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Resumen generado con una herramienta de Inteligencia Artificial desarrollada por BioBioChile y revisado por el autor de este artículo.

Un nuevo estudio científico publicado en Scientific Reports revela que las langostas sí experimentan dolor, poniendo en debate la práctica de hervirlas vivas en la industria gastronómica. Investigadores analizaron la reacción de langostas noruegas a descargas eléctricas y medicamentos para el dolor, concluyendo que su intento de escape disminuyó significativamente con analgésicos. Expertos previos ya habían advertido sobre el sufrimiento de estos crustáceos, y se pide revisar cómo se sacrifican. Países como Noruega, Nueva Zelanda y Austria ya prohibieron hervirlas vivas, y en el Reino Unido se reconocen legalmente como animales sintientes.

Una nueva investigación volvió a encender el debate sobre el trato que reciben las langostas y otros crustáceos en la industria gastronómica. Durante años se sostuvo que, debido a sus sistemas nerviosos más simples, estas especies no eran capaces de sentir dolor. Sin embargo, cada vez surge más evidencia que contradice esa idea. Ahora, científicos concluyeron que estos animales sí experimentarían dolor, por lo que llamaron a revisar prácticas habituales como hervirlos vivos antes de cocinarlos.

El estudio, publicado el 13 de abril en la revista científica Scientific Reports, analizó la reacción de langostas de Noruega (Nephrops norvegicus) frente a descargas eléctricas y al uso de medicamentos para el dolor utilizados en humanos.

Según los investigadores, cuando los animales recibieron lidocaína o aspirina antes de la descarga, disminuyeron de forma importante sus intentos de escape. Para los autores, esto sugiere que no reaccionaban solo por reflejo, sino ante una experiencia dolorosa.

El experimento con langostas

Para la investigación se trabajó con 105 ejemplares divididos en distintos grupos. Algunos no fueron sometidos a estímulos eléctricos, mientras que otros sí recibieron una descarga de 9,09 voltios por metro durante 10 segundos.

En los grupos expuestos, las langostas respondieron con un brusco movimiento de cola, maniobra típica de escape en crustáceos. Sin embargo, esa reacción cayó notoriamente cuando antes habían sido tratadas con analgésicos.

Solo siete de los 13 animales tratados con lidocaína reaccionaron de esa forma, mientras que en el grupo con aspirina lo hicieron apenas tres de 13.

Para los científicos, esto refuerza la idea de que estos animales poseen nocicepción, es decir, la capacidad de detectar estímulos dañinos y generar respuestas asociadas al dolor.

No es la única evidencia

Ya varios estudios anteriores y expertos venían advirtiendo la situación. Hace varios años, Jaren G. Horsley, zoólogo especialista en invertebrados, aseguró que las langostas tienen un sistema nervioso muy complejo, el cual les transmite grandes sensaciones de dolor cuando son cortadas o hervidas.

“Sacuden sus cuerpos salvajemente y arañan las paredes de las ollas en un intento desesperado por escapar. Peor aún, como las langostas no entran en estado de shock cuando son heridas, pensamos que sienten cada momento de sus lentas y dolorosas muertes cuando son cocinadas vivas, en una práctica que el investigador Gordon Gunter describió en la revista Science como ‘tortura””, señaló en 2018.

Piden revisar cómo se sacrifican

Lynne Sneddon, profesora de zoofisiología de la University of Gothenburg, sostuvo que el hallazgo demuestra similitudes biológicas relevantes entre humanos y crustáceos.

“Es importante preocuparnos por cómo tratamos y matamos a los crustáceos, tal como lo hacemos con pollos y vacas”, indicó.

El debate no es nuevo. Países como Noruega, Nueva Zelanda y Austria, además de algunas zonas de Australia, ya prohibieron hervir crustáceos vivos por razones de bienestar animal.

En el Reino Unido, además, cangrejos, langostas y pulpos fueron reconocidos legalmente como animales sintientes bajo la Ley de Bienestar Animal de 2022.

¿Por qué se hierven vivas las langostas y qué alternativas existen?

La práctica existe desde hace siglos y se mantuvo por razones culinarias y sanitarias. Cocineros sostenían que la carne tenía mejor sabor y apariencia cuando el animal se hervía vivo. Además, mantenerlas vivas hasta el momento de cocinarlas ayuda a reducir el riesgo de bacterias como Vibrio, que proliferan rápidamente tras la muerte del crustáceo y pueden causar intoxicaciones graves.

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Actualmente, parte de la industria y centros de investigación exploran métodos considerados más humanitarios, como la insensibilización eléctrica previa al sacrificio de langostas y cangrejos.

Con estos nuevos resultados, la presión para modificar prácticas tradicionales podría seguir creciendo en distintos países.