En medio de la fiebre por la inteligencia artificial, los chips y las startups que prometen cambiar el futuro, un pequeño grupo “escorts nerds” o acompañantes de lujo encontró un nicho inesperado entre los tecnócratas de Silicon Valley. No ofrecen solo compañía ni sexo. Su gran diferencial está en algo que, para muchos de sus clientes, parece incluso más difícil de encontrar: conversación, atención y una conexión intelectual capaz de seguirles el ritmo.
El fenómeno lo retrató un reportaje de Forbes, que dio cuenta de una nueva categoría de escorts de alto nivel que se promocionan con referencias a la inteligencia artificial, la longevidad, las criptomonedas, Dungeons and Dragons, el biohacking o las cadenas de suministro. Sus clientes suelen trabajar en áreas tecnológicas, especialmente en IA, y pagan miles de dólares por hora para compartir tiempo con mujeres que no solo les resulten atractivas, sino también capaces de entender sus obsesiones.
Una de ellas es Meida Marek, seudónimo que utiliza en internet. En 2024, recién graduada de la universidad y con un empleo inicial en finanzas, comenzó a hacerse una pregunta cada vez más frecuente entre jóvenes profesionales: qué pasaría cuando la inteligencia artificial pudiera hacer su trabajo mejor que ella. Tras evaluar sus habilidades, llegó a una conclusión distinta. Era buena conversando, tenía facilidad para escuchar y le interesaban los temas que dominan muchas sobremesas tecnológicas. Con eso en mente, decidió transformarse en escort.
Su apuesta no tardó en encontrar público. Según el reportaje, Marek trabaja con clientes vinculados a Silicon Valley, varios de ellos relacionados con inteligencia artificial. En el último tiempo, incluso ha recibido consultas de personas de Nvidia, una de las compañías más beneficiadas por el boom de la IA. Su tarifa alcanza los 3.500 dólares por hora y, de acuerdo con su testimonio, su agenda está llena por varios meses.
No sólo guapas, también inteligentes
La lógica de este negocio no pasa solo por la belleza. Ada Hopper, otra escort que utiliza un seudónimo en línea y que antes se describía en X como “Cortesana Autista”, resumió el fenómeno con claridad: “Las chicas que cobran las tarifas más altas no son las más guapas”, dijo. “Son las chicas guapas e inteligentes”.
Hopper afirma que cobra 5.000 dólares la hora y 23.000 dólares por día. Sus clientes, según relató, la llevan a viajes internacionales, le compran regalos costosos y buscan compartir experiencias que van desde cenas de lujo hasta actividades más excéntricas. Pero el punto que la distingue no está solo en el estilo de vida, sino en la capacidad de participar de los intereses de esos hombres. “Publicar sobre IA funciona”, aseguró. “Te encontrarás con fanáticos de Nvidia que te dirán: ‘¿Qué? ¿Sabes lo que es una GPU? ¡Dios mío, guau!’”.
En ese mundo, la presentación digital cumple un rol clave. Estas acompañantes usan redes sociales para mezclar fotos sugerentes con comentarios sobre tecnología, futuro, salud metabólica o longevidad. Marek, por ejemplo, tiene un portal de reservas diseñado como un juego de rol basado en texto. Talia Sable, otra de las acompañantes citadas, se presenta como exprogramadora y fanática de la tecnología, la IA y Dungeons and Dragons. Cobra 3.000 dólares por hora.
Cómo hay demanda, existe oferta
La cultura laboral de Silicon Valley también alimenta la demanda. Muchos clientes viven absorbidos por sus empresas, sus rondas de inversión o sus investigaciones. Algunos no buscan una relación tradicional, sino una experiencia parecida a una cita romántica, pero sin el tiempo, la incertidumbre o el rechazo que puede implicar el romance. Un emprendedor que contrató a Marek lo explicó así: “Ahora soy mucho más egoísta con mi tiempo”, dijo. “Es más fácil pagar por el tiempo; hay límites más claros”.
Marek cuenta que su cliente promedio suele tener entre 30 y 40 años. Más que sexo, asegura, muchos buscan compartir con alguien capaz de entender su intensidad. Una de sus noches más memorables ocurrió en el Ritz-Carlton, donde pasó horas conversando con un cliente sobre el futuro. “Había una ventana enorme que ocupaba toda la pared”, recordó. “Recuerdo la puesta de sol y el amanecer. Seguíamos hablando del futuro. Hubo algo de sexo de vez en cuando, pero la mayor parte del tiempo era una conversación amena y divertida”.
El fenómeno aparece en un contexto de enorme riqueza tecnológica. La inteligencia artificial ha generado fortunas millonarias en empresas como Nvidia, OpenAI y Anthropic, y en Silicon Valley ya se habla de nuevos patrimonios capaces de marcar generaciones. Sin embargo, no todos esos nuevos ricos parecen interesados en símbolos clásicos de estatus. Una persona que asesora a millonarios de la IA en estrategias filantrópicas lo sintetizó en el reportaje: “No quieren coches de lujo, ni relojes de lujo. No saben qué hacer con su dinero”.
¿Escorts nerds o compañía de lujo?
En ese escenario, la compañía humana se vuelve un lujo. Aella, una trabajadora sexual conocida en internet por aplicar una mirada de ciencia de datos a su vida amorosa y sexual, aparece como una figura clave para entender esta corriente. Antes de involucrarse en la comunidad racionalista del Área de la Bahía, trabajó como modelo de webcam y combinó espectáculos con conversaciones filosóficas. Con el tiempo, su enfoque centrado en la personalidad abrió camino a otras escorts que convirtieron sus rarezas, inteligencia e intereses nerds en parte de su marca.
También hay una lectura más sombría. Si la inteligencia artificial ofrece compañía simulada, inmediata y barata, la presencia real de otra persona comienza a adquirir otro valor. Charlie Levine, seudónimo de otra escort con maestría, lo explicó de manera directa: “A medida que la IA se expanda, la conexión humana auténtica se convertirá en una rareza”. Luego agregó: “En el futuro, poder costear el contacto humano, y acceder a entornos donde exista un contacto humano genuino, será el máximo lujo”.
La paradoja es evidente. La misma industria que promete automatizar conversaciones, relaciones y fantasías está creando una élite dispuesta a pagar cifras altísimas por algo que ninguna máquina puede ofrecer del todo: una persona real, con criterio propio, humor, contradicciones y capacidad de sorprender.