La mañana de este jueves Apple confirmó que subirá el precio de todos sus productos debido a una fuerte crisis que hoy está afectando al mundo tecnológico: la escasez de los chips. Los expertos dicen que se trata de un fenómeno “sin precedentes” y que no solo afectará a la electrónica de consumo.
Resulta que los chips son muy importantes porque, básicamente, estos pequeños semiconductores, sostienen casi toda la tecnología moderna, controlando, procesando y almacenando información en los dispositivos digitales.
Pero esto no se reduce solo a computadores y teléfonos, también impacta en la industria automotriz, la tecnología médica, las energías renovables y diversas áreas que ocupan la electrónica como sustento.
Carlos Uribe, subgerente de innovación e inteligencia artificial de Zenta Group, explicó a BiobioChile los pormenores de esta crisis tecnológica.
“Lo que estamos viviendo no tiene precedentes. Las tres empresas que fabrican prácticamente toda la memoria del mundo, Samsung, SK Hynix y Micron, tomaron una decisión estratégica: dejar de producir los chips que se usan en teléfonos, computadores y notebooks para enfocarse casi exclusivamente en fabricar un tipo de memoria especial que requieren los centros de datos (data centers) de inteligencia artificial“, señala.
Estas grandes tecnológicas vieron que los chips para la IA eran más rentables, pero cada chip que llega a uno de estos servidores es un chip que no llega al resto del mercado. Así, hoy los centros de datos acaparan cerca del 70% de todos los chips de memoria que se producen en el planeta, advierte el experto.
“El resultado es una escasez real, con precios que en algunos casos se han más que duplicado en menos de un año”, señala.
¿Por qué suben los precios?
Otras importantes compañías tecnológicas también subirán sus precios. Uribe plantea que, en el caso de Apple, la empresa “fue históricamente hábil” para proteger a sus clientes de esta alza, ya que tenían contratos a largo plazo con proveedores de chip y una cadena de suministro bien administrada. Pero ya alcanzaron su límite.
“El propio CEO Tim Cook lo reconoció esta semana: dijo que las alzas de precio son “inevitables” y que la situación se volvió “insostenible”. Ese lenguaje, viniendo de Apple, dice todo”, analiza el experto.
“Otras empresas van a seguir el mismo camino. Microsoft ya subió el precio de su computador Surface en un 50%. Las proyecciones de analistas del sector indican que en 2027 los fabricantes de computadores podrían enfrentar un déficit del 15% en chips, y los fabricantes de smartphones un déficit del 12%. Eso significa menos productos disponibles y más caros para los consumidores en todo el mundo, incluido Chile”, advierte.
Lo de Apple “es un punto de inflexión”, dice Uribe, “cuando Apple confirma que no puede absorber los costos, el resto del mercado tiene menos razones para intentar hacerlo”.
El impacto de la IA
Esta crisis tiene su base en un fenómeno que ya lleva años discutiéndose: el rápido avance de la IA y cómo está cambiando desde que se hizo masiva. Para comprenderlo, hay que saber cómo funcionan los modelos de inteligencia artificial, aquellos que millones de personas usan a diario e indiscriminadamente para hacer consultas, generar imágenes, videos e incluso trabajar.
“Cuando una persona le hace una pregunta a un asistente de IA, el sistema tiene que procesar cantidades enormes de información en tiempo real. Todo ese procesamiento necesita memoria: mucha, rápida y disponible al instante”, ilustra Uribe.
Los servidores existen desde los inicios de la informática, hace ya varias décadas, pero los servidores diseñados para la IA requieren decenas de veces más memoria que uno convencional. Y los centros de datos para IA no son uno ni dos: hay casi 2.000 en construcción o planificación en el mundo en este momento.
El experto puntualiza que algunas proyecciones actuales indican que “las empresas gastarán 7 billones de dólares en infraestructura de inteligencia artificial de aquí al 2030, y la mayor parte de ese gasto pasa por memoria y almacenamiento. Eso explica por qué los grandes fabricantes de chips prefieren atender a Microsoft, Google, Meta o Amazon antes que a cualquier otro cliente. Los márgenes son mejores y los volúmenes son enormes. El problema es que esa decisión le quitó suministro a todo lo demás”.
¿Se pueden fabricar más chips para solucionar el problema? Resulta que no es fácil. Construir una fábrica de chips de memoria es uno de los proyectos industriales más complejos y costosos que existen. De hecho, una sola fábrica toma años de construcción, equipos especializados que tampoco abundan y millonarias inversiones.
“Las nuevas fábricas anunciadas hoy por Micron y SK Hynix no van a estar produciendo en volumen hasta 2027 como mínimo“, calcula Uribe.
Y añade que “hay otro factor que empeoró todo: después de la crisis de sobreproducción que vivió el sector en 2022 y 2023, los fabricantes aprendieron la lección y se volvieron muy conservadores. Prácticamente no invirtieron en nueva capacidad durante 2024 y gran parte de 2025. Cuando la demanda de inteligencia artificial explotó, no había colchón”.
“Esa falta de inversión previa colisionó de frente con una demanda sin precedentes. El pronóstico más optimista, de analistas como los de Kearney, es que esta escasez se extienda al menos hasta 2030. No es un problema que se resuelva en meses”, explica.
¿Qué le pasará a la industria con la escasez de chips?
Se espera que el impacto sea amplio. Por ejemplo, la industria automotriz ya está siendo golpeada porque los autos modernos, especialmente los eléctricos, dependen de chips de memoria para elementos como chips de navegación, asistencia al conductor y la propia electrónica del vehículo.
“Honda ya reportó pérdidas operativas de casi mil millones de dólares por este problema, y Tesla ha reconocido que la escasez afectará su producción este año”, apunta Uribe.
Por otro lado, advierte que “en salud, el impacto es más silencioso, pero igualmente serio. Los equipos de diagnóstico, monitoreo de pacientes y procesamiento de imágenes médicas requieren estos mismos componentes. Un aumento de costos en esa cadena eventualmente llega a los hospitales y clínicas”.
Otro ejemplo son las energías renovables, “los inversores solares, los controladores de turbinas eólicas y los sistemas de gestión de redes eléctricas inteligentes usan chips de una categoría que también está bajo presión. En un momento en que el mundo necesita acelerar la transición energética, una escasez de semiconductores es una complicación que nadie quería”.
“En el fondo, vivimos en una economía donde prácticamente todo requiere chips. Cuando el suministro de esos chips se contrae porque la inteligencia artificial los absorbe a un ritmo sin precedentes, las consecuencias se sienten en todos lados: en el precio de los autos, en los equipos médicos, en la energía y, por supuesto, en el teléfono que llevas en el bolsillo”, concluye el experto.