Resumen generado con una herramienta de Inteligencia Artificial desarrollada por BioBioChile y revisado por el autor de este artículo.
"Los Invasores" de Egon Wolff regresa con éxito a la escena teatral, destacando su lectura contemporánea y vigorosa que interpela al ciudadano chileno y latinoamericano. Dirigida por Marcelo Leonart, la obra subraya las fracturas sociales, privilegios de clase y temores actuales. Con un elenco diverso y una intensidad dramática notable, la propuesta destaca por su diseño sonoro y escenografía monumental. A pesar de ciertas decisiones contradictorias en la caracterización de los personajes, el montaje logra mantener la tensión y el interés del espectador, explorando temas de desigualdad y justicia social.
Montaje que subraya lo emotivo, la tensión y el compromiso social de un texto clásico, extendió su temporada por gran respuesta de público. Funciones hasta el 4 de julio.
Por Leopoldo Pulgar Ibarra
En el centenario del nacimiento de su autor, a 10 de su deceso y a 63 años del estreno de una de sus obras más destacadas (1963), con la dirección de Víctor Jara y el Ituch (Instituto de Teatro de la Universidad de Chile, hoy Teatro Nacional Chileno), Los invasores vuelve a la sala Agustín Siré con toda la fuerza de la historia.
Llega en una lectura contemporánea y vigorosa del clásico de Egon Wolff (1926-2016) que interpela nuevamente al ciudadano chileno y latinoamericano actual. Además de develar la estructura social y sus fracturas, privilegios de clase y los temores que todavía agobian a la mayoría de los habitantes.
Una obra clásica que, incluso con el paso del tiempo, filtra otras vertientes de contenido y sentido que aluden a la vida actual, semiocultas en épocas pasadas por las urgencias del momento.
Los invasores se muestra a través de un relato que parece sencillo y cotidiano. Y lo es. Habla de un gran empresario y su esposa que llegan a su mansión luego de una fiesta. Pero ella, intensa e intuitiva, huele en el aire algo que le provoca terror.
Teme que ese algo venga de afuera a alterar sus vidas: un cambio social que acabaría con sus privilegios. Está asustada. La ansiedad y el sobresalto por peligros reales y exacerbados por lo que ha escuchado rondan por su cabeza. Pero como gente rica e indiferente respecto de lo que sucede fuera de su mundo exclusivo, no hay capacidad de crítica ni autocrítica frente a lo que piensan y hacen.
Es cierto que existe una situación de conflicto potencial con quienes viven “al otro lado del río”. Metáfora para aludir a la pobreza, a los pobres y a todo tipo de gente indeseable para ellos. Entonces, todo se ve como algo que no está tan cerca. Esa misma noche sabrán la verdad.
Los Invasores, foto de Felipe Poga
Intensidad dramática
De todo esto se hace cargo la propuesta de Marcelo Leonart, un director atrevido cuando mira los conflictos y capaz de dialogar con el presente sin abandonar lo esencial del texto de Wolff.
Sobre el escenario construye una experiencia de gran intensidad dramática cuando articula materia humana viva con imaginación y elementos visuales, sonoros, coreográficos y actorales.
De partida trabaja con un elenco diverso en edades, con experiencia y fuerza. Eso permite que lo actoral, física y psicológicamente, fluya en cada escena de manera equilibrada, tanto en la acción individual como colectiva.
Llamará la atención la presencia de Paulina Urrutia, gran actriz de larga trayectoria. Como esposa del empresario aporta una mirada perdida en temores ancestrales hacia lo extraño y diverso. Y, mientras olfatea el aire, sus anuncios sibilinos se estrellan con la visión de una dura y posible nueva realidad.
En general, todos los personajes de la obra juegan sus roles en una maquinaria dramática muy compleja que demanda silencio y estruendo, desplazamientos inesperados, lenta acumulación de tensiones en momentos, eclosión y rompimiento en otros.
Todo ocurrirá frente a una escenografía monumental y fría, representativa de riqueza y privilegios, abundancia y exclusión. Una elegancia que se contrastará con la presencia de extraños.
Son escenas y procesos muy bien intensificados por el diseño sonoro ambiental que, poco a poco, va creando una atmósfera con un ingrediente fundamental, en general, escaso en otras obras.
