Con el costo de la vida en aumento, muchas familias buscan reducir al máximo el desperdicio de alimentos, por lo que preguntas del tipo “¿es seguro consumir un alimento cuya fecha indicada en el envase ya expiró?” aparecen como una solución para hacer rendir el dinero.
Para responder a esa interrogante, hay que entender cómo interpretar los conceptos de fecha de vencimiento y fecha de consumo preferente; una distinción que puede marcar la diferencia entre evitar el desperdicio o exponerse a una enfermedad transmitida por alimentos.
Para Oriana Monsalve, académica de Nutrición y Dietética de la Universidad Andrés Bello, sede Viña del Mar, comprender esta distinción es clave tanto para proteger la salud como para tomar decisiones responsables en el hogar.
“Existe la creencia de que todas las fechas impresas en los envases tienen el mismo significado, pero eso es incorrecto. Hay alimentos cuya fecha marca el límite de seguridad sanitaria y otros en los que la fecha se relaciona principalmente con la calidad del producto”, explica.
Diferencia entre fecha de vencimiento y fecha de consumo preferente
La fecha de vencimiento o caducidad corresponde al último día en que el fabricante garantiza que el alimento es inocuo para el consumo. Una vez superada esa fecha, el producto no debe consumirse bajo ninguna circunstancia.
Entre los alimentos de mayor riesgo se encuentran las carnes frescas, pescados, lácteos refrigerados, cecinas, embutidos y comidas preparadas que requieren mantener la cadena de frío.
“Los alimentos ricos en proteínas y con alta cantidad de agua son un medio ideal para la proliferación de microorganismos. Aunque visualmente parezcan normales, pueden contener bacterias capaces de provocar cuadros gastrointestinales severos”, advierte Monsalve.
Por otra parte, “Consumir preferentemente antes de…” indica el período durante el cual el fabricante garantiza las características óptimas de sabor, textura, aroma y color del producto.
Alimentos como arroz, fideos secos, legumbres, café o conservas suelen incorporar este tipo de fecha. “Cuando se trata de alimentos secos o altamente procesados, la fecha de consumo preferente no significa automáticamente que el producto sea peligroso. Si el envase está íntegro y las condiciones de almacenamiento fueron adecuadas, muchas veces sigue siendo seguro consumirlo durante un período posterior”, señala la académica de la UNAB.
¿Qué alimentos requieren mayor precaución?
Ahora bien, hay alimentos con los que no se puede transar y que requieren una atención especial, como ocurre con las carnes y lácteos. En estos casos existe una mayor facilidad para desarrollar contaminación microbiológica.
Entre ellos destacan:
• Carnes de vacuno, cerdo y ave.
• Pescados y mariscos frescos.
• Leche y derivados lácteos.
• Quesillos y yogures.
• Embutidos y cecinas.
• Platos preparados refrigerados.
“En estos productos, la temperatura juega un papel crítico. Basta una interrupción de la cadena de frío para acelerar el crecimiento bacteriano y comprometer la inocuidad del alimento incluso antes de la fecha indicada”, explica Monsalve.
Además, la nutricionista recomienda observar cuidadosamente el estado del producto antes de consumirlo y poner atención a las siguientes señales.
1. Presencia de hongos o moho: Uno de los errores más frecuentes es retirar únicamente la parte visible afectada.
“Cuando aparecen hongos, las estructuras microscópicas ya se han extendido al interior del alimento. Por ello, no es seguro cortar la zona dañada y consumir el resto”, advierte Monsalve.
2. Cambios de olor o color: Carnes con tonalidades verdosas o grisáceas, así como productos con olores ácidos o rancios, deben desecharse de inmediato.
3. Latas hinchadas o deterioradas: Un envase abultado, oxidado o golpeado puede indicar la presencia de microorganismos capaces de producir toxinas peligrosas para la salud.
4. Huevos con pérdida de consistencia: Si al romper un huevo la clara se encuentra completamente líquida y la yema se rompe con facilidad, es una señal de pérdida de frescura y no se recomienda su consumo.
Finalmente, la académica de la UNAB recomienda respetar siempre las indicaciones de almacenamiento, mantener el refrigerador a temperaturas inferiores a 5 °C, revisar periódicamente despensas y refrigeradores, así como observar el olor, color, textura y estado del envase antes de consumir cualquier producto.