Apenas llega el invierno, las cuentas de electricidad, gas o combustibles se disparan y no es coincidencia, es que en esta temporada es esencial mantener los hogares calefaccionados.
Sin embargo, si eres de los que cree que gasta más de lo común, un estudio científico de la Universidad de Chile parece tener la respuesta al problema de fondo: deficiencias estructurales en las viviendas chilenas.
Se trata de una investigación titulada “Vivienda y pobreza energética en Chile: hacia una política integral de habitabilidad” publicada por la Vicerrectoría de Investigación y Desarrollo (VID) de la Universidad de Chile. En ella trabajaron 18 investigadores en un equipo multidisciplinario que estudió cómo la infraestructura habitacional afecta directamente el presupuesto diario de las personas y su calidad de vida.
El verdadero problema para calefaccionar
Tal como concluye la investigación, “gran parte del parque habitacional en Chile fue construido bajo estándares térmicos insuficientes o derechamente inexistentes”. En consecuencia, el calor de estufas y sistemas de calefacción se termina escapando por muros, techos y ventanas mal selladas.
Esto repercute en que las familias están obligadas a tener los calentadores encendidos por muchas horas, lo que produce altos gastos.
Aquello deriva en lo que definen como “pobreza energética”, que incluso puede producir problemas de salud física y mental a quienes viven en espacios fríos y con humedad, explica Paz Araya, investigadora de la Red de Pobreza Energética.
Sobre lo que añade que “la incapacidad de satisfacer adecuadamente necesidades humanas básicas y fundamentales tiene implicancias en la salud física, como enfermedades cardiovasculares y respiratorias asociadas al frío, y contaminación intradomiciliaria por combustión a leña; afectaciones psicológicas provocadas por el estrés crónico, la precariedad y la incertidumbre energética; impactos socioemocionales en las relaciones personales y en el clima familiar, y también efectos en las oportunidades educativas y laborales, como la imposibilidad de estudiar de noche por falta de luz o calefacción y la postergación de la atención médica debido a la reasignación del presupuesto, por ejemplo”.
¿Cuál es la solución?
De acuerdo al Policy Paper, cuyo propósito es proponer una solución, esta problemática se puede resolver con un mejoramiento térmico masivo de las viviendas.
Es decir, priorizar dentro de las políticas públicas programas estatales de reacondicionamiento donde se aíslen muros y techos, además de sellar adecuadamente las ventanas de construcciones existentes.
Pero no solo eso. Los investigadores chilenos también aconsejan diseñar normas de construcción más exigentes para nuevos proyectos habitacionales con estándares mínimos de temperatura y ventilación.
Sobre lo mismo, detallan que las mejoras habitacionales no solo tienen que considerar las temporadas de frío, sino que también las de más altas temperaturas e incluso calor extremo por olas de calor.
No obstante, la autora de la investigación dice que, además de todo esto, es necesario “fortalecer la coordinación entre instituciones, como los ministerios de Vivienda y Urbanismo y de Energía, para desarrollar soluciones estructurales y conjuntas”, concluye.