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Resumen generado con una herramienta de Inteligencia Artificial desarrollada por BioBioChile y revisado por el autor de este artículo.

En Santiago, el Teleférico Bicentenario avanza con pruebas técnicas que revolucionarán la movilidad urbana, conectando Providencia con Ciudad Empresarial en solo trece minutos. Con 121 cabinas para diez pasajeros, el sistema podrá transportar hasta tres mil personas por hora, reduciendo drásticamente los tiempos de viaje y siendo cien por ciento eléctrico. En Lima, el teleférico de Miraflores, enfocado en el turismo, está por terminar y comenzará pruebas con tarifas de quince a veinte soles, sin integrarse al transporte público masivo. Chile destaca en la integración de teleféricos como solución de movilidad, mientras que Perú aún no ha logrado poner en funcionamiento proyectos similares.

Mientras la capital peruana espera la apertura de su primer teleférico, Santiago ya integra un sistema aéreo de alta capacidad al transporte público, lo que ha provocado comparaciones y reacciones entre ciudadanos de ambos países ante la diferencia de enfoques e implementación.

En Lima, los cables del teleférico de Miraflores anuncian la inminente llegada de una obra largamente esperada, mientras en Santiago de Chile las cabinas del Teleférico Bicentenario ya surcan el cielo como parte del sistema de transporte público urbano.

Chile ha dado —según expertos— un paso adelante en la integración de teleféricos como solución de movilidad, mientras que Perú sigue apostando por un modelo enfocado en el turismo, sin que sus proyectos lleguen aún a operar.

El nuevo Teleférico Bicentenario avanza con pruebas técnicas que marcan una transformación en la manera en que la capital chilena concibe la conectividad. Unirá Providencia, Las Condes, Vitacura y Huechuraba, completando el trayecto entre el corazón financiero de “Sanhattan” y la Ciudad Empresarial en solo trece minutos, una reducción drástica respecto a los más de cuarenta y cinco minutos que demanda en hora punta por tierra.

La esperada obra chilena contará con 121 cabinas de fabricación europea, cada una con capacidad para diez pasajeros sentados. El sistema podrá movilizar hasta tres mil personas por hora en cada dirección y recorrerá 3,2 kilómetros a una velocidad de seis metros por segundo.

El Ministerio de Obras Públicas de Chile ha remarcado que el teleférico será cien por ciento eléctrico y libre de emisiones contaminantes, contribuyendo a la reducción de la huella de carbono en la ciudad.

Esta incorporación representa “una mejora relevante para la movilidad metropolitana al conectar Ciudad Empresarial con Providencia en apenas trece minutos”, analiza el arquitecto Francisco Godoy en una carta publicada por DF.

“El desafío no radica únicamente en su integración con el Metro, sino también en la capacidad del espacio urbano para absorber estos flujos peatonales”, advierte tras aludir a la presión que ejercerán los nuevos pasajeros sobre veredas y espacios públicos.

Lima aún espera

Mientras el sistema chileno se perfila como un engranaje más del transporte público, el Teleférico de Miraflores en Lima se acerca a sus etapas finales, aunque con un enfoque distinto.

La obra presenta un noventa y cinco por ciento de avance y la “marcha blanca” —fase de pruebas con usuarios— está prevista para agosto, tras la certificación de una empresa alemana.

“Los cables ya empezamos a instalarlos. Va a demorar hasta el día sábado (27 de junio). Son dos cables, se llama el portante y el tracto, que son los que van a tener a la cabina”, explicó el alcalde de Miraflores, Carlos Canales, en declaraciones a RPP Noticias.

El funcionario detalló que la empresa concesionaria prevé iniciar operaciones para vecinos, deportistas y turistas, con tarifas que oscilarán entre quince y veinte soles, y descuentos especiales para residentes del distrito.

La infraestructura ha requerido cuidados técnicos especiales, sobre todo en la zona superior del acantilado, donde se incrustaron cinco anillos estructurales para asegurar la estabilidad del sistema.

El teleférico limeño, sin embargo, ha sido conceptualizado como un atractivo turístico, diseñado para unir la parte alta del malecón con la playa Redondos y facilitar el acceso de bicicletas, tablas de surf y personas con movilidad reducida, pero no formará parte del sistema público de transporte masivo.

La visión chilena

El Teleférico Bicentenario no solo pone a Santiago a la vanguardia tecnológica, sino que fortalece su red de transporte con un sistema que aspira a movilizar hasta sesenta mil pasajeros por hora, según estimaciones oficiales.

El exministro chileno de Transportes, Juan Carlos Muñoz, celebró el inicio de las pruebas. “Felicitaciones a los que imaginaron y trabajaron para que estas cabinas unan Tobalaba y Ciudad Empresarial, dando además una nueva conexión al cerro. El viaje será precioso, aportando una nueva vista a la ciudad. El transporte público se fortalece como atributo distintivo de Santiago”, afirmó en su cuenta de X.

La integración del teleférico con las líneas 1 y 4 del metro refuerza el carácter de servicio público, mientras que la ubicación estratégica de las estaciones —Tobalaba, Parque Metropolitano y Ciudad Empresarial— busca facilitar la vida diaria de quienes atraviesan a diario estos corredores.

Reacciones en redes

La puesta en marcha del sistema chileno no pasó inadvertida en el Perú. Usuarios peruanos en redes sociales establecieron comparaciones entre ambas capitales y lamentaron el rezago limeño. “Nos llevan pasos adelante”, comentaron varias voces, sintetizando la percepción de que Chile aventaja en soluciones modernas de movilidad.

La diferencia en el enfoque de ambos proyectos fue también objeto de debate digital: mientras el sistema limeño prioriza el atractivo turístico y el acceso a la costa, el chileno responde a necesidades de movilidad urbana cotidiana.

En las calles, de acuerdo a impresiones de la ciudadanía, se coincide con lo que se menciona en redes sociales. “Primero dijeron que el Teleférico de Miraflores se iba a inaugurar en 2024, luego en 2025 y ya estamos en junio 2026 y aún nada”, comentó Rosario Muñoz, una vecina del distrito, a BioBioChile.

Más allá de los teleféricos

El contraste entre Chile y Perú en materia de transporte no se limita al teleférico. El caso del tren donado a la Municipalidad de Lima refuerza la brecha en materia de infraestructura.

Según un informe de Sudaca, el tren traído desde Estados Unidos durante la gestión del exalcalde Rafael López Aliaga se ha convertido en un símbolo de promesas incumplidas.

Almacenado en el parque La Muralla (en el centro de la ciudad de Lima), el convoy ha generado pérdidas superiores a setecientos mil soles por gastos en custodia, traslado y mantenimiento, sin que haya entrado en funcionamiento regular.

El proyecto, que fue presentado con gran despliegue mediático, carece de estudios técnicos y de infraestructura adecuada, motivo por el cual permanece inoperativo y ha limitado el uso público del parque.

En contraste, remarcan expertos y autoridades, Santiago ya cuenta con tren eléctrico y una red de metro consolidada desde hace años, mientras que Lima enfrenta dificultades para poner en marcha proyectos ferroviarios básicos.

El desafío urbano

El arquitecto Francisco Godoy observa que el mayor reto para el Teleférico Bicentenario no se encuentra en la tecnología ni en la operación aérea, sino en la capacidad de las ciudades para absorber los nuevos flujos peatonales y transformar el espacio público.

“El teleférico puede constituir un importante avance en materia de movilidad, pero su éxito dependerá de algo más fundamental: contar con un espacio público capaz de acoger estos nuevos flujos y, al mismo tiempo, contribuir a la construcción de ciudad”, concluye en su análisis para DF.

Mientras Chile ya prueba y ajusta un teleférico que pronto funcionará como columna vertebral de su transporte urbano, Perú sigue esperando que su primer teleférico capitalino abra las puertas, aunque sea dirigido a turistas y principalmente para vecinos del distrito costero. Las comparaciones, cada vez más frecuentes, reflejan el deseo de los limeños de ver sus proyectos convertidos en realidades tangibles y útiles para todos.