En junio se conmemora el Mes de la Salud Mental Masculina, una instancia propuesta en 1992 por la organización Men’s Health Network, que luego se internacionalizó. El objetivo es visibilizar los problemas de salud mental que enfrentan los hombres.
Pero, ¿por qué se necesita un mes para ello? Pues porque la salud mental en los hombres ha sido un tema que por años ha estado en segundo plano, aun cuando contemplan las tasas más altas de mortalidad por suicidio.
De hecho, según datos de la Organización Panamericana de la Salud (OPS), las tasas de suicidio son considerablemente más altas en hombres que en mujeres. Solo en América, por cada mujer que muere por suicidio, fallecen aproximadamente 3,7 hombres.
Además, el suicidio continúa siendo uno de los principales problemas de salud pública de la región. Los especialistas han reiterado que detrás de estas cifras existe una combinación de factores: psicológicos, sociales y culturales.
Por ejemplo, la dificultad para expresar emociones, el temor a ser percibidos como vulnerables, la presión por cumplir determinados roles sociales y la tendencia a enfrentar los problemas de manera aislada.
Carlos Calvo, psicólogo y docente de la Facultad de Ciencias Sociales y Humanidades de la Universidad del Alba, explica en un comunicado que “muchas veces los hombres han sido educados bajo la idea de que deben resolver sus problemas solos, mostrarse fuertes y evitar expresar sufrimiento emocional”.
“Esto puede retrasar la búsqueda de ayuda y agravar cuadros que podrían abordarse oportunamente”, advierte.
La soledad masculina y la ansiedad silenciosa
Desde hace ya varios años que los expertos debaten el aumento de la soledad y el aislamiento social, especialmente en hombres adultos y mayores.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) también ha advertido que la soledad y la desconexión social tienen efectos significativos sobre la salud física y mental.
Estos efectos aumentan el riesgo de depresión, ansiedad, deterioro del bienestar e incluso problemas de salud física. Por esta razón, el organismo incluso ha llamado a tratar la conexión social como una prioridad de salud pública.
“El principal problema no es que los hombres sufran menos, sino que suelen pedir ayuda cuando el sufrimiento ya se volvió inmanejable“, explica Calvo.
En la misma línea, la ansiedad y las crisis de pánico también forman parte de una realidad que muchas veces pasa desapercibida. El experto advierte que los problemas de salud mental en hombres no siempre se manifiestan mediante tristeza evidente o llanto.
“Con frecuencia pueden aparecer como irritabilidad, aislamiento, insomnio, hiperactividad laboral, consumo problemático de alcohol o sustancias, conductas de riesgo o síntomas físicos recurrentes”, aclara.
Calvo recomienda prestar atención a estos cambios significativos en el comportamiento, especialmente cuando una persona deja de realizar actividades que antes disfrutaba, se distancia de su entorno cercano o muestra sentimientos de desesperanza.
“Buscar apoyo psicológico no es una señal de debilidad, sino una herramienta de autocuidado. Mientras más temprana sea la intervención, mayores son las posibilidades de prevenir situaciones de riesgo y mejorar la calidad de vida”, plantea.
Cómo manejar la salud mental y romper el estigma
En el Mes de la Salud Mental Masculina, los especialistas sobre todo hacen un llamado a la conversación y concientización, para derribar estereotipos y promover una visión más amplia del bienestar emocional de los hombres.
“Hablar de salud mental masculina no significa hablar únicamente de enfermedad. También significa hablar de prevención, de vínculos, de bienestar y de la capacidad de pedir ayuda cuando se necesita”, explica Calvo.
Y añade que “es construir una cultura que promueva la salud integral de hombres y mujeres, y no caiga en imágenes comercialmente más atractivas que ofrecen una visión falsa del hombre como una suerte de guerrero invulnerable”, concluye.
En este contexto, los expertos recomiendan:
· Hablar sobre las emociones y preocupaciones con personas de confianza.
· Mantener vínculos sociales activos con amigos, familiares o comunidades.
· Buscar ayuda profesional ante síntomas persistentes de ansiedad, angustia o depresión.
· Evitar el aislamiento prolongado.
· Hacer actividad física y tener hábitos de sueño saludables.
· Reducir el consumo de alcohol y otras sustancias como mecanismo de afrontamiento.