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Exposición antropológica “La Producción de Imágenes” en París explicará las visiones de múltiples culturas

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Más de 160 obras -tótemes, máscaras brasileñas, pinturas flamencas, joyas peruanas, esculturas africanas- son presentadas en París en una exposición antropológica que aspira a explicar las visiones del mundo de diferentes culturas y cómo las representan.

La exposición, “La Producción de Imágenes”, que abre sus puertas el martes en el museo del Quai Branly, consagrado a las culturas de América, Africa, Asia y Oceanía, es un intento, difícil pero fascinante, de adentrarse en las diferentes cosmovisiones y en los diversos modos de representar esa mirada.

“Tenemos la ilusión de que todo el mundo ve las mismas cosas cuando mira”, señaló el curador, Philippe Descola, quien ocupa la cátedra de antropología del Collège de France que alguna vez perteneció al gran Claude Lévi-Strauss.

“La cultura en que hemos sido criados hace que veamos las cosas diferentes” explicó Descola en la presentación a la prensa de la muestra, que busca “poner en imágenes” sus propuestas teóricas.

“Me interesó ver qué forma visual podrían tener esas diversas maneras de percibir la realidad”, agregó.

Esta muestra -la tercera exposición antropológica en la historia del Quai Branly- es también una valiosa ocasión para que objetos de la colección del museo, organizada geográficamente, conversen entre sí de otro modo.

Según Descola, hay cuatro maneras en que las diferentes culturas del mundo han plasmado, en pinturas, esculturas y otros objetos, su mirada de la realidad: el animismo, el totemismo, el analogismo y el naturalismo que apareció en Europa en la Edad Media.

En el “animismo”, todos los animales y plantas son considerados como poseedores de una interioridad y, como resultado, sus representaciones aluden a esa dimensión. Así, las máscaras de animales de Canadá se abren para revelar rostros humanos en su interior.

A esta mirada animista pertenecen casi todos los objetos latinoamericanos en la muestra, incluyendo máscaras gigantes Wauja, del Brasil, y un par de aretes de color verde resplandeciente, que parecen hechos de plumas y están fabricados con decenas de alas de escarabajo, que provienen de Perú.

Estos objetos “toman prestados atributos animales” que el hombre admira, explicó Anne-Christine Taylor, directora de investigación del museo.

“Muchas aves, especialmente las aras (guacamayas), tienen una vida conyugal y familiar considerada exitosa”, explicó Taylor, señalando un tocado de plumas verdes y azules. “Ponerse sus plumas” es una manera de aspirar a lograr lo mismo, añadió.

En segundo lugar aparece el “naturalismo”, que propone que sólo el hombre posee una interioridad. A través de retratos y paisajes holandeses se muestra cómo el acento recae sobre la representación realista del mundo y alusiones a la psicología de los personajes.

Para Descola era importante incluir en la muestra al mundo occidental, ausente en las colecciones del museo. “No hay que excluirlo, ni tampoco ponerlo como el único”, señaló a la AFP en vísperas de la inauguración de la muestra, que concluye en julio de 2011.

En el “totemismo”, ilustrado en su totalidad por objetos de los aborígenes de Australia, los hombres, animales y plantas se remontan a diversos ancestros comunes.

Los canguros y tortugas, dibujados en tonos ocres y formas geométricas en una serie de hermosas pinturas sobre corteza de árbol, no serían representaciones de los animales mismos, sino de sus “tótem” originales.

Finalmente, el “analogismo” plantea que todos los seres son diferentes, y que el hombre busca relaciones entre ellos para ordenar el caos del mundo.

Forman parte de este grupo objetos que representan “seres compuestos”, como los grifos, o que intentan relacionar al hombre con el universo, como un colorido tapiz cósmico del norte de México.

El recorrido termina con un reto para el espectador. Aparecen lado a lado varias parejas de objetos que a primera vista parecen similares, pero que se revelan diferentes según los planteamientos de Descola.

Una máscara de gaviota de Alaska y una de la Diablada de Oruro (Bolivia), que suelen ser catalogadas como el mismo objeto, “en realidad tienen significados y usos diversos”, indicó Descola, que trabajó durante tres años con los indígenas achuar en el Amazonas ecuatoriano.

Como dice la cita de Leonardo da Vinci que recibe a los visitantes cuando entran a la muestra: “La pintura es una cosa mental”.

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