Los últimos días antes de que lo mataran, Benjamín ya casi no comía. Su mamá lo veía perder peso. Sin apetito. Famélico. La droga era lo único que entraba a su cuerpo.
Jacqueline, su madre, dice que ya no podía hacer nada. Que el Benja se empezó a escapar de la casa desde que tenía 12 años. Quizás un poco antes. Pasó a octavo básico y dejó los estudios. Se juntaba con chicos mayores y, lo que empezó con marihuana, terminó en la pasta base. Y en un consumo desatado de cualquier droga.
—Se nos escapó de las manos porque como consumía droga se iba para la calle —admite su madre.
El tribunal de familia intervino. Estuvo en programas de Gobierno y ordenaron su derivación al Servicio Nacional de Protección Especializada a la Niñez y Adolescencia. Pasó 176 días hospitalizado intentando sanar su adicción. Según el director del servicio, Claudio Castillo, solo alcanzó a pasar tres días en una residencia. Según su madre, ninguno.
En declaraciones públicas, Castillo aseguró que Benjamín se escapó de la residencia. Que estaba inubicable. Su familia los contradice. Según ellos, su hijo nunca alcanzó a pisar un centro y lo dejaron a su suerte.
Lo cierto, es que Benjamín desapareció la tercera semana de febrero y su madre ingresó una denuncia por presunta desgracia a la Policía de Investigaciones. El Servicio de Mejor Niñez también lo hizo con Carabineros. De hecho, llevaba doce alertas levantadas. Nadie tenía noticias de él.
Su mamá tenía un presentimiento de que algo malo le había pasado. Nunca se imaginó que esa misma semana le confirmarían que el cuerpo de su hijo de 14 años apareció calcinado en el sector Las Llosyas, en Arica. Y que su muerte, la vincularían al narcotráfico.
“El Benja estaba bien”
No es mucho lo que Jacqueline cuenta de Benjamín. Dice que es el menor de cinco hermanos, que de niño fue un niño inquieto y “jodido” y que empezó a fumar “pito” antes de terminar la enseñanza básica.
Su infancia la vivió en la localidad ariqueña de Acha, luego su madre heredó un dinero de su familia y se construyó una casa en el Valle de Azapa.
—No era mucho de jugar con los hermanos, era idiota… Era muy agrandado, muy agrandado —recuerda su madre a Bío Bío Investiga.
Jugó a la pelota un tiempo. Jacqueline relata que como padres hicieron el esfuerzo para que entrenara con Deportes Arica. Después no le gustó más o se aburrió. Se cambió al básquetbol.
Pasó por varios colegios antes de llegar a octavo y dejar los estudios para siempre. Según su madre, tenía hiperactividad y no podía estar sentado mucho rato.
—El Benja estaba bien, si de repente se me perdió —lamenta.
Drogas y amistades
Lo primero que consumió fue marihuana. Su mamá no sabe la edad ni el día exacto en que lo hizo por primera vez, pero sí que estaba en el colegio.
Desde ese momento todo se salió de control, según Jacqueline. Benjamín se iba de la casa o pasaba la mayor parte del día en la calle, consumiendo. Culpa a sus amistades, que eran chicos mayores.
—Nosotros, su hermano, su papá, todos le aconsejábamos: “Hijo, esto no te llevará a nada, la droga es mala. Eres tan niño”, le decía…. Pero el Benja nunca quiso hacer caso —recuerda.
—¿Qué les respondía Benjamín cuando le daban esos consejos?
—Nada. Que el era joven. Decía que él quería vivir la vida, que a él no le interesaba. Él quería vivir a su manera. A su corta edad, pero a su manera. Y vivió a su manera.
Los padres de Benjamín estuvieron presos. Pero cuando eso ocurrió, ni él ni sus últimos dos hermanos nacían.
—Cuando yo tuve a los tres últimos niños, ya no existía nada: no existía droga, no existía trago, nada. Yo limpié mis antecedentes. Yo trabajo, mi marido igual trabaja, es guardia de seguridad —aclara Jaqueline.
—¿Y usted en qué trabaja ahora?
—Yo en este momento no estoy haciendo nada porque desde que el Benjamín empezó a pisar la calle con la droga, nosotros con mi viejo nos desvivíamos buscándolo. Todos los días, a las dos o tres de la mañana, lo buscaba.
La primera internación
Benjamín estuvo en distintos programas en el colegio antes que el Tribunal de Familia interviniera y ordenara su derivación al Servicio Nacional de Protección Especializada a la Niñez y Adolescencia. Dicha medida de protección de cuidado alternativo y residencial partió en abril de 2025. El plan era una intervención psicosocial y de salud.
El director nacional del Servicio Mejor Niñez, Claudio Castillo, respondió a este medio que el modelo que buscan promover es uno que busque “replicar un ambiente familiar”. En otras palabras, Benjamín nunca estuvo en una residencia cerrada porque no existen dentro del Servicio.
—Los adolescentes pueden asistir al colegio, reunirse con amigos, compartir con personas de su barrio, por lo tanto, no es un sistema en que se encuentran encerrados, ya que se trata de una medida de protección, no de privación de libertad —explica.
Por lo mismo, una de las medidas para Benjamín fue ingresarlo en un centro que respondiera a sus problemas de salud. Ese proceso lo mantuvo internado en psiquiatría un total de 176 días. Pero no fue un proceso lineal, es decir, lo internaban, salía y se repetía el círculo.
La primera vez que estuvo en psiquiatría duró dos meses aproximadamente. Jaqueline cuenta que después el acuerdo era ingresarlo a la residencia Alonso Sánchez. Pero no alcanzó porque en medio de ese proceso le dispararon en un pie.
—Yo le dije a la tía [de Mejor Niñez] que hubo una amenaza. Y pusieron la constancia en la fiscalía, la acogieron. Después esta amenaza se concretó. O sea, la persona le disparó e intentó matarlo —rememora su madre.
Esa fue la primera alerta. Pero sobrevivió y se pasó casi un mes internado, otra vez.
—Dentro de ese mes que él estuvo en el hospital, nunca jamás se acercó ni el director, ni la asistente social, ni la psicóloga, nadie, nadie —dice Jacqueline.
La primera amenaza
Cuando le dieron el alta, fueron las propias funcionarias de la residencia quienes fueron a buscarlo al hospital. Solas. Sin apoyo de Carabineros. En el camino, arriba del furgón, Benjamín se desreguló. Su madre relata que comenzó a gritar, insultar y pegar patadas.
Según ella, hicieron bajar a su hijo del vehículo para deshacerse de él.
Según el director Claudio Castillo, fue Benjamín quien con violencia descendió del auto sin autorización.
—Se realizó un seguimiento a distancia, sin lograr disuadirlo. Posteriormente, se realizó la denuncia por presunta desgracia —detalla Castillo.
Benjamín, con dos muletas todavía, se quedó en medio del camino. Al final su mamá se lo llevó a la casa.
El mes que vino se lo pasó con ella. Tenía el pie malo y no salía tanto. La asistente social iba a visitarlo ahí. Después le hicieron un cupo en el programa tratamiento de Droga “Los Olivos”, un programa ambulatorio que pertenece al Servicio Nacional para la Prevención y Rehabilitación del Consumo de Drogas y Alcohol (SENDA).
—Pero resulta que esa residencia no es cerrada, es abierta, si él quería se iba y si él quería se quedaba. Y el Benja se salió de Los Olivos porque no había protección. Y a partir de ese momento Benjamín estuvo en la calle.
Presunta desgracia
Los últimos días de Benjamín la situación era decadente. No comía a causa de la pasta base y se pasaba casi todo el día afuera.
—El Benja se quedaba dormido en las calles. A las tres, cuatro, cinco de la mañana íbamos a buscarlo y llamábamos a las tías. “Tías, vengan, el Benjamín está acá”, les decía. Porque nosotros queríamos que lo internaran para que se lo llevaran a Santiago. Pero ellas nunca llegaron. Carabineros tampoco nunca se lo quiso llevar —cuenta Jaqueline.
Desde abril del año pasado, Mejor Niñez emitió doce alertas en total por el caso de Benjamín. Eso significó avisar, por ejemplo, al Ministerio Público, a Carabineros y al Tribunal de Familia de sus desapariciones.
—Se impulsaron denuncias por presunta desgracia ante Carabineros, así como acciones de búsqueda realizadas directamente por los equipos en zonas de riesgo en la región —detalla Castillo.
Según los datos que ellos manejan, Benjamín solo alcanzó a estar tres días en una residencia antes de perderle el rastro para siempre.
Su madre insiste en que Benjamín no estuvo tres días en el centro. Ni siquiera uno.
—Benjamín estaba en el sistema pero nunca pisó una residencia. Siempre estuvo en la casa. Yo lo entregaba y no lo iban a buscar. Y ahora me lo entregaron muerto.
Esos días Jacqueline tenía un mal presentimiento. El lunes 16 de febrero Benjamín no llegó a la casa y siempre lo hacía. Aunque después se iba, volvía para cambiarse de ropa y ducharse. Pero ese día no lo hizo. Ni al siguiente.
—El martes nos amanecimos buscando al Benja. No lo pudimos encontrar. Nadie sabía dónde estaba. Fuimos a los lados que él se juntaba y nadie sabía, nadie lo había visto. Nos empezamos a preocupar —recuerda su madre.
Mejor Niñez y Jaqueline interpusieron de manera independiente denuncias por presunta desgracia. Ellos en Carabineros y ella en la Policía de Investigaciones.
El cuerpo
El lunes 2 de marzo, el cuerpo de Benjamín apareció en el sector de Las Llosyas. Estaba amarrado y calcinado. Su muerte había ocurrido el 16 de febrero a causa de un paro respiratorio por asfixia mecánica por ahorcamiento. El cuerpo lo encontraron a los días siguientes unos vecinos del sector.
El fiscal regional de Arica, Mario Carrera, expresó a Radio Bío Bío que su muerte trajo a la mente los “peores recuerdos de la época que vivió Arica hace unos años atrás”. Cuando los crímenes de esa brutalidad se hicieron comunes. Aunque hoy no es la realidad de Arica. De hecho, Benjamín fue el único homicidio en la ciudad durante febrero. Pero por la brutalidad, causó revuelo.
—Por la forma del homicidio y las circunstancias en que se produjo el hallazgo del cadáver, se da cuenta que no se trató de un homicidio que calificamos como ocasional. Aquí claramente hablamos de una muerte planificada, hablamos de elementos que pudiésemos vincular a torturas —pormenorizó.
Aunque el cuerpo no se intentó ocultar, el fiscal explicó que sí se borraron las huellas del asesinato para evitar dar con los responsables.
Una de las líneas de investigación, dicen fuentes conocedoras de la materia, se vincula con el narcotráfico. Una deuda por drogas que habría tenido Benjamín. Le pasaron unos kilos y después no respondió.
Tras la muerte de Benjamín, una de las críticas más duras fue hacia el Servicio de Mejor Niñez. El análisis que hace su director, Claudio Castillo, es que ellos actuaron conformes a todos los protocolos establecidos.
—Por supuesto que frente a casos como este, vemos sobrepasadas nuestras capacidades, ya que el mandato para el que fuimos creados no incluye la persecución ni el combate al crimen organizado. Señalo esto, considerando lo que ha informado la fiscalía regional.
Hasta el cierre de esta publicación no habían detenidos.