ésta, pero quiero cuestionar el proceder de la artista, la Municipalidad de Santiago y el Consejo nacional de monumentos que encargó el proyecto, pues para llevar a cabo esta obra, se han borrado todos los grafittis y murales existentes desde Pio nono al poniente, los que por lo demás fueron hechos por grafitteros reconocidos como Grin (www.grin.cl), Saile (www.Saile.cl), Piguan (www.flickr.com/photos/piguan ) o Aislap (www.flickr.com/photos/aislaponer) . Todos estos artistas borrados han expuesto en el extranjero en Bienales, galerías europeas y de Nueva york.

No pretendo cuestionar la calidad artística de Catalina Rojas, no soy quien para hacerlo. Así mismo ni ella ni la Municipalidad de Santiago tienen la autoridad para decidir borrar obras aceptadas por la comunidad para llevar a cabo una obra efectista que no respeta la historia que las murallas resguardaban.

El usar la rivera del río Mapocho como escenario, implica no sólo desarrollar un proyecto de intervención en el espacio público que considere una técnica adecuada, si no también debe primordialmente considerar el lugar a intervenir y las connotaciones que este conlleva.

El río Mapocho es una arteria que arrastra basura y mierda desde lo más alto del barrio oriente al poniente, su cauce no solo lleva agua, acarrea lo más profundo de nuestra sociedad. Acarrea desperdicios, fragmentos de lo que usamos, de lo que fuimos, acarrea historia y memoria.

Los grafitteros que bajan a pintar los muros, no sólo se hacen cargo del espacio, también se relacionan con los niños pastabaseros, conviven con la marginalidad sub puentes, mezclando el café tierra con colores brillantes. Dejan imágenes que obligan al espectador curioso a mirar lo que no quiere. Con o sin querer se hace cargo no sólo de los muros, sino que desde su marginalidad se hace cargo de lo que implica “estar abajo”.

En relación a lo anteriormente expuesto, el proyecto que lleva acabo Catalina Rojas comete 2 grandes fallas. La primera es que como muralista, pasa por alto el acuerdo implícito de la pintura callejera, las obras de los otros se respetan y las murallas sólo pueden ser borradas para ser ocupadas por alguien que lo haga mejor.

La segunda, es que su procedimiento es incoherente al discurso que la técnica y el escenario implican. Explico, la técnica utilizada es la proyección. Ésta se inscribe en el terreno de las artes mediales, propias de la contemporaneidad y la lógica de la postproducción. Este ultimo término es utilizado en el contexto de las artes por Nicolas Bourriaud, quien en el libro del mismo nombre alude a como en un mundo globalizado e intermedial, determinado por la masificación de los medios de información como internet, el artista debe en un ejercicio critico, adaptarse a los nuevos medios y al nuevo rol que le corresponde en esta nueva sociedad. Así, debe abandonar su rol de creador de obras de la nada, creyendo que lo que hace es original y único, para asumir que en un mundo donde todo está hecho y al alcance de la mano, resulta un mejor ejercicio tomar lo que ya está hecho, reorganizarlo y resignificarlo para ponerlo nuevamente en circulación. Este nuevo enfoque del arte promueve la interacción directa del artista y la obra con el público, rompe los limites que había entre ambos , promoviendo entre otras cosas la posibilidad de que el espectador modifique , participe y reestructure la obra en un ambiente de cooperatividad.

Catalina Rojas toma imágenes ya hechas para proyectarlas y “reconstruir” la historia y la geografía de Chile mediante la apropiación del espacio. Más, su obra ya antes de ser inaugurada denota su carencia de sentido y reflexión crítica. Sino ¿Por qué la autora no consideró las imágenes que ya existían en el Mapocho potenciándolas o haciendo una relectura y en cambio las borró?

Si la idea del proyecto es tomar parte de la ciudad y marcar el Mapocho como un hito, porque no asume el contexto real y lo transforma en un cubo blanco donde proyectar lo que se le antojó.

Ahora, aún si no fue Catalina Rojas quien borró los muros y fue mandato de la Municipalidad, no se puede pasar por alto el que no se haya considerado lo que había en los muros. Su ignorancia y descuido lejos de disminuir la culpa la exacerba. Esto va mas allá de la voluntad del alcalde Zalaquett y su poco o nulo conocimiento de arte, es labor del artista hacer un buen trabajo.

Esto de borrar las huellas y tapar con proyecciones para que se vea lindo me huele a disfraz, a un intento de ocultar bajo lucecitas de colores las deficiencias dolorosas de una sociedad ignorante, arribista, mal constituida e injusta, que el Mapocho evidencia con sus niños volados y su olor a mierda y que ahora se quiere tapar con imágenes.

Atentamente.

Gabriela Pérez
Licenciada en arte y Estética

Pablo Sandoval
Fotógrafo e investigador del graffiti,
Estudiante en proceso de titulación
Gestión en Turismo y Cultura UV

Nuestros comentarios son un espacio de conversación y debate. Recibimos con gusto críticas constructivas, pero nos reservamos el derecho a eliminar comentarios o bloquear usuarios agresivos, ofensivos o abusivos.
Ver los comentarios (0)
Destacados