Sociedad
Miércoles 20 noviembre de 2019 | Publicado a las 08:29
Brigada gubernamental surcoreana se encarga de eliminar de internet videos sexuales ilícitos
Por Bernardita Villa
La información es de Agence France-Presse
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Mirar y borrar videos íntimos grabados a espaldas de surcoreanas es el trabajo de una brigada gubernamental, activa las 24 horas del día, para eliminar de internet ese material de contenido sexual, una verdadera lacra en el país asiático.

El equipo de 16 miembros, que incluye 4 mujeres, fue formado a principios de a√Īo por el KCSC, el √≥rgano surcoreano de censura de contenidos en l√≠nea, y tiene sede en un desangelado local de Se√ļl.

Llamados “molka”, los videos se graban con c√°mara oculta. Las v√≠ctimas son mujeres en la mayor√≠a de los casos, y son grabadas en ba√Īos, probadores o escuelas.

La brigada también se encarga de destapar los videos sexuales privados, aquellos que publican en internet exnovios y exmaridos con sed de venganza.

El fen√≥meno adquiri√≥ un alcance considerable desde el arresto, en marzo, de una estrella del K-pop, Jung Joon-young, acusado de haber filmado y difundido videos √≠ntimos a espaldas de sus compa√Īeras.

Se espera que el veredicto de su proceso llegue la pr√≥xima semana. La fiscal√≠a pidi√≥ siete a√Īos de c√°rcel para el joven, de 30 a√Īos.

Los “molka” cada vez generan m√°s molestia entre los surcoreanos, que se hab√≠an manifestado por decenas de miles en las calles de Se√ļl para exigir al gobierno acciones concretas.

Sentado en su oficina de la brigada, An Hyeon-cheol lleg√≥ aqu√≠ tras haber pasado un examen muy codiciado de la funci√≥n p√ļblica. No esperaba ocupar este puesto.

“Era dif√≠cil mantener la sangre fr√≠a el primer d√≠a”, explica el hombre, de 27 a√Īos. “Me tuve que enfrentar a unas im√°genes que nunca hab√≠a visto hasta ahora”.

“Cuando sal√≠a del trabajo, no pod√≠a ni mirar a las mujeres a mi alrededor. Los videos que hab√≠a visto durante el d√≠a me persegu√≠an”, explica el jefe del equipo, Lee Yong-bae.

Profunda verg√ľenza

Para detectar videos ilícitos, buscan en páginas web nacionales o extranjeras, incluyendo Twitter y YouTube, con palabras clave en coreano para referirse a actos sexuales.

La brigada puede ordenar a las plataformas surcoreanas que retiren los clips sospechosos, pero la mayoría de ellas tiene sus servidores fuera del país, lo que complica las cosas.

Para los sitios extranjeros, la brigada no puede pedirles que retiren los videos, y se tienen que limitar a esperar que éstas los quiten de forma voluntaria.

A veces, las víctimas, presas del pánico, contactan con el equipo por teléfono para pedirles ayuda.

“Hace poco, una mujer nos dio 100 direcciones de p√°ginas donde se hab√≠an publicado videos √≠ntimos grabados por su exnovio”, explica Lee.

El agente admite que es “casi imposible” borrar completamente un video, pues puede ser propagado muy r√°pidamente. Uno de ellos, publicado en mayo, estaba seis meses despu√©s en 2.700 p√°ginas web distintas, seg√ļn un documento de la KCSC.

Corea del Sur es un pa√≠s muy conservador en lo que a costumbres se refiere. Y las mujeres que aparecen en esos videos se ven sumidas en una profunda verg√ľenza si alguno de sus allegados se entera.

Casi 5.500 personas (el 97% de las cuales, hombres) fueron detenidas el a√Īo pasado por publicar ese tipo de videos, un 22% m√°s que en 2016, seg√ļn la polic√≠a.

‘En cualquier parte’

Park Yu-na, de 31 a√Īos, explica a la agencia de noticias AFP que ahora evita “en la medida de lo posible” usar ba√Īos p√ļblicos.

“Nosotras, las mujeres, tenemos miedo de ser v√≠ctimas de este tipo de c√°maras ocultas, que pueden encontrarse escondidas en cualquier parte, en cualquier momento”, explica esta vecina de Seongnam (noroeste), no muy lejos de Se√ļl.

El presidente surcoreano, Moon Jae-in, declar√≥ el a√Īo pasado que la sociedad no hab√≠a “reconocido plenamente el trauma y la humillaci√≥n que viven las v√≠ctimas”, y exigi√≥ que se refuercen las penas.

Grabar o divulgar videos √≠ntimos sin consentimiento puede ser castigado con hasta cinco a√Īos de c√°rcel, pero la mayor√≠a de los acusados acaban siendo condenados con una pena condicional o una multa, seg√ļn los analistas.

“Existe la idea de que mirar porno ilegal es una forma de entretenimiento como cualquier otra para los hombres”, explica Lee Na-young, profesora de Sociolog√≠a en la Universidad Chung-Ang de Se√ļl.

Algunas voces han denunciado la censura de esos videos, viendo en la medida una vulneraci√≥n de la libertad de expresi√≥n, se√Īala Min Kyeong-joong, secretario general de la KCSC.

“Cuando oigo ese tipo de argumentos, tengo ganas de preguntarles: ¬Ņacaso dir√≠an lo mismo si le ocurriera a sus esposas o sus hijas?”.

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