Son sonoridades que no muestran lo que viene, sino que aluden a que algo va a pasar. Tensión que mantiene vivo el interés por el desenlace de cada escena y conocer lo que se avecina.
El espectador espera y queda a la espera… Hay un estado de alerta prolongado. La sensación de amenaza y desasosiego es total. Desestabiliza como si se avistara un tren de olas.
Los Invasores, foto de Felipe Poga
Pausas en la semioscuridad
Otro aspecto interesante de esta puesta en escena es la forma en que acentúa el perfil de thriller psicológico del texto de Egon Wolff. Tal vez, una arista no tan destacada en versiones anteriores.
Un momento ejemplar es cuando la Tole Tole golpea una puerta con rabia, porque el China demora en hacerla pasar al living de la casa señorial. Un sonido que rompe el sigilo propio de la invasión y que retumba en la semioscuridad. También, la llegada nocturna de los invasores a la mansión: cadenciosa, llena de tensión y sorpresa.
Leonart avanza de manera pausada en la construcción de un clima de amenaza permanente, que va intensificándose hasta transformar el hogar burgués en un espacio incierto y hostil.
Allí surge, también, una inquietud existencial que va más allá o junto con la incógnita social y política. La situación perturba el alma de unos y otros, todo se vuelve inquietante y confuso, incluso, el sentido de lo que se hace y defiende.
Los Invasores, foto de Felipe Poga
Nuevas interrogantes
El montaje que dirige Marcelo Leonart aporta también algunas decisiones y caracterizaciones que se advierten contradictorias. El vestuario de los que viven “al otro lado del río” es un ejemplo.
Este recurso parece coludido con cierta “elegancia” que, junto a la corporalidad de las actrices, atenúa la apariencia de la marginalidad y la precariedad que encarnan sus personajes y suaviza la violencia social.
A su vez, el actor Gabriel Cañas, de muy buen trabajo en su rol de líder de los que viven “al otro lado del río”, recurre en el relato a un tono de voz algo desconcertante que, en momentos, en ciertas escenas en que muestra su conciencia social, parece querer distanciar al espectador de la intensidad emocional de la obra.
Por otra parte, el intenso tono de thriller plantea una curiosa interrogante. Al rodear la confrontación con la familia que representa el poder económico, en un ambiente que enfatiza la sensación de miedo y asedio, se corre el riesgo de representar a los invasores sólo como una presencia perturbadora, asociable al miedo actual por la delincuencia y a la inseguridad exacerbada por razones políticas.
Y no situar su irrupción con todo el valor de una lucha vehemente y legítima, una conducta consciente y expresiva a favor de una demanda histórica por la justicia social.
Porque la potencia de Los invasores está en plantear que el verdadero horror proviene de las profundas desigualdades e inequidades que existen en la sociedad, lo que hace inevitable la aparición y llegada de la gente pobre a reclamar sus derechos.
Los Invasores, foto de Felipe Poga
Los Invasores
Dramaturgia: Egon Wolff
Dirección: Marcelo Leonart
Elenco: Paulina Urrutia, Jaime McManus, Gabriel Cañas, Nicole Vial, Marcela Adriana, Gabriel Bastías, Francisca Suárez, Almendra Báez
Diseño integral: Kristian Orellana
Diseño vestuario: Gabriela Torrejón
Asistencia dirección: Catalina Rozas
Diseño sonoro: Dante Leonart
Diseño gráfico TNCh: Alonso Morales
Equipo técnico TNCh: Joaquín Riquelme, Hugo Hernández, Guillermo Cerón, Sebastián Chávez Comunicaciones: Catarina Vásquez
Financia: Fondo de Apoyo a Teatros Universitarios (Mincap)
Producción: Teatro Nacional Chileno
Teatro Nacional Chileno
Sala Antonio Varas
Morandé 25. Metro U. de Chile.
Miércoles a sábado, 19.30 horas.
Entrada general $ 10.000; estudiantes y tercera edad $ 5.000; personas con discapacidad (con credencial) $ 4000; estudiantes y funcionarios UChile (con TUI) $ 3.500 (+ cargo por servicio); valor especial compras en boletería.
Hasta 04 julio 2026.
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