Escuchar una voz cuando no hay nadie cerca, sentir una presencia protectora o vivir un episodio de amor o desesperación tan intenso que parece salirse de lo cotidiano son experiencias que millones de personas reportan haber tenido alguna vez, pero que casi nadie sabe cómo explicar.
Para algunos son una señal divina, para otros un simple juego de la mente y, para la psiquiatría tradicional, muchas veces, un síntoma de enfermedad; lo que quedó en entredicho tras un masivo estudio en Brasil.
¿Cómo interpretan las “experiencias no ordinarias”?
Resulta que un equipo de investigadores del Instituto D’Or de Investigación y Educación decidió estudiar la forma en que las personas interpretan estas experiencias que parecen no tener explicación. El resultado es un estudio publicado en la revista científica PLOS One, que encuestó a más de 5.000 brasileños sobre 38 tipos distintos de “experiencias no ordinarias”.
El concepto de “experiencia no ordinaria” (o NOE, por su sigla en inglés) se refiere a cualquier vivencia que la propia persona percibe como especial o fuera de lo común, en comparación con su día a día. No importa si se trata de un déjà vu, una sensación de haber salido del propio cuerpo o un episodio de profunda compasión.
Antes de salir a preguntarles a miles de personas, los investigadores necesitaban una herramienta confiable. Para eso tomaron como base el Inventario de Experiencias No Ordinarias (INOE), creado originalmente en Estados Unidos, y lo adaptaron y ampliaron para el contexto brasileño.
En una primera etapa, con 160 participantes, el equipo validó las preguntas originales del inventario y sumó nueve nuevas categorías para captar aspectos que antes no se preguntaban: el contexto en que ocurrió la experiencia (¿estaba en la naturaleza? ¿en un hospital? ¿solo?), cuánto duró, con qué frecuencia se repite y si la persona sintió que podía controlarla o no.
¿Casualidad, ciencia o algo sobrenatural?
Con el cuestionario ya afinado, los investigadores encuestaron a 5.117 brasileños que relataron una experiencia no ordinaria que habían vivido y respondieron sobre cómo la interpretaban.
Los resultados muestran un patrón sorprendentemente parecido entre experiencias muy distintas entre sí. La mayoría de la gente vivió su experiencia estando despierta y alerta (60%), no bajo el efecto de sustancias ni durante una enfermedad, y la mayoría de las veces estando sola (cerca del 40% de los casos). Además, casi siempre duró muy poco: solo unos minutos o incluso menos.
Sobre las explicaciones, la respuesta más común fue que “nadie” causó la experiencia y que pudo haber sido pura casualidad (36%). Pero si se suman todas las opciones relacionadas con lo espiritual, Dios, el Espíritu Santo, ángeles, espíritus o “energías”, cerca de la mitad de las personas sí le atribuyó un origen sobrenatural a lo vivido.
En tanto, un 48% consideró que su experiencia fue de naturaleza religiosa o espiritual, y la población se dividió casi en partes iguales entre quienes creen que la ciencia algún día podrá explicar estos fenómenos y quienes creen que hay algo que la ciencia nunca podrá explicar.
Por otro lado, menos del 5% de los relatos involucraba sustancias psicoactivas, y el estudio remarca que estas vivencias parecen ser parte normal de la vigilia humana, no una rareza ligada a estados alterados de conciencia.
Más resiliencia de la que se pensaba
Uno de los hallazgos más relevantes para la salud mental es que, aunque el 20% de los participantes reportó un impacto negativo inmediato al vivir la experiencia y un 25% sintió algún grado de sufrimiento o incomodidad, el 51% evaluó que, a largo plazo, la experiencia tuvo un efecto positivo en su vida.
Es decir, según estos resultados, incluso vivencias que en el momento resultaron perturbadoras terminaron siendo integradas de forma constructiva con el paso del tiempo.
Los propios autores destacan que esto contrasta con buena parte de la literatura clínica y psiquiátrica, que tradicionalmente ha puesto el foco solo en el lado patológico de este tipo de experiencias, por ejemplo, tratándolas como síntomas de trastornos disociativos o de psicosis, sin prestar suficiente atención a su potencial para el crecimiento personal y el bienestar.
Para los investigadores, la clave está en la capacidad de control que la persona siente tener sobre lo que le ocurre: quienes sintieron mayor control sobre la experiencia tendieron a reportar menos angustia, mientras que sentirse completamente a merced de algo que no se puede manejar se asocia a peores desenlaces emocionales.
El hecho de que las respuestas se agruparan de manera tan consistente en torno a un mismo puñado de explicaciones sugiere para los autores que existe un set compartido de creencias culturales al que la gente recurre para darle sentido a lo inexplicable, más que una interpretación completamente individual para cada caso.
Referencias
Fortes, P., Tavares, L., Granjeiro, G., Bortolini, G., Maraldi, E., Bortolini, T., Hartle, L., Lima, M., Laport, M., Moll, J., & Fischer, R. (2026). Making sense of the extraordinary – An investigation of the content and prevalence of appraisals of nonordinary experiences. PLoS ONE, 21(8), e0353126.