La discusión sobre producción y eficiencia en los recintos asistenciales de salud en el país apunta a un problema real: el aumento del gasto público no siempre se ha traducido en mejoras equivalentes en oportunidad, acceso y experiencia de los pacientes. Sin embargo, la respuesta del Ministerio de Salud no puede reducirse a exigir “más gestión”. En salud pública, la eficiencia no se decreta: se construye con reglas, información, atribuciones y responsabilidad por los resultados.

Chile necesita mejorar la productividad del sistema; qué duda cabe. Las listas de espera, el ausentismo de los funcionarios, la pérdida de horas clínicas y la falta de interoperabilidad muestran que existe margen para usar mejor los recursos. Sin embargo, quienes gestionan hospitales, servicios de salud y centros de Atención Primaria de Salud (APS) municipal muchas veces operan con herramientas del siglo pasado para problemas actuales.

A los gerentes que trabajan en el sector público se les exige resolver más rápido y con mayor calidad. Pero rara vez se les entrega capacidad real para reorganizar equipos, reasignar agendas, comprar oportunamente (e inteligentemente) prestaciones, integrar datos o rediseñar procesos sin barreras excesivas. Se responsabiliza al gestor por los resultados, pero se le deja poco espacio para mover las palancas que los producen.

La eficiencia debe entenderse como valor público, no como recorte. Significa reducir horas perdidas por inasistencia; reutilizar cupos cuando un paciente no confirma; derivar con pertinencia; evitar duplicación de exámenes; usar telemedicina cuando existe la oportunidad; fortalecer la resolutividad de la APS para disminuir derivaciones evitables y medir desempeño con indicadores comparables.

Para avanzar, el Estado debe entregar más herramientas. Primero, la interoperabilidad real entre la atención primaria, hospitales y servicios, es decir: fragmentación del paciente.

Como segundo punto, se deben implementar sistemas modernos de agenda, contactabilidad y trazabilidad, capaces de anticipar ausencias y reasignar horas.

Tercero, debe haber flexibilidad presupuestaria y transferencias oportunas: ningún establecimiento planifica bien si los recursos llegan tarde.

Como cuarto punto, hay que poner en marcha reglas de gestión que permitan ordenar productividad, gestión de personas, ausentismo y desempeño sin debilitar derechos de los trabajadores del sector.

También se requieren alianzas público-privadas bien diseñadas: no como sustitución del Estado, sino como complemento regulado para incorporar tecnología, resolver cuellos de botella y aumentar capacidad donde la red pública no alcanza. Eso exige contratos con metas, evaluación y transparencia.

La Atención Primaria de Salud es clave. Si cuenta con financiamiento oportuno, datos, telemedicina y capacidad resolutiva, puede reducir presión sobre el nivel secundario. Discutir el financiamiento este tipo de atención es urgente